.Ahora que esto de los .blogs. ya .fue. (al Tío le gusta usar el lenguaje de los jóvenes de hace quince aÑos), es la mía, botarate, así que me cansé de verte rascarte el higo y mirando Youtube o Tutube o como mierda se llame la mierda esa. Si querés seguir laburando para el multimedio vas a tener que escribir en serio, o sea en una máquina de escribir como los hombres, algo con determinada cantidad de palabras y que sirva para ser impreso en papel., rugió el Tío Juan Carlos, Juan Carlos Clarín, golpeando mi escritorio. El asunto me inquietó bastante porque lo de escribir a máquina me parece medio difícil, y aparte no sé si la calidad del Youtube que se puede ver en las máquinas esas será muy buena.
Así que pim, que pam, llamado a la tía y después de escucharla hablar de todas sus enfermedades durante cuarenta minutos le expliqué que estaba laburando en un .proyecto. que era .re copado. que a la Abuelita Multimedio (porque el apellido de soltera de la Tía es Multimedio, por eso a Clarín, que es bien ganancial de la Tía y el Tío le dicen “Multimedio-Clarín”, ENTENDéS) le hubiera encantado y esto es como un homenaje para ella. De más está decir que al día siguiente el Tío estaba hecho una seda, por lo menos desde afuera.
Por adentro le debía pasar otra cosa, porque con una sonrisa diabólica me dijo que quería que todo bien, que siga con .el blocito. (así le dice él) pero que retome lo del .País Submarino., donde recorro los rincones más oscuros, olvidados y retardados de nuestro país. El país que no miramos, el país que subyace bajo los ideales de progreso de nuestros antepasados y que nunca levantó cabeza y, si tenemos suerte, no lo hará jamás por el resto de la Eternidad. El País Submarino.
.Dos palabras, Sobrino: Rosario.. Lancé una carcajada bestial, primigenia, llena de ironía y pánico, y le recordé que ahora estoy tomando una pastillita para la presión así que no estaba en condiciones. Seguimos negociando en San Pedro, San Nicolás, Escobar, Campana, Tigre, Vicente López, NúÑez y por fin me planté en Villa Pueyrredón, donde resido actualmente. .Hay una panadería que hace unos bollos de grasa de excelente calidad., le dije, para darle un viso de interés a la cosa. No me contestó.
15 horas después, despierto y entiendo la extraÑa serenidad del tío al aceptar el trato. Esta vez el somnífero debó estar en el bloody mary; conociendo su mala predisposición hacia mí, debió despertarme sospechas el cóctel de despedida que ofreció en mi honor, con barra libre, toro mecánico y 200 invitados, “antes de que parta a su aventura a media cuadra de la casa”, como dijera en su emocionado discurso que ahora reconozco envenenado de sarcasmo.
Los carteles me dan una idea de dónde estoy. Dice “Cabildo”, y a su lado, un número cabalístico: “1.500″. Estoy en el lugar del que tantos peregrinos hablan con el tartamudeo que dan las experiencias traumáticas. Estoy en el infierno mítico que de tanto en tanto puebla mis pesadillas. Estoy en tierra de nadie, en la frontera donde la mersada y las clases altas se codean sin fe ni ley: Belgrano.
Me falta el aire. Reviso el bolso de supervivencia. El kit consiste en un vaso de agua y una pastilla de cianuro. Siempre pensando en mí el tío. Por las dudas, sin embargo, me cargo el bolso al hombro. Y camino.
Camino por Cabildo, dueÑo de una Sed innombrable, en busca de una taberna decente; sin embargo, en todas se respira el mismo olor a fórmica y helechos. Se trata de confiterías detenidas en el Tiempo, en la Era de la Gran Remodelación de Bares de los 90. Se respira un retro-menemismo malsano. A mi alrededor, se siente el peregrinaje vacío de otros parias, que deambulan prisioneros en el Barrio con Menos Onda del Planeta, sin entender qué es lo que les pasa y por qué se sienten tan mal, a pesar de que la respuesta es obvia: “Estás en Belgrano”. Los lugareÑos se divieden en dos categorías: pobres diablos con gorra blanca, venidos desde barrios paupérrimos en busca de entretenimiento, y skinheads. Precisamente los skinheads (o “loquitos de Belgrano”) pululan tratando de encontrar un Gorra Blanca que ande solo.
Pronto la Sed, la desorientación, el peligro de los skinheads, el bodrismo de los Gorra Blanca y el tufo a barniz proveniente de las casas de decoración oriental (el segundo negocio más próspero de Belgrano, siendo el primero la venta de pornografía en los kioscos de revistas) me hacen abandonar el Camino Principal. Recuerdo vagamente las palabras del Tío mientras me desvanecía, tal vez impulsado por un súbito complejo de culpa: “No te apartes de la Avenida”. Pero la imprudencia o un impulso de adolescencia senil me hacen desoir al obeso Obi-Wan Kenobi de Constitución; y bajo dos o tres cuadras por la calle La Pampa, sin entender en lo que me estoy metiendo.
A la altura de la calle Cuba la luz del sol desaparece completamente; las torres de Belgrano, antaÑo un atractivo para profesionales en busca de ascenso social, se han convertido en ominosos paredones que sumen al barrio en la total Oscuridad. Una Oscuridad negra y sólida, no hecha de ausencia de luz sino de presencia de tinieblas. Cínicamente, muchas de estas viviendas ofecen “solarium”, a pesar de que no existe en esta zona nada remotamente parecido al sol, ni en latín ni en ningún otro idioma. A medida que me interno en este bosque tenebroso, las formas se hacen cada vez menos nítidas y me cuesta saber si estoy en la vereda o en mitad de la calzada. Pronto ya no logro ver los nombres de las calles, ni las calles propiamente dichas, y pierdo por completo el sentido de la orientación. Y comprendo que soy un prisionero. Y sollozo. Y trato de recomponerme. Y sollozo de nuevo. Y así cuatro o cinco veces.
Entonces, percibo con lo poco que me queda de visión, una criatura de pesadilla: se trata de un Morlock, uno de estos seres creados por la imaginación de H.G. Wells para su novela “La Máquina del Tiempo” y que -luego de pagar los derechos de franchising correspondientes- ahora infestan las calles interiores de Belgrano. Hace no mucho tiempo, los Morlocks eran prominentes miembros de la Clase Media Acomodada, que emigraban de lugares como Chacarita o San Cristóbal para instalarse en su nuevo Shangri-La de jacarandaes y palieres vidriados. La ausencia de luz solar, poco a poco, fue obrando una siniestra transformación, hasta convertirlos en estos seres peludos, albinos y con ojos inútiles y fosforescentes. La variedad de “Morlock de Belgrano”, sin embargo, luce un característico bronceado de cama solar, ya que insiste en mantener su viejo estilo de vida. Debido al albinismo, claro, el bronceado se manifiesta en forma de horribles manchas violáceas, pero como son todos ciegos nadie les avisa.
Intento permaneder quieto e indetectable. Pero los sentidos del Morlock están hiperdesarrollados. Intento tener poco olor, sin conseguirlo (la historia de mi vida). Entonces la bestia lanza un grito de llamada, y a los pocos segundos estoy rodeado por un ejército de siete o 45 Morlocks (la oscuridad hace difícil un conteo preciso). Lucho como un león, utilizando la técnica de la “Resistencia Pasiva Total”, consistente en no hacer absolutamente nada y dejar que hagan de mí lo que quieran. La estratagema da resultado, y a los pocos segundos me tienen completamente maniatado.
Pronto soy trasladado ante su líder, o ante un perchero de caÑo o un automóvil con el burro de arranque roto, no sé bien porque está todo oscuro. En su idioma gutural e ininteligible (aunque reconozco las palabras “Pilates”, “Cariló”, “Mucama” y “Blackberry”), dicen una serie de cosas, acompaÑados de un rico idioma gestual, aunque también puede ser que estén practicando lucha libre o masturbándose o espantando moscas. No estoy seguro. Luego se me acerca el que parece el brujo (o el mansflora del pueblo, o el guerrero o el repartidor de menhires, es difícil saberlo con la oscuridad que hay) y, combinando las palabras “Pilates”, “Cariló”, “Mucama” y “Blackberry” logra comunicarfme que necesitan un aumento en sus suculentos salarios para poder comprarse un 0 kilómetro y si yo no se los podría dar, que el kirchnerismo los está matando de hambre.
Hago memoria de infinidad de conversaciones mantenidas con el Tío y le explico que en fin, que la situación, que no es así, que no es el momento, que ya va a llegar, que primero hay que hacer mérito. La respuesta parece enfurecerlos, o tal vez los pone muy contentos o acaso están festejando un gol (¿cómo saberlo?). Pero deciden someterme a Sacrificio. Me sueltan y me conducen hacia la glorieta de Barrancas (recuerdo la memorable escena del Mano en “El Eternauta”), donde han construido un altar en forma de wafflera gigante de donde sale una especie de luz halógena.
¡Se trata de la Cama Solar de Sacrificio! El Brujo o el Jefe o, por lo poco que se ve también podría ser Alfredo Leuco, qué se yo, ponen la temperatura al máximo. Me resisto como un león, siempre dentro de los cánones de la Resistencia Pasiva Total, pero cuando me estoy metiendo y aprovechando que los tipos son completamente ciegos, agarro y pongo la perilla en -10.
Siento un baÑo de rayos infrarrojos, ya que los ultravioleta han sido desafectados. Y ante los gruÑidos de asombro de las repugnantes criaturas, salgo vivito y coleando, y, para mayor sorpresa convertido en un albino como ellos, tal el efecto de la “Cama Solar al Revés”. Los Morlocks se prosternan ante mí (aparentemente han percibido mi Albinismo a través del olfato), creyendo que soy una especie de Enviado. O tal vez están buscando monedas, o bailando hip hop. No sé, sigue todo oscuro y mi albinismo no ayuda. Pero no me quedo para averiguarlo, y me lanzo en una loca carrera hacia la oscuridad, tropezándome con cuerpos peludos, automóviles estacionados y objetos suntuarios.
De pronto el piso se termina, y ruedo a través de las Barrancas (o tal vez sean unas escaleras mecánicas o unas rampas para lisiados) y llego a la estación de tren, que afortunadamente está fuera de la Jurisdicción de Belgrano y allí da la luz del sol. Me tomo el tren hasta Retiro, subte combinación línea B, Av. los Incas y por fin un colectivo normal que me lleva a la civilizada zona de Villa Pueyrredón. Con los ojos lagrimeando de gratitú, me compro uno de los bollos de grasa esos, para reconfortarme.
De momento el Tío no está muy contento; el tratamiento para desalbinizarme (que involucra suero y tinta china) le está saliendo carísimo. Pero movido por la culpa o por la rama Multimedio de la familia, no tiene más remedio que admitir que hay “blocito” para rato.
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