21 de octubre, Los Ángeles
Siempre supe que mis 32 años recién cumplidos (aunque una que otra nota de Wikipedia confunda mi fecha de nacimiento, vieron cómo es Wikipedia) me encontrarían en la cima del mundo; y como dificulto que el camino a la cima del mundo se a través de un blogcito en un sitecito de internetcito, heme al fin en la Tierra donde los Sueños se hacen Realidad, el País de la Fantasía, la Meca de los Sueños Rotos: ¡Hollywood!
¡Sólo hace falta un sueño por cumplir, talento, una voluntad de hierro y agallas suficientes para aplastar como una cucaracha a quien ose interrumpirse en mi camino! Esto para ustedes que siguen clavados ahí en el call center donde se marchitan actualmente. En cuanto a mí, tres de cuatro no está malo. Porque el único detalle que me faltó luego de vender todas mis y anunciarle a mis seres queridos que en cuanto triunfara los mandaría a buscar fue la parte esa del sueño. Faltó. Me di cuenta cuando Kathlyn, mi agente en L.A. me dijo que ya me había concertado una entrevista con Steven, y me dije “Ah-ah-ah-ah, pero lo que es el ‘proyecto proyecto proyecto’ en sí, hoy no vino a trabajar”. Afortunadamente, hombre de recursos como soy, bastó una noche de avión para escribir el guión de “Yo contra el Mundo: El Movie”. Bah, la sinopsis. Bah, el boceto de la sinopsis. Bueno, tampoco la escribí, pero tengo más o menos la idea en la cabeza, y calculo que cuando llegue la hora de la entrevista voy a tener más claro de qué se trata.
Me pongo en sintonía con esta tierra de vicio y degradación con un Bourbon en el bar del aeropuerto de L.A., mientras esperao mi transporte. Parece que tiene alcohol. El Bourbon. No ayuda. Afortunadamente a los pocos minutos de mi temporaria ubicación en el piso, llega Bernardo, el chofer de mi limusina, portando un cartel que decía “ESTEVAN PODTIS”, o sea yo, y me aplica una maniobra Heimlich, que en realidad es para el atragantamiento pero me ayuda a degolver. Fresco como una lechuga si descontamos el Jet Lag, la ardua noche en vela pensando la idea y los naturales nervios de estar en una ciudad desconocida e inhóspita y habiéndome cerrado todas las puertas en mi tierra natal, me acomodo en el asiento de atrás y le digo a Bernardo: “Let’s go to the Hotel, my friend”.
“Yes, Señor, I pienso que todavía it’s not the hour of the check-in, so nosotros can do some vueltas antes”. Le pregunto a qué hora sería eso. “The martes”, me contesta mi nuevo amigo. Por lo que lo de las vueltas me parece una excelente idea.
El Muelle de Santa Mónica, donde aparentemente ocurre una escena de Forrest Gump –la gente no se cansa de repetírmelo- es prácticamente una pequeña ciudad en sí mismo. Cuenta con una serie de comederos con mucho camarón (un restaurante hace homenaje a Forrest y el malogrado Bubba), músicos trashumantes, un pequeño parque de diversiones y el majestuoso panorama del Pacífico. Despejado por los aires marinos, me siento presa de cierta melancolía malsana, al punto de preguntarme si mi decisión (la de gastarme toda la plata en un viaje a Hollywood sin tener mucha idea de lo que quería hacer) es la correcta. Mientras Bernardo me acompaña en silencio, masticando un algodón de azúcar y un cucurucho de langostinos en jalapeño, me voy hundiendo en la oscuridad de la Duda y el Temor, meditando si no tendré aún la oportunidad de llamar a mi familia y decirles que “era todo una joda, estoy en Colonia, mañana vuelvo”.
Entonces, como ocurre siempre que estamos a un paso de la desesperación, pero a un paso del lado de adentro, aparece el hombre sabio que nos muestra el camino a seguir: Se trata de Zoltar, the Great Gypsy, que por la exigua cifra de one dólar, me dice estas reveladoras palabras: “Dream as you’d live for ever, live as you’d die today”; un consejo especialmente sabio en una ciudad apta para morir en un día si consumimos todo lo que tiene para ofrecernos, empezando por los langostinos en jalapeño. A continuación, sin embargo, me imprime el siguiente mensaje:
¡“You’l be surprised at what you will accomplish”! ¡Tomo nota, Zoltar! ¡No me rendiré hasta alcanzar mis sueños –que no sé bien cuáles son- o arder en el intento! ¡”The great person with vigor would demand the rightness of things” ¡Vos sí la tenés clara, Zoltar! ¡Y esos numeros cabalísticos que pusiste al final y que no sé para qué servirán serán mi guía a lo largo de este camino lleno de sinuosidades, trampas, puñaladas por la espalda, espejismos y tentaciones malsanas! Acto seguido, ante el ofrecimiento de unos langostinos en jalapeño por parte de bernardo, degüelvo un poco más. Pero es una degolución liberadora, feliz, pletórica, beige.
miércoles, 31 de octubre de 2012
¡El País Submarino Internazionälly: El bloguero más loco del mundo suelto en Hollywood!
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