lunes, 10 de mayo de 2010

¡Explican el .Efecto Ouzo.!





Kiriatos.gifEscribe Kiriatos

Fiel Asistente griego

elouzorulea@ubbi.com


Kalimera! Me dice el Patrón que está .ocupado. y que .tiene que hacer unas cosas. y unos .llamados telefónicos. y que .no puedo perder el tiempo atendiendo a los cuatro gatos locos que todavía leen el blog, cómo se nota que no evolucionan en la vida, en fin, cosas más tristes han pasado, bueno, igual vos discreción que en el Taller de Demagogia me dijeron que trate de no andar pensando estas cosas en voz alta., así que me pidió, con su don de gentes habitual .vos que sos grequeta escribite algo sobre la crisis en Grecia, algo rápido, dale, si la hacés con la poronga, ni siquiera tenés que investigar o leer el diario, hacé una nota de opinión que es fácil, algo como íntimo, algo que se te ocurrió mientras tocabas una melodía en tu santuri, que a la gente le gusta el pintoresquismo.. Y acá estoy.


Así que, mientras tocaba una melodía en mi santuri, me puse a reflexionar sobre el reciente .Efecto Ouzo. que desgarra actualmente mi Patria Natal. ¡Y sentí tristeza, tristeza y nostalgia de los tiempos idos, tiempos felices donde nuestra raza estaba unida y hermanada con un único objetivo: apuÑalar turcos!


Y luego reflexioné: ¿Por qué los hombres seguimos riÑendo y contaminando nuestra alma por cuatro sucios dracmas? ¡El día en que sepamos que con una copa de ouzo, una muchacha regordeta, un santuri bien templado para acompaÑar nuestras melodías, el Sol poniéndose sobre el Egeo y un churrasco de pez espada en las brasas -y tal vez una motoneta- ya tenemos todas nuestras necesidades satisfechas, seremos verdaderamente felices!


Pero, como en todas las situaciones de la vida, es en las enseÑanzas del Viejo Karayannis donde encontramos la respuesta a estos interrogantes. En este caso he elegido la Parábola del Malvado Prestamista Ateniense:


Cuentan que una espantosa hambruna, la Hambruna de la Aceituna, azotó la aldea del Viejo Karayannis, provocando la muerte de unidades y unidades de aldeanos, hasta diezmar la mitad de la población (como 23); ocurrió entonces que el alcalde de la aldea decidió pedirle algunos dracmas prestados a un Malvado Prestamista Ateniense para paliar el flagelo y comprar 200 aceitunas a un aldea vecina, gracias a la cual los aldeanos sobrevivientes podrían llegar más o menos vivos hasta el verano siguiente.


Allegóse entonces el Malvado Prestamista Ateniense que, lleno de arrogancia y desprecio como todos los habitantes de dicha Metrópoli (son conocidos como los .porteÑos del mundo helénico.), depositó en la barra de la taberna del pueblo un maletín con los 14 dracmas necesarios para la operación, aclarando que de los 23 prometidos originalmente se habían descontado intereses punitorios a futuro y varios Impuestos a la Degradación que la aldea adeudaba de préstamos pasados. El Alcalde, con una sonrisa amarga, agradeció el préstamo y se disponía a echar manos sobre ella cuando el Malvado Prestamista se la volvió a guardar en el bolsillo, con una tétrica sonrisa en los labios, y dijo:


.Despacio, Alcalde. Antes de entregarte nuestra generosa dádiva, hemos de acordar algunas condiciones: no quiero que los ebrios de tu poblacho, es decir el 100 % de sus habitantes, se gasten este dinero en vino, ouzo y la Casa de Tolerancia de Madame Bubulina (de donde provienen la mitad de las enfermedades venéreas de toda Grecia). Este dinero es para la reconstrucción de la Aldea y supervisaré personalmente cada medida tomada por tu primitivo gobierno. Y la primera de ellas será una rebaja del 75 % en el salario de todos sus habitantes..


El alcalde suspiró y dijo: .Pero eso significaría que nuestros trabajadores deberán pagar para trabajar.. Y miró a los habitantes del pueblo, que se hallaban reunidos en la taberna, implorante, y estos asintieron resignados.


.La segunda medida., dijo el Malvado Prestamista Ateniense, mientras sacaba de su bolsillo un exquisito puÑado de ensalada griega aderezado con el más aromático aceite de oliva y se lo llevaba a la boca ávidamente, .será bajar en un 120 % el Presupuesto de Salud del pueblo..


El alcalde volvió a suspirar: .Pero. ¡No podremos equipar la Tienda de Elektra, la hechicera del pueblo, con el incienso destinado a adorar a Koutsodaimonas, el demonio de la salud, para curar a nuestros habitantes de la sífilis congénita con que ya hemos venido al mundo!. Volvióse a los habitantes del pueblo, que suspiraron resignados y aceptaron la atroz exigencia del prestamista.


.Y por fin., agregó el usurero, lleno de contento y autocomplacencia, .deberéis dejar de pagar el tributo semanal de 5.640 dracmas por cabeza que os cobra el Viejo Karayannis, el Hombre más Sabio de Toda Grecia, por .protección., lo que no es más que un eufemismo por .extorsión. (o este último, un disfemismo por .protección.; es indistinto), obligándoos a entregarle casi todas las ganancias que os proporciona vuestra mina de lignito. También habréis de saber que el título .Hombre más Sabio de Toda Grecia. no es oficial y no es otro que este viejo mafioso quien se lo ha dado a sí mismo..


Lleno de ira, dignidad herida y también un poco de miedo, volvióse el alcalde, pero no hacia los concurrentes a la aldea, quienes empalidecieron todos simultáneamente, sino al propio Viejo Karayannis, que como todas las semanas se hallaba allí para cobrar su tributo y se encontraba muy entretenido mascando las vísceras de un suculento chivo (el cual chillaba algo contrariado). Fue entonces que Karayannis, sin mirar al Malvado Prestamista, murmuró las siguientes enigmáticas palabras:


.Así como ahora crees ser capaz de obligarnos a hacer lo que no queremos hacer, maÑana te sentirás incapaz de obligarnos a hacer lo que no queremos hacer..


Sintióse el prestamista algo desconcertado e inquieto por estas paradójicas palabras, sobre todo por las primeras, más o menos hasta la palabra .crees. de la frase, ya que el Viejo Karayannis en realidad aprovechó la distracción del usurero para arrojarse encima con la totalidad de sus 170 kgs. de músculos, quebrarle todos los huesos del cuerpo a codazos y hundirle los ojos con sus portentosos pulgares. A continuación incendió la taberna, el resto de la aldea, las reservas de aceitunas que quedaban en ella, el Lupanar de Madame Bubulina, la Tienda de Elektra, cavó un foso alrededor de la aldea y lo incendió para que nadie más pudiera volver a la región y luego, siempre llevando al Malvado prestamista bajo su axila, lo transportó hasta el Valle Desolado, abandonándolo ciego y ensangrentado a merced de los voraces Asnos Salvajes. Luego derribó el Monte Kopriakos de un puÑetazo, sepultando un par de decenas de aldeas vecinas e inició el llamado .Tour de la Destrucción Total., destruyendo todo lo que se hallaba a su paso dentro de los límites de Grecia hasta que no quedó un griego vivo mayor de 12 aÑos y contaminando la totalidad de sus fuentes de agua dulce con su propio orín, del que se decía que contenía más elementos tóxicos que los sulfurosos abismos del Tártaro.


Una enseÑanza que no debemos olvidar.


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