miércoles, 14 de octubre de 2009

¡Novela con problemas técnicos de diálogo!





(Fragmento de una novela hipotética con el problema técnico de que el tipo se atranca en eso de indicar qué hace tal tipo mientras transcurre un diálogo)


-Lo esperaba, Sr. Loomis.


Loomis se dio vuelta lentamente. Y entonces vio por primera vez a Svöor, su Némesis, su contrincante en ese fascinante juego del gato y el ratón que estaba jugando desde hace semanas.


-Hola, Svöor .dijo Loomis, sin dejar traslucir la menor emoción.


Durante unos segundos ambo se examinaron con una sonrisa. Svöor parecía algo más joven que lo que Loomis imaginaba, pero tenía ese aire de profesor de música afeminado con que siempre lo había visualizado mentalmente. Svöor, por otra parte, pareció medir casi científicamente la portentosa contextura física de Loomis, sopesando sus .escasas- posibilidades de victoria en una lucha cuerpo a cuerpo. De cualquier modo, esta situación era puramente hipotética: la Glock de Svöor estaba apuntando a Loomis desde el primer momento.


-Al fin nos conocemos, Loomis .dijo Svöor con voz abotargada mientras se acomodaba un mechón de su escasa cabellera-. Confieso que empezaba a impacientarme.

-Lo mismo digo, Svöor -dijo Loomis, examinando sus posibles vías de escape.

-Tengo que decir que me admiró la jugarreta que nos hizo en Stuttgart -sonrió el noruego, disfrutando de la inminente muerte de su enemigo.

-Gracias .dijo Loomis, tragando saliva, sin saber hasta dónde el halago no llevaba una amenaza implícita.


Svöor caminó dos pasos, sin dejar de apuntar a Loomis, y se sentó en su escritorio de caoba. Tomó la botella de Famous Grouse y se sirvió una medida.


-¿Whisky, Sr. Loomis? .preguntó Svöor, no sin ironía, conociendo de sobra la pertenencia de Loomis a Alcohólicos Anónimos desde hacía siete aÑos.

-No, gracias. Es veneno .le devolvió Loomis con ironía, aunque no se terminaba de entender ironía de qué, ya que efectivamente Loomis pensaba que el whisky era veneno.- Pero le aceptaría un jugo de naranja .agregó, haciendo referencia al golpe mortal que le había provocado a los sicarios de Svöor en Valencia, lugar conocido por su profusa producción de naranjas.

Svöor acusó el golpe. Su rostro pasó de su habitual amarillento a un blanco huevo de ira, tiznado levemente de magenta en sus mejillas. Intentó, sin éxito, ocultar su furia, bebiendo un sorbo de Famous Grouse. Y luego sonrió, no sin sadismo.


-Sí. Naranjas. Entiendo a qué se refiere .dijo Svöor, paladeando el whisky, disparando su dorado ardor en todas las direcciones del interior de su boca, para luego tragarlo abruptamente.- Sin embargo, prefiero el rojo. Especialmente sobre atractivas agentes del M16.

-¿Qué quiere decir, Svöor? .dijo Loomis, sintiendo que un escalofrío le recorría todo el cuerpo.

-Me refiero a que su joven amiga se encuentra en mi poder .murmuró el escandinavo entrecerrando los ojos, mientras la serpenteante línea de su boca se iba estirando hasta dejar al descubierto sus dientes pálidos y afilados.

-¡Miserable! .gruÑó Loomis, sintiendo cómo una salvaje oleada de furia se apoderaba de cada uno de sus músculos, y tratando de contener su impulso de lanzarse sobre Svöor ahí mismo, hazaÑa tan improbable como contener un alud con gotitas de Suprabond®.

-Por el bien de su amiga le recomiendo calmarse, Loomis .murmuró Svöor apuntando al corazón de Loomis, mientras un sudor frío le baÑaba todo el cuerpo, pegoteándole la ropa interior a su delicada piel de nonato, y disfrutando su triunfo como sólo los adictos al Poder pueden hacerlo: con una mezcla de alegría, resentimiento y embriaguez.

-Le mataré si a Miss Yelloykettle le ocurre algo, Svöor .recitó Loomis con voz seria, dando a entender que nunca como en este momento había sido capaz de cumplir una promesa, mientras sus globos oculares se movían en todas direcciones de la oficina intentando localizar un objeto que pudiera servir de arma blanca al tiempo que su hemisferio derecho trazaba rápidamente la estrategia más apropiada para quitarle el arma a Svöor, maniatarlo y luego torturarlo hasta hacerlo confesar dónde tenía atrapada a Helen para poder asi salir de allí y rescatarla antes de que los sicarios de Svöor le pusieran las manos encima.

-¡Es usted increíblemente presuntuoso, Sr. Loomis! .rió Svöor mientras su ceja derecha se levantaba cinco milímetros y se acomodaba la gabardina que insistía apretarse sudorosamente en su entrepierna y pasaba el peso de su cuerpo de una nalga a la otra, para luego servirse otra medida de Whisky, con la intención subconsciente de mofarse del alcoholismo de Loomis y maldiciéndose mentalmente debido al par de gotas que se estaban volcando sobre la mesa, ya que el presupuesto de su Organización no estaba del todo equilibrado y sabía que el Famous Grouse era uno de los ítems a tener en cuenta a la hora de hacer economía.

-Es posible .contraatacó Loomis intentando recobrar la calma, mientras a toda velocidad el centro estratégico de su cerebro terminaba de darle las pinceladas finales al plan que había logrado trazar en los últimos 45 segundos, mientras ante la visión del dorado whisky su boca se llenaba de saliva, acaso su adicción estimulada por el .stress. del momento, lo que también disparaba una serie de endorfinas y hormonas que producía un imperceptible pero catastrófico .efecto dominó. en su organismo, de la próstata hasta la glándula pineal, lo que por ahora se manifestaba apenas como una molesta picazón en las palmas de las manos.

-Ajá .Dijo Svöor, mientras se rascaba una oreja y echaba una mirada de reojo a la ventana desde donde se veía el majestuoso puerto de Liverpool, postal que siempre le hacía preguntarse qué hubiera sido de su vida de haber ingresado a la marina mercante como su hermano mayor Olof, que siempre había sido el preferido de su padre por este motivo hasta el día de su trágica muerte bajo 100 toneladas de bacalao, hecho que disparó la venganza personal de Svöor contra la mafia finesa del pescado y que marcara, casi como obra del Destino o destino el inicio de su carrera criminal, y al igual que cada vez que rememoraba estos hechos un nudo de músculos y cuerdas vocales se le hacía en el fondo de la garganta, lo que casi siempre culminaba con un violento ataque de tos que lo hacía escupir sangre, aunque no podía darse ese lujo en este momento por lo que decidió volver a pensamientos más presentes y realistas.

-Sí .dijo Loomis mientras interiormente luchaba contra el Demonio o demonio de la Adicción (o adicción) que la tensión del momento había desatado, y que ahora se batía contra el Loomis vengador, el Loomis de acción que dedicaba cada uno de sus músculos, cada una de sus neuronas a cumplir su misión, y a llevarse a la cama a media docena de bellezas en el transcurso de la misma, el Loomis que no dejaba nada librado al azar y que era dueÑo de su propio destino y que ya tenía completamente armada su estrategia de escape, estrategia que incluía la llegada del buque de hulla de las 18:03 y su poderosa sirena, el leve pliegue en la moqueta de la oficina de Svöor y que se encontraba a medio metro de los afeminados pies noruego, una paleta del ventilador de techo color café y lo que a él le gustaba llamar pomposamente el .Elemento X., es decir los objetos que encontraría en el cajón de su Némesis o némesis, que podían ir desde un bolígrafo seco a una resma de papel satinado de bordes cortantes, pasando por una cajita de clips con las esquinitas gastadas (la cajita, no los clips) .una variable sorpresa que le gustaba incluir en sus estrategias y que le servía para salpimentar un poco la apretada agenda del Loomis que no dejaba nada librado al azar y constituía de alguna manera,un pequeÑo, travieso y tercer Loomis, que competía con los otros dos (el Loomis de acción y el Loomis débil y alcohólico)-, una lucha que se traslucía ahora en un imperceptible temblequeo de su labio inferior que se había vuelto blanquecino para el ojo del buen observador aunque esto no pudiera decirse de Svöor que en estos momentos se encontraba nuevamente ensoÑando sobre su infancia en un barrio periférico de Oslo, en los tostados de arenque que le preparaba su madre antes de llevarlo a la escuela, en el poderoso viento del Báltico pegándole en la cara cuando su padre se decidía llevarlo a pasear en bote mucho antes de la tragedia que marcara su destino, todos recuerdos que le impedían notar el labio blanquecino y tembloroso de Loomis y sus ojos vidriosos mirando el bendito y dorado licor, perdido en fantasías de juventud y dipsomanía, pensando en los meses de reclusión en su departamentito del Soho follando con Ginger y bebiendo durante horas hasta caer desmayado y escuchando a Coltrane y leyendo a William Blake antes de que fuera raptado, sometido a recuperación forzosa e incorporado al Servicio Secreto, recuerdos que ahora lo hacían soltar descuidadamente un hilo de baba de medio metro, centímetros más, centímetros menos.

-Qué va cer .dijo Svöor, mientras una de las células de su sistema circulatorio realizaba a toda velocidad una serie de procesos, al tiempo que la célula de al lado.


(Se interrumpe la novela por problemas técnicos. Sepan disculpar las molestias)


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