jueves, 18 de noviembre de 2010

¡Bloguero se ampara más o menos en la Ley!


Bueno, hoy me di uno de esos gustos que pensé que nunca me iba a dar en la vida: Me amparé en la Ley.



Básicamente, entré a un bar con intenciones sanitarias; y cuando pregunté dónde estaba el baño el tremendo ortiba del mozo me dice “mirá que es sólo para clientes, eh”, a lo cual rápido como el rayo y recordando la “Ley Ibarra” –esa que autoriza a los peatones el uso de los baños de los bares- le espeté: “Pero mirá que POR LEY se puede, ¿eh? Puedo usarlo POR LEY, es POR LEY. POR LEY”.



Ante la mención de la palabra “POR LEY”, las fuerzas del ortibismo retrocedieron estrepitosamente y me dejaron pasar con servil actitud, claro señor, adelante señor, por supuesto señor y faltó poco para que no me ofrecieran sostenerme el coso (pará, acá me excedí, ¿no? ¿Esto sigue siendo un blog famliliar? Sigo en Clarín, ¿no? Pará. ¿Me excedí? Tampoco dije ninguna mala palabra); y mientras liberaba mis cisternas, los ojos se me enllenaban de lágrimas de la emoción (y también por ese efecto físico de liberación de cisternas, claro) ante el Imperio de la Ley; ¡Soy un Ciudadano, viviendo en un Estado de Derecho, al amparo de la Constitución! ¡Lejos quedaron los tiempos de la ley del más fuerte, las oscuras tinieblas del Medioevo, donde el Señor podía expropiar al campesinado, ejercer el derecho de Pernada e impedir que los peregrinos usaran las letrinas de las tabernas! Y el chorro expulsado parecíame más transparente y límpido, erigiéndose en simbólico Manantial de Justicia y Libertad; El Chorro de la Ley.



Y más gratificante aún teniendo en cuenta que ni siquiera estoy seguro de que la ley esa siga vexistiendo si la sacó macri o exactamente cuáles son sus artículos o enmiendas o qué putas mierdas pasa. Eso es secundario. Lo que importa es el concepto de las cosas POR LEY; especialmente aquellas cosas que deberíamos poder realizar y que se encuentran en un limbo de reglas auto-declaradas, en nombre de intereses ajenos. E insto a todos mis conciudadanos a invocar estas leyes, ficticias o concretas pero sin duda justas, al grito de “POR LEY SE PUEDE”.



Y por Ley leernos de cabo a rabo un libro en la librería, sin sufrir la prohibición y el escándalo de vendedores recelosos, y por Ley entrar al cine con sánguches de lengua a la vinagreta, y por Ley picotear un tomatito cherry en la verdulería, y por Ley estacionar en el garaje que merced a la Magia del “Pica Pica Bajada de Cordón” ha logrado apropiarse de un segmento de vereda, ¡un pedazo de nuestra Patria!, y por Ley llevar nuestros propios cubiertos al restaurante para luego negarnos pagar ese turbio impuesto llamado justamente “cubierto”, y por Ley que sea un derecho inalienable mirar Youtube en el trabajo y sentarnos en el capot de cualquier auto estacionado y poder entrar al chino de la vuelta con el torso desnudo y al supermercado con un bolso lleno de cosas y por Ley que si en la caja del supermercado tardan más de diez minutos en cobrarte te podés ir con todo gratis, y por Ley que se fíe hoy, mañana no, y por Ley que se acepten devoluciones y que los cambios no sean sólo los sábados a la mañana y con factura y por Ley que cuando comprás un DVD trucho te den otro “por las dudas” de que el otro no ande, y ya sé que esto es medio difícil que te lo den por ley porque involucra algo que es casi casi ilegal, no quiero decir ilegal del todo porque no hay que ser tan cerrado e intolerante, y por Ley poder dormirse una siestita en una colchonería y que si te pasás de parada te devuelvan el 50 % del boleto y por Ley que si uno tacha (con birome roja) las líneas de los “cheques cruzados”, estos automáticamente dejen de estar cruzados, y por Ley que las biromes sean de uso público y gratuito, que no exista “propiedad privada de biromes”, y así.



Estoy seguro de que pronunciada la palabra “POR LEY”, la mitad de nuestros contrincantes le cederán el paso a la racionalidad representada por nuestras “Cuasi-leyes”. Y si no, pensá que total el “No” ya lo tenés.


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