Escribe el Dr. Dupont Duvalier
Médico Francés del Siglo XIX
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Buen Día, mis bravos pacientes. ¡Ah! El caso que se nos presenta hoy, es verdaderamente formidable. Es necesario estar loco para acometer el infame trabajo del enfermo que someteremos a tratamiento.
Llamaremos nosotros al paciente mediante una .X., o, mejor aún, .El Tipo que el otro día se robó el almuerzo de Podeti de la heladera de la oficina.. ¡Bandido! Nosotros no podemos decir si sería mejor para ese tipo, verdaderamente, ser objeto de una denuncia policial, o una maldición gitana, o pasar directamente al insulto a o los cuatro vientos, o, como le aconsejaran a Podeti, llevar de nuevo el mismo apetitoso plato y regarlo con veneno, orines o un laxante de excelente calidad, a la espera de que la víctima muerda el anzuelo con aparejo y todo. ¡Ah, no! Yo no comprendo nada de lo que le ha pasado por la cabeza a este seÑor. Pero, Podeti me ha encargado que, mejor, piense en la salud de ese hombre, que le revise, le diagnostique, y, por fin, le cure, y yo no soy capaz de decir que no a semejante encargo, ¿no es nada de eso?
El paciente, entonces, aún sin conocerlo porque ha actuado en el completo y total anonimato, ¡tunante!, yo no sé nada quién es, posee, si imaginamos la complexión asimétrica y deforme de su rostro, y estudiando los diversos abultamientos de su cráneo, de un avanzado estado de cretinismo, siendo seguramente idiota, impotente y con los genitales hinchados y llenos de humores oscuros, propagando una debilidad general en el organismo y haciéndolo presa fácil de la sífilis, el impétigo y el bocio. Se trata de un formidable cuadro, ¿no es así?
Las causas clínicas del acto monstruoso y altamente reprobable de este hombre que nos ocupa, ¡miserable!, porque no es nada gentil lo que ha hecho, las podemos encontrar en un desequilibrio de humores en el organismo, producto de su idiocía de nacimiento que le hace susceptible a la total falta de la más básica moralidad, o comprensión de los Diez Mandamientos, empezando por aquel tan bello que dice .No Robarás., entonces, podemos deducir que el humor bilioso, la sangre y la flema se encuentran en estado de déficit y circulando en sentido contrario a las normas de la naturaleza, produciendo un exceso de producción de la bilis negra, provocando así un carácter melancólico, ¡canalla!, propenso a ataques de hambre sin control y a la soledad y el apartamiento de las más básicas normas sociales, además es un imbécil y un retrógrado.
Entonces, teniendo en cuenta que vivimos en la República, no bajo un régimen dictatorial, ni en la Ley de la Selva, porque afortunadamente hemos progresado mucho desde los tiempos medievales en que reinaba la fuerza y la brutalidad, y no podemos pedir la Guillotina para este hombre, entonces, el camino más humano es intentar curar al enfermo de los males que parecen ser el origen de su abominable comportamiento. Es necesario, se comprende, someterlo al tratamiento más moderno y formidable: baÑos.
Un tratamiento a base de baÑos, en diversos preparados curativos parece ser, verdaderamente, la cura más eficaz para todo tipo de males, por tanto recomiendo enérgicamente hundir al paciente en un preparado de agua caliente, mercuriato de potasio, bicarbonato, granos de mostaza y eléboro .Luego, de inmediato, pasarlo a una tina helada, regada en ázoe y nitrógeno líquido para producir un .shock. que vuelva los humores bilioso, sanguíneo y flemático a su curso normal, para luego pasarlo a un baÑo de agua hirviendo con minerales. y aromatizada con menta, y frotamiento con hojas de áloe, y luego producir la electrólisis en el agua mediante cables pelados. Luego del estado de turbación, que puede a veces producir la cura por la electricidad, recomiendo hundirlo con cabeza y todo durante varios minutos en un baÑo hipotérmico con ácidos naturales (limón, pomelo, sulfuro ferroso) y goma arábiga y sanguijuelas. Cuando los humores se restablezcan y el paciente permanezca un 5 % menos idiota y anormal, aunque sea por abrir muy grandes los ojos producto del miedo, pero peor es nada, entonces puede entregárselo a una institución del Estado para que cuiden de él lo que resta de vida.
Podeti ya le ha dado mi número telefónico a otros pacientes de su interés, como el Tipo que el Otro Día se le Adelantó por la Derecha, ¡bandido!, los directivos de la empresa TBA, y ese tal Sebastián PiÑera que, afortunadamente, lo eligieron en otro país, pero, ¡ah!, nosotros debemos esperar que no haya efecto contagio.
Miren, la carta que le escribió John K. a un aficionado. Para que después alguien me discuta que el de los dibujantes es el gremio más copado del mundo (enviado por Dago).
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