miércoles, 14 de abril de 2004

¡AL FINAL SOMOS TODOS IGUALES, COMO EN RUSIA!





Acaba de confirmarse mi peor pesadilla.

Recibí un mail contando la siguiente historia. Quiero aclarar que el Sr. Gariboldi lo envió antes de haber posteado yo el artículo de más abajo, y yo lo leí luego de haberlo publicado. Por lo que ambos relatos se desarrollaron paralela y espontáneamente:


.La otra noche tuve que levantarme a eso de las 3 de la madrugada a tomar un vaso de agua, cuando cerraba la puerta de la heladera, con el último destello de la luz que se apaga ví sobre la misma la figura de uno de esos adefesios que vienen dentro de los huevitos KINDER, era una especie de muÑequito con la cabeza en forma de martillo, dos manos y una rueda en lugar de piernas.

.Ya en mi cama, no pude conciliar el sueÑo, ya que lo que me perturbaba era expresión del rostro del muÑequete. Al día siguiente revolví durante horas las cajas de juguetes de mi hijo menor y pude rescatar una treintena de los mencionados adefesios. Cuando los puse todos juntos, ahí tuve la respuesta….

.Podía identificar en cada uno de ellos a personas que conozco, con una increible claridad: la cigueÑa cabezona era mi primera novia, una especie de zanahoria con patas… la panadera de la esquina, el robotito en forma de tuerca…era una amigo de la secundaria, el papagayo que se balanceaba con dos pesas (una verdadera máquina de movimiento casi perpetuo)… mi tia Coca y hasta el muÑequito en forma de martillo caminante….. es el que atiende la boletería 59 en la terminal de micros de Retiro!.

Comparemos la semejanza de esta escalofriante historia con lo que me pasó a mí con el individual de Mac Donalds y llegaremos a la conclusión de que la diferencia entre nosotros y un hormiguero (o un kilo de queso cottage) es puramente ilusoria.


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