Ningún bar o pizzería porteÑos estarían completos sin este siniestro artefacto de la muerte. Creado por la tradicional antipatía argentina hacia el insecto (Tal vez debido a la ascendencia europea de su población), el aparato funciona con un mecanismo realmente perverso: La luz violeta atrae al animal, que se acerca confiado para establecer contacto con ella. ¡Qué fatal sorpresa se llevará cuando la misma fuente de luz torne en ángel de la Muerte gracias a la magia de nuestra vieja amiga la Electricidad, habitualmente utilizada con fines más constructivos! Los estertores y gritos del miserable sirven de sorda música funcional a decenas de apáticos comensales, hasta que su pequeÑo cuerpo pierde conductividad eléctrica y por fin, cae inerte sobre una desprevenida pizza grande de jamón y morrones…
lunes, 26 de abril de 2004
Coso 14: El “Insectocutor”
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