Crónicas del Taunus: Desperfecto nº 145
Bueno, esta vez el Taunus se superó a sí mismo. Corría el día 1° de enero de madrugada. En esta ocasión no lo tenía conmigo, sino que conducía el auto de mi hermana; volvía con ella -que no manejaba porque se le venció el registro, algo que por cierto a mí nunca me detuvo- y mis dos sobrinos de los festejos de rigor, en las lejanas comarcas del Oeste bonaerense. Venía incluso regodeándome por el hecho de manejar un auto que no requería una fuerza hercúlea para mover el volante, y que alcanzaba los 90 km/h con total suavidad, sin emitir quejido ni berrido de mula vieja alguno.
Y en uno de los lugares menos apropiados del mundo para que se te quede el auto -el otro que se me ocurre es el fondo del mar-, la cima de un puente en medio de la nada misma (Castelar) por donde los automovilistas nos pasaban rozando a los santos pedos y en comunión con ese espíritu tan especial de estas fechas, completamente en pedo, el auto suspendió unilateralmente todo tipo de actividad. Pero nada. Kaput. No demostraba interés. Palmó. Se puso el pijama de madera. No puedo decir que haya sido repentinamente: Primero, dejó de andar un poquito, y cinco segundos después dejó de andar por completo.
Y aquí es donde entra la única explicación, por cierto escalofriante que se me ocurre. Luego de haber agotado las posibilidadesde que se le rompa algo, habiendo roto todas sus partes una por una y en orden alfabético, desde el “acelerador” al “volante”, pasando por el “alternador”, el “burro de arranque”, la “cruceta”, el “distribuidor”, el “manchón”, la “puerta” y otras tantas millones de cosas que tiene el auto puestas ahí con el solo fin de romperse, el tipo ahora decidió tener un desperfecto, pero en otro auto.Como que salió a la conquista de otras averías, pero afuera de él, y de paso se ahorra el acarreo en auxilio. Fíjense lo artero del tipo. Es la única explicación posible: que se rompiera el auto de mi hermana justo cuando estoy yo arriba, si no, es demasiada casualidad.
Conozco su malévola forma de pensar y ya sé que están encontrando otra explicación: que los autos los rompo yo. Bueno, esta vez por lo menos no fue así y te voy a explicar por qué: Porque al rato vino el del ACA, revisó al pobre animal y determinó que se trataba de algo “eléctrico”. Así que yo no puedo haber sido porque de electricidad no entiendo nada. Es como que acusen de hackear el sistema del Pentágono a un guerrero medieval hallado en estado de criogenia en un lago de ázoe (13), o, de nuevo, a mí, por qué no.
Total, que mejor sigo limitándome a manejar el Taunus porque quién sabe lo que puede hacer la próxima vez.
(13) Esto lo saqué del libro “El que volvía de lejos”, de F. Ebly. CoÑo, no puedo dejar de hacer esto.
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