martes, 20 de abril de 2004

¡SAQUéMONOS LA CARETA Y BLANQUEEMOS LA IDENTIDAD DE “LA VIEJA MALA”!





La seÑora vive en mi cuadra, tiene pelo blanco, es retacona y mala como la peste. Dice las cosas más espantosas de su prójimo con total soltura. No tengo idea de cómo se llama y por eso, en privado, al referirme a ella la identifico como .la vieja mala. (Por ejemplo, en la frase “Cuando volvía de comprar me encontré con la Vieja Mala”).


Por trágico y doloroso que parezca, ella no está sola. A lo largo de mis treinta y pico aÑos de existencia, decenas de vecinos y comerciantes de mi barrio han sido damnificados por mí al apodarlos de modo denigrante, colorido o descortés a sus espaldas.


Sería sencillo seÑalarme a mí mismo con un dedo acusador y declarar que la causa de este flagelo es una especie de cinismo de mi parte. Pero las causas de mi conducta son más complejas: entre otras cosas, no puedo aprenderme el nombre de todas esas personas; a duras penas me acuerdo del nombre de mis amigos más queridos (y eso porque todas las maÑanas repaso los nombres que figuran en mi agenda con ayuda de una regla mnemotécnica, como adjudicarles un color, o un animal de granja). Por principio, además, considero a todo .vecino. como un potencial ya que no enemigo, por lo menos competidor con intereses expansionistas, tales como dejar su bolsa de basura en mi árbol u ocupar mi lugar de estacionamiento. Su obsesión por la inseguridad, sus malos modales y su pésima música no colaboran a un acercamiento. La codicia o simplemente la anormalidad de los comerciantes de la zona los ha hecho también víctimas de esta problemática.


Por lo tanto, he optado siempre, lo reconozco, por la solución más sencilla: el bautismo a sus espaldas, siempre en un tono que va de lo pintoresco a lo ofensivo. Tras un profundo autoanálisis, he llegado a la conclusión de que debo corregir esta desviación. Aún no estoy listo para confrontarlos y confesarles sus alias, pero puedo empezar por hacer pública mi lista:


El .Yuppie.; la .Gorda psicóloga.; la .Loca.; el .Sr. Sheffield.; los .Monstruos.; el .B###do.; los carniceros el .Tarta., el .Paranoico. y el .Boxeador.; el .Viejito de pelo blanco.; el .Heavy Metal ex convicto.; el .Hermano de Salvador Sammaritano. (también conocido como .El entrerriano.); las .Minas.; el .Bigotudo.; el .Chino loco.; el .Mejicano. (que no lo es); .Susú Pecoraro.; el .Dealer.; los .Nuevos. (que están hace ya como tres aÑos); la .Antipática.; el .Moribundo.; el .Diego Capusotto de la vida real..


A todos (menos a dos o tres) les pido disculpas. Algún día, media hora antes de mudarme, los reuniré en un ámbito con contención psicológica y les confesaré cómo se llamaban sin saberlo. Además, como forma de compensación, fíjense lo que voy a hacer, les daré CINCO PESOS a cada uno. No uno, ni dos pesos, sino cinco; todavía se puede comer un almuerzo decente por cinco pesos (con una jarra de agua de la canilla), o pueden tomar un helado grande y encima les queda cambio. Todo por un perjuicio del cual ni estaban enterados, así que sólo pido exoneración total. Es mi última oferta.


Por último, las estadísticas nos dicen que más del 72 % de la población apoda o es apodada sin saberlo por sus vecinos. No seamos indiferentes a este flagelo.


Esta es una CampaÑa de Bien Público.


Publicado a las 09:01 a.m.


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