Una imperdonable filtración ha motivado que Wikileaks publicara los “archivos secretos” de “Yo contra el Mundo”, revelando los informes que mi gente actualiza a diario sobre los comentaristas (y también sobre algunos lectores a secas, monitoreados mediante una máquina).
El escándalo ha motivado que despidiera a la mitad de mi personal (absorbiendo su salario en el mío, para retribuir todo el trabajo que me llevó despedirlos); los problemas diplomáticos que esto puede traerme a futuro son impredecibles e irremontables. Le he pedido al Centro de Atención al Cliente del blog que se encargue de recibir las protestas y que genere lo antes posible una papelera de reciclaje donde colocarlas, como compensación a esta tremenda gaffe.
Algunos de los informes mencionan a cierto comentarista como “un nazi recalcitrante, con un pasado turbio y vinculaciones con la Colonia Dignidad de Chile, además de presidir en secreto reuniones de la Juventud Neohitleriana Argentina. Todo esto”, asevera el informe, “tiene raíces en sus problemas personales y una clara inseguridad sexual.” (Nota: Los nombres de los comentaristas mencionados han sido suprimidos para proteger su identidad. Y mi integridad física).
En otro se dice de determinado comentarista que “se trata de un stalinista trasnochado, desengañado por la complicidad del Partido Comunista durante el Proceso, por lo que se habría volcado al trotskismo por despecho y adoptado cierta actitud ambigua respecto de su pasado. No se descarta algún tipo de participación en el ERP y Montoneros, pero cinco años después de que estas organizaciones desaparecieran, ni una clara inseguridad sexual.” Se menciona claramente a otro comentarista como “un operador del CEMA, pagado por altos referentes de la patria financiera argentina y los ‘buitres’ de Wall Street, siempre dispuesto a aprovechar el menor temblor económico para generar rumores con el objetivo de lograr un Golpe de Mercado, y además con una gran inseguridad sexual”.
Como los informes aún no han salido a la luz –en realidad todavía no cerramos contrato con Wikileaks, estamos estudiando su última oferta- y para mantener las buenas relaciones con el comentariazgo, preferimos no revelar el resto de los informes. Porque si mencionamos el informe sobre cierto comentarista a quien se considera “un agente encubierto del Opus Dei, dueño de una tremenda inseguridad sexual, pagado por el Oro del Vaticano para influir en la política de Educación Sexual argentina y establecer nuevamente al Santo Oficio”, capaz que se arma el tole-tole. O si revelamos que el comentarista tal “no es más que un bloguero ‘K’ de gran inseguridad sexual a sueldo de Aníbal Fernández y de la Cámpora, que se dedica a intervenir en páginas ajenas con el sueldo que les pagamos todos, ¡Caradura! ¡Caradura! ¡Devolvé la plata!”. Ni hablar si mencionamos el informe sobre el comentarista que “cree ser re groso pero es un pichi muy inseguro sexualmente. Es un loquito inofensivo”, o aquel otro que “es tonto” o aquella que “es como medio una de esas putitas virtuales”, o que ése “sería un agente de la SIDE, o tal vez un boludo”, o que aquella “no sabemos si es o se hace” o que aquel otro “no se le entiede ni jota de lo que dice” o ese que “este no sé por qué pero me cae mal, le voy a poner unas cuántas faltas de ortografía en el comentario así queda como un analfabeto”, o aquel que “Me hace acordar a Forrest Gump, y por más de una razón” o que “Vi la foto de su perfil de Facebook, mamita, hay que ser valiente, a esta una vez al mes le debe venir la ‘monstruación’”, o que determinado participante “se nota que le gusta mucho pero mucho la leche de hombre” o que “no sé de qué se las da” o que “tiene un olor a cornudo que se cae” o “éste ya sé quién es, es un alcahuete del Tío que me está testeando, ja, ja, jaaaa, no, si yo me las sé todas, no caigo, querido, abur” o que “uffff, psicópata total la loca de mierda esta, mejor correrla para el lado que dispara, bah, como a todos”, o que “éste no pega una, pobre” o que “Uhhh, todos los días comenta éste, qué pasa, no tiene vida, uf, bueno, vamos a ver si puedo aprovechar esta ansiedad para sacarle algo”, o que “pará, a este lo saco, ¡claro! Este es Luis Majul encubierto, te das cuenta, qué fácil que es sacarles la ficha”.
Por lo que de momento hemos decidido mejor no difundir estos informes, para no provocar malestar.
martes, 30 de noviembre de 2010
¡Escándalo de Wikileaks salpica a YCEM!
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