martes, 16 de octubre de 2012

¡“Hoplahuibiiiff”: Un nuevo y original tipo de persona!


Un nuevo aporte del Dto. de Diseño de personas de “Yo contra el mundo”, esta vez utilizando en diversas situaciones a un tipo –“Hoplahuibiiiff”- muy muy muy rata y miserable, con el objeto de inspirar a la Humanidad las virtudes del ahorro.



“Hoplahuibiiiff” va al cine: “Hoplahuibiiiff” tiene ganas de ver una película -que hoy por hoy sigue siendo el programa más accesible- y decide ver “Titanic”, que como es más larga es como que por el mismo precio tenés más película, no, hay que estar en todo, a papá mono con banana verde. Le pide una entrada para menores de 3 años y luego de una larga discusión, acepta a regañadientes pagar una entrada para mayores (él tiene 67), y cuando le dicen el precio se le mueve involuntariamente el cuero cabelludo hacia atrás, en señal de disgusto. Luego lanza un largo silbido y suelta un “Epa, epa, epa”, un “¿Qué rompimos?” y un “¿Qué pasa, es de oro la película?” y se va armando un escándalo, gritando “¡Treinta mangos! ¡Treinta mangos! ¡Como ocho dólares! ¡Treinta mangos! ¡Cómo se nota que en este país están todos podridos en plata!”, y cuando sale se dirige a un mantero para comprar “Titanic” en DVD. Acto seguido se le mueve el cuero cabelludo hacia atrás y lanza un silbido y dice “¿Diez mangos? ¿Por una película trucha? ¿Nos volvimos locos? ¡No se puede vivir! ¡No-se-puede-vivir!” y se va putiando. En su casa, intenta bajarla por internet, pero primero ve la cuenta de la banda ancha y grita “¿Qué pasa, es de oro la banda ancha? ¿Qué rompimos?” y llama a la banda ancha y pide que cancelen todo, y en vez decide ir al chino a comprar aceite marca “Legítimo”, que está en precio.



“Hoplahuibiiiff” viaja a la época de los Grandes Descubrimientos: “Hoplahuibiiiff” se mete en una máquina del tiempo gratuita y aparece en la corte del Rey Don Manuel de Portugal. Éste lo confunde con un descubridor y le ofrece millones de escudos para encarar una expedición que dé la vuelta al mundo, pero no de Este a Oeste sino de Norte a Sur. “Hoplahuibiiiff” dice plin, caja, pero que primero lo deje hacer un presupuesto y patear un poco la calle para ver precios, vos dejame ver porque acá te afanan. Pregunta al primer barco piojoso que encuentra y cuando le dicen cuánto sale, se queda boquiabierto. “Epa, epa, epa. ¿Qué, es de oro el barco?”, pregunta, mientras se le mueve involuntariamente el cuero cabelludo hacia atrás. “¿Pará, y entonces esto cuánto sale? ¿Mil?” le pregunta a un vendedor de soga que hay en la calle (porque él sabe que en el mar se necesita mucho soga). “Un escudo el metro”, le dicen, y “Hoplahuibiiiff” hace una sonrisita socarrona, como diciendo “Sí, un escudo el metro en Londres, no acá, ahora resulta que soy boludo, me querés cobrar en euros”. Así que patea la calle un poco y encuentra un lugar donde venden a treinta centavos de escudo el metro de soga. Entonces compra dos metros y se los lleva al Rey, y le explica que el proyecto es inviable, pero que le trajo soga.



“Hoplahuibiiiff” se sube al colectivo: “Uno de setenta centavos”, dice “Hoplahuibiiiff”. “No, sale uno veinticinco”, dice el colectivero. “Hoplahuibiiiff” hace una sonrisita socarrona: “Qué te creés, que vengo con euros”, dale, a papá mono con banana verde, dame de setenta, a la platita hay que cuidarla”. La discusión sube de intensidad y el colectivero lo caga a trompadas a “Hoplahuibiiiff”. Éste decide ir al un hospital público, donde le piden un bono contribución de cinco pesos y se va escandalizado, lanzando siblidos de sorpresa, con el cuero cabelludo moviéndosele involuntariamente para atrás y gritando “total con un poco de bosta de perro se te desinflama todo, nada que hacerle, los remedios caseros son los mejores, qué sabias que eran nuestras abuelas”. Y se pone a andar en cuatro patas, buscando bosta de perro.



“Hoplahuibiiiff” sale con una mina: “Hoplahuibiiiff”, después de hacer un presupuesto, ver cuánta plata tiene en su cuenta bancaria y pensarlo bien bien bien bien a ver si le dan los números, invita a la mujer de su Vida a ver una muestra teatral gratuita en un centro cultural barrial. Le propone encontrarse en la puerta, “así no gastamos el doble en el colectivo al pepe”; y al terminar la muestra le dice “vámonos rápido que ahora te empiezan a manguear, a papá mono con banana verde, estos se hacen los vocacionales pero se ve que hoy por hoy nadie hace nada gratis, no, hoy por hoy hay que andar con mucho ojo hoy por hoy”. Luego se juega y le dice que por esta vez la invita a tomar una cerveza Quilmes, pero primero le propone patear un poco para ver precios y elaborar un presupuesto. Y se detiene en la puerta de distintos bares y pregunta cuánto sale la botella de Quilmes cristal. Y va anotando, y por fin le dice “Vamos a ese que fuimos cinco cuadras atrás que me parece que estaba en buen precio, no, esto es la ley del gallinero, hay que andar con un ojo terrible”, y vuelven al lugar y cuando se sienta empieza a mirar el menú con el ceño fruncido, lanza un silbido, se le mueve el cuero cabelludo para atrás y pregunta si tienen cara de turistas holandeses y finalmente dice “sabés, me parece que igual no da para cerveza Quilmes, yo sed no tengo, aparte mañana me tengo que levantar temprano, y esta cerveza es un ve-ne-no” y agarra y pide un aceite marca “Legítimo”. “Lo podemos untar con un poco de pan, queda bien, es una de esas recetas de las abuelas españolas, qué sabias eran nuestras abuelas, no hay con qué darle”. Y saca del bolsillo un par de panes que le quedaron del otro día. Y la mira con ojos llenos de ternura y arrobamiento.



“Hoplahuibiiiff”, perro: En este universo paralelo, “Hoplahuibiiiff” es un perro, que sigue fielmente a su dueño. Plata no tiene, pero tiene su fidelidad de perro. Y el dueño, que es un linyera, le dice “Yo no tengo techo, no tengo plata, no tengo a nada en el mundo, pero tengo a ‘Hoplahuibiiiff’, mi mejor amigo”, y le propone viajar alrededor del mundo, ya que nada los ata. Y “Hoplahuibiiiff” lo mira como diciendo “A papá mono con banana verde”, y ladra un silbido de perro y unos ladridos que significan “Qué, es de oro ser el perro de un linyera” y unos gruñidos que se traducen como “Epa, epa, epa”, y haciendo un movimiento con la cabeza le da a entender que vaya, que vaya y se divierta, que él se queda, no, aca te afanan, a la fidelidadcita hay que cuidarla. Y el linyera le dice “Está bien, me voy, sabiendo que vas a esperarme, como un buen y fiel perro” y “Hoplahuibiiiff” asiente, sí, sí, andá, quedate tranquilo y en cuanto el linyera da vuelta la esquina “Hoplahuibiiiff” se va a la mierda, porque hoy por hoy la fidelidad te la afanan.



“Hoplahuibiiiff” va a comprar papas: “Hoplahuibiiiff” va decidido a que esta vez no lo caguen, porque viste cómo es acá, acá si no cuidás la platita terminás debajo de un puente. Y pregunta cuanto sale un kilo de papas. Y le dicen cuatro. Y lanza un silbido, dice epa epa epa, pregunta si rompió algo, si las papas son de oro, si le están cobrando en euros, y le pregunta cuándo aumentó (como si saber cuándo aumentó le sirviese para generar algún tipo de estadística), y al final se rinde y dice “Buéh”. Entonces pregunta cuánto sale medio kilo. Y le dicen dos y medio. Y “Hoplahuibiiiff” medio que se enoja: “¡Cómo! ¡Si el kilo sale cuatro!” Y el verdulero le dice que es así, y él dice que le da miedo preguntar cuánto sale un cuarto, porque “capaz que me sale hasta más caro”. Irónicamente lo dice. Y después pregunta cuánto sale una papa sola, no muy grande, y el verdulero la pesa y le dice “uno setenta y cinco”. Entonces “Hoplahuibiiiff” empieza a preguntar cuánto salen distintas cosas de la verdulería, a ver cuál sale más barata de todas y así comprar esa. Cada tanto, al toparse con algún producto más caro tipo palta dice “¡Qué!” y hace una sonrisa socarrona mientras mueve la cabeza. Finalmente compra lechuga criolla, porque sale dos el kilo, y cuando está por pagar se arrepiente y se va diciendo muy indignado “no, dejá, ¿eh?, dejá, que millonario no soy, ¿eh? Muy lindo lo caro que tenés todo, qué lindo es vivir en este país, ¿eh?, qúe bárbaro” y se va al lado y compra una botella de aceite marca “Legítimo”.



“Hoplahuibiiiff” hace una instalación artística en el Centro Cultural Recoleta: Se inaugura la muestra de “Hoplahuibiiiff”. En la vernissage sirven agua de la canilla y copitas de aceite “Legítimo”, y sobrecitos de mayonesa que “Hoplahuibiiiff” fue rescatando de diversas comidas en bares. La muestra consiste en cosas gratis que encontró en la calle, o que le regalaron, o que rescató de algún lugar, puestas de manera artística. Finalmente, una de las instalaciones se cae encima de un tipo y lo mata, porque “Hoplahuibiiiff” no le quiso poner plasticola –qué te creés, que la regalan la plasticola, o que se encuentra tirada en la calle o que se rescata- y va a la cárcel, porque tampoco pagó el seguro contra accidentes, y en la cárcel consigue un puestito muy piola de putita lavatáper del poronga, que está bueno porque te ahorrás contribuir con el fondo común y cada tanto ligás una tarjeta telefónica gratis, no, dentro de todo está piola, está piola el puestito, ¿eh?



“Hoplahuibiiiff”, Emperador del Mundo: “Hoplahuibiiiff”, Supremo Emperador del Planeta Todo, está en su departamentito de Parque Patricios, porque el Megapalacio en la Montaña pagaba un montón de expensas, haciendo un presupuesto para el nuevo año fiscal. Lo tiene que hacer él porque viste cómo son los acólitos, en cuanto te descuidás te afanan, no, a papá mono con banana verde, entonces le hablan por skype –que es más barato que el celular, aparte para qué querés celular si estás todo el día en tu Departamentito Imperial- y le dicen “Supremo Emperador del Planeta Todo, unos rebeldes van a su Departamentito a derrocarlo”. “¡Envíen a la Guardia Imperial!”, grita, golpeando su mesa plegable de fórmica marmolada. Y le dicen que ya van, lo que pasa es que los tiene a todos en un PH de Villa Pueyrredón y van a tardar un poco, aparte viajan en colectivo (desde que el Supremo Emperador bajó los gastos de tanques lanzagranadas venenosas). “Hoplahuibiiiff” pregunta cuánto sale el colectivo desde allá, para anotarlo en su cuadernito de gastos. “Uno veinticinco”. “¿Pero no salía setenta centavos?”, pregunta medio con desconfianza. “No, no, uno veinticino”. “¿Seguro?” “Seguro”. “La última vez me parece que el mínimo me salió setenta”. “No, Su Suprema Ahorratividad, sale uno veinticinco, en serio, después le mando una fotocopia del boleto”, dice el tipo, con cierta resignación en la voz. Y “Hoplahuibiiiff” suspira y dice “Será”, y se pone a hacer cuentas para ver cómo compensar este gasto extra inesperado, así que tacha el guiso de pollo con arroz programado para el Almuerzo Imperial del viernes y anota “Fideos secos con salsa”, y dándose golpecitos con la birome en la frente piensa “Ah, y me tengo que acordar de comprar aceite marca ‘Legítimo’”, y en eso los rebeldes derriban la puerta de pino paraná y lo degüellan.


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