Lección 18: Los límites del Humorismo
¿Debe tener límites el humor? Esta pregunta ha sido formulada infinidad de veces, y su respuesta sigue siendo ambigua. Habrá quien dice que no; hay quien dice que sí. Y, por supuesto, hay quien dice que a veces sí y a veces no. Como vemos, las respuestas son casi infinitas: como tres.
La ausencia total de límites tiene sus ventajas. Una de ellas es que probablemente nunca te agarre una úlcera. La desventaja es que antes de que te agarre una úlcera tal vez te toque ser empalado por una turba enfurecida, o ser condenado al ostracismo por toda tu familia o ser enviado a vivir bajo un puente debido aun juicio multimillonario. Y todo por no aguantarte un inocente chiste sobre pedofilia o coprofagia (o ambas cosas combinadas), o por no reprimirte el involucrar a la Tía Aflicciones –de 85 años de edad- en uno de ellos, o por soltarlo en un ámbito inapropiado (por ejemplo, en el responso de la Tía Aflicciones, frente a ochenta personas. Era muy querida la Tía Aflicciones).
La ventaja de los límites puede aplicarse a todas las creaciones humanas. Es útil tener un marco y una que otra regla donde trabajar. El escritor de sitcoms sabe que ninguna escena debe superar los tres minutos o su ansioso público corre el riesgo de dormirse; el guitarrista sabe que el instrumento debe tener seis cuerdas, porque si tuviera cuatro sería un “banjo grande”; el pintor de caballete sabe que el lienzo debe apoyarse sobre un caballete, porque si lo apoya en el piso le terminará doliendo la espalda (y aparte ya no sería pintor de caballete); y el rapero sabe que si en mitad de su improvisación se pone a decir “eeehhh… y… y… entonces, ehhhhh… esteeee…”, o a hablar por teléfono o a toser con gargajo, resultará un fracaso.
En resumen, no necesariamente los límites son una prisión, sino un instrumento para lograr una mejor comunicación con el público, o aunque sea para que la obra pueda considerarse terminada (lo que nos permitirá echarnos una siesta sin culpa).
En el caso del humorista, para evitar ser linchados debemos tener en cuenta varios factores:
1) El Tiempo: Se considera que puede hacerse un chiste sobre una desgracia pasada cierta cantidad de tiempo, que puede variar según algunas particularidades. Recién en los noventa los chistes sobre el Holocausto empezaron a ser aceptados por el común. En cambio, los chistes sobre que a Neustadt se le vio un güevo en la playa fueron instantáneos. Esto se debe a un segundo factor:
2) La Magnitud de la Desgracia: Obviamente, hacer un chiste sobre un genocidio o un terremoto donde han muerto miles y miles de personas no tiene el mismo peso que hacer un chiste sobre que Macri se tragó el bigote postizo, o el tropezón de la princesa Máxima.
3) La Distancia: Así como existe una “amnistía humorística” para chistes sobre sucesos alejados en el tiempo, también existe una tolerancia geográfica. Hacer un chiste sobre algo horrible que ocurre en Mongolia no es tan chocante como hacerlo sobre algo que pasó aquí a la vuelta. En este caso interviene una mezcla de cobardía y comodidad: Si hacemos una broma sobre la madre atropellada del carnicero, el tipo puede venir a presentar sus quejas, y no olvidemos que trabaja con instrumentos cortantes. En cambio es más improbable que nuestra humorada le llegue a un mongol. Sin embargo la globalización e Internet y las maquinolas no nos garantizan discreción, por lo que hay que tener en cuenta otro factor:
4) El Contexto Espacial: Una cosa es bromear sobre una sangrienta masacre en una pequeña reunión de amigos, que hacerlo durante una emisión televisiva frente a millones de amables teleespectadores. Claro que la célebre globalización hace difícil calcular las fronteras de la intimidad: Incluso un inocente chiste emitido en un inocente blog puede llegar al corazón mismo de –ponele- Mongolia si se le da el suficiente tiempo y empuje, y entonces agarrate porque viste lo que son los mongoles (Gengis Khan, etc.). Y nunca falta el que te dice: “Che, pará, no jodás con eso, mi viejo vive en Tasmania”. Claro, en la Era del jet uno no se puede confiar.
5) El Contexto Histórico: Por fin, vivimos en una época en la que la Tolerancia al llamado “Mal Gusto” se ha amplificado a niveles imposibles. La revista “Barcelona” no hubiera sobrevivido ni media quincena veinte años atrás, incluso en plena democracia. Esto tiene sus ventajas y desventajas, como todo –salvo la hamaca paraguaya, que sólo tiene ventajas. Ventajas: Una menor probabilidad de que te linchen si hacés chistes sobre cáncer o Julio López. Desventajas: La famosa insensibilización, que reduce el valor humorístico de un chiste de mal gusto. Hoy no se puede confiar en que nuestro chiste tenga efecto simplemente por su bestialidad, porque la bestialidad está muy extendida. Resulta que ahora, además de ser bestial, el chiste tiene que ser bueno. Y, otro palo en la rueda, así no se puede trabajar, etc.
El problema con todos estos factores es que, si bien todos los tenemos en cuenta más o menos conscientemente, no estamos muy seguros de qué hacer con ellos. Porque no hay un instructivo, una tabla, un cronograma. ¿Será muy pronto para hacer un chiste sobre determinada muerte que ha ocurrido en Madrid, en el “Happy Hour” de la oficina? ¿Lo hago en dos meses? ¿Y si me ganan de mano? ¿Y ya puedo hacer un chiste sobre el terremoto de Chile, o será mejor no hacerlo justo justo justo en esta cena de Víctimas Chilenas del terremoto? Esa señora se parece a uno de los de “¡Viven!”. ¿Hago un chiste sobre canibalismo o será la hermana del tipo? Ya pasó un montón. Pero por otro lado estoy en Uruguay, ¿y si mejor lo hago cuando vuelva?
Debería crearse una tabla u organigrama donde estén especificados estos factores, que sirviera para ser consultado en caso de duda o conflicto. En elfigurarían tiempo, distancia, magnitud, contexto espacial y contexto histórico. Vos te fijás y listo, el chiste está dentro de los límites adecuados, y por ejemplo te sale: “Chiste sobre una masacre de 4.000 personas, a 25.000 kilómetros, que ocurrió hace 6 años, dicho en una reunión familiar en el año 2011, está correcto.” Porque fue bastante lejos y lo decís en tu casa. Y por ahí te sale, “Chiste sobre una masacre de 20 personas, ocurrida a 10.000 km. ocurrida antiyer en tu blog en el año 2011, no se puede”. El hecho decisivo, en este caso, tal vez sea que ocurrió antiyer. Aquí, por ejemplo, tenemos un caso extremo: “Chiste sobre masacre de 12.000.000 personas, ocurrida a 10 cuadras, hace 2 horas, en Cadena nacional y en el año 1954, y, no, no, no. No se puede, me parece que está claro que no se puede.”
Dicho esto, empiezo a estudiar la tabla porque tengo para un montón de chistes en la punta de la lengua sobre el Karate Kid.
sábado, 20 de octubre de 2012
¡Clínicas de Humorismo: Lección 18!
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