LA OTRA VEZ (Nota: Seguir buscando mejores formas de empezar un párrafo que la frase “La otra vez”) AGARRÉ (Nota 2: Tampoco poner “agarré”, por lo menos tan al principio. Queda mersa) Y ME LEÍ EL LIBRO DEL CARAJO “MIENTRAS AGONIZO”, DEL GRAN WILLIAM FAULKNER (Nota 3: Del que a este paso cada vez estoy más lejos). TRATA DE UNA familia de granjeros sureños muy pobres y brutos, que deben transportar el cadáver de la madre desde su pueblo, para enterrarlo en su pueblo natal.
En el medio se les rompe la carreta, se caen en un río, a uno se le rompe la pierna y se la arreglan con cemento, fijate los brutos que son, otro tiene un ataque de piromanía y lo internan, en fin, les pasan las mil y una, pobres granjeros.
Ahora bien, como yo ando por la vida con la sospecha de que me estoy perdiendo de algo o que no estoy entendiendo algo, en algún momento, medio que en la parte del medio para adelante, se me ocurrió pensar que lo que ocurría en el relato no era exactamente lo que ocurría en el relato; y que todas estas cosas eran una metáfora. Viste lo jodidos que son los escritores. Escriben una cosa pero quieren decir otra. La metáfora era, justamente, la metáfora de la agonía. Como que todo lo que pasaba a lo largo del transporte del cadáver, durante el cual los personajes se iban degradando y quedando cada vez más maltrechos, simbolizaba la agonía misma del grupo familiar y de cada uno como individuo. Como que la madre ya había agonizado y se había muerto y después les tocaba una segunda agonía, la de ellos, y con ellos, la agonía del Universo (bueno, esto último medio forzado, pero siempre me parece que queda bien que las metáforas terminen en el Universo).
Y después me sentí culpable.
O sea, este grupo de pobres diablos la fueron pasando para el culo durante queseyó cuántas páginas, y en lugar de compadecerme o aunque sea identificarme con ellos, los reduje a que eran una metáfora. Está bastante claro que una metáfora no es una persona, incluso está claro que es peor ser una metáfora que ser una persona. Como que estás un poco más abajo en el escalafón de cosas. Viene así: Personas, animales, plantas, metáforas. Y pensé en cuán dolidos se sentirían los Bundren (la familia del libro) si se enteraran de que eran, ya no personajes ficticios (cosa que pasa todo el tiempo), sino una metáfora.
Y ahí me agarró el pánico de “uhhh, mirá si eso me pasa a mí”; ¡Mirá si no soy una persona si no una metáfora! Y como ando en uno de esos períodos en que por dos pasos retrocedés tres, que te cuesta pasar al otro tema, dar vuelta la hoja, como que no arrancás, pensé que yo podía ser la metáfora de algo que no arranca. Por ejemplo, la metáfora de un auto con el burro de arranque roto. Que es peor, porque ya ni siquiera sos la metáfora de un concepto o suceso histórico, sino de un objeto. Es como el nivel cero de metaforismo. En el mundo de las metáforas, a las que recién están empezando las mandan ser metáforas de cosas así: la metáfora de una licuadora, de un lápiz mecánico, de un buzón.
Y ahí viene el tema de que se me rompió el lavarropas. Justamente, el automático no anda, me voy a tener que comprar uno nuevo, en fin, un bajón, otro día te cuento. Y me dije “¡Mirá, Esteban, si sos la metáfora del lavarropas!” Y me dije “¡Qué feo ser la metáfora de un electrodoméstico y encima vivir con esa cosa, y vos toda la vida creído de que eras superior a la cosa y resulta que no, que estás en una posición de inferioridad porque sos la metáfora de la cosa esa!”.
Y ahí pensé que se podría hacer una película donde todo el mundo vive con una metáfora de sí mismo, por ejemplo un ávido usurero que vive con un niño glotón que no para de comer, o una señora muy orgullosa, incapaz de aceptar ayuda, que vive con una adolescente con diarrea. Cada quién tiene su metáfora y es como que ya se sabe cuál es cuál, aunque hay casos donde está medio en duda. Y capaz que aparece un asesino serial de metáforas, y medio que no es ilegal –aunque hay varios proyectos de ley sobre el tema en danza- porque las metáforas no son personas, pero mucha gente se queja y hace la denuncia igual (“¡Y ahora de dónde saco yo otra metáfora, con lo que salen!”); entonces ponen aun detective que es un tipo muy solitario y misántropo, que vive con una metáfora que es un anciano autista, y en un momento el tipo descubre que en realidad la metáfora es él y le agarra como una crisis y quiere escapar, en fin, hay que pulirla un poquito. Sería una película medio retorcida, medio pretenciosa, se la podría vender al tipo que hizo la película esa de John Malkovich, en fin, también hay que pulir un poquito la estrategia de venta.
Y después me puse a pensar en las cosas que me podría comprar si vendiera la película. Obviamente empezaría por un lavarropas. Aunque me vendría bárbaro unas vacaciones en Brasil, pero me puede salir bastante saladito con el tema de los niños, aunque por una película hoy por hoy unas cuarenta lucas se pueden sacar. Y después pensé que ando un poco disperso y tal vez tenga que ver con que
esas son las cosas que pienso mientras manejo. Todavía no entiendo cómo no tengo accidentes más seguido.
¿Qué tal el fin de semana largo? ¿Todo bien?
miércoles, 24 de noviembre de 2010
¡Macabra reflexión sobre metáforas de la agonía!
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