viernes, 31 de octubre de 2008

¡.Fuga en Helsinki.: Episodio final!





Resumen de lo publicado: En un futuro cercano donde el papel ya no existe, el ex sargento del ejército uruguayo Malvín debe rescatar a su amigo Rune de una cárcel finlandesa, y para ello se ha convertido en prisionero. A punto de escapar junto a sus compaÑeros, descubre que su enemigo el .argenti. Diego Ariel ha construído una papelera en la prisión, con la que planea contaminar Finlandia. Al mismo tiempo, le revela a Malvín que es su hermano, y que él también tiene sangre .argenti.. Sintiendo el Lado Oscuro crecer en su interior, Malvín debe decidir si acompaÑar a su hermano en la empresa o huir.


(Por amplia mayoría, gana PERO LA QUE TE PAN CON QUESO, y Malvín debe escapar junto a sus compaÑeros)


-¡No lo escuches, Malvín! -gritó Markus, desesperado, viendo que la seducción del Mal comenzaba a apoderarse de mí. Y para apoyar su ruego, apuntó a Diego Ariel con una Uzi de aire.

-¡Baja esa arma, aiteislainen! .gritó una voz.


Había olvidado completamente a Lasse, el guardiacárcel que venía arrastrando maniatado y en una bolsa desde hacía unas ocho horas. Había conseguido liberarse y ahora apuntaba su arma reglamentaria contra Markus.

-Una palabra más y estás muerto, ¡sabedlo! .Dijo Enheduana apoyando una daga de cerámica en la yugular de Lasse.


Entonces, unos dedos expertos en el mortal Jiu Jitsu finlandés se apoyaron en las cervicales de Enheduana: -Porrr favorrr, seÑorrrita. No me obligue a hacerrrla sufrrrirrrr una parrrálisis nerrrviosa .dijo Rune que, doble agente hasta el fibnal, había decidido ponerse rápidamente del lado de Diego Ariel. Le eché una mirada decepcionado.

-¡Si no la hubieras o hubieses soltado ya mismo, Pö hubiera o hubiese partido en dos al hombrecito! .gritó el siempre leal Pö, que era perfectamente capaz de cumplir con su promesa.

-¡Ashudame, shorugua! .me gritó desesperado Diego Ariel- ¡Shoy tu hermano, shoy! ¿De qué lado eshtás?


Me tocaba desempatar. Las miradas de mis camaradas de cárcel, a quienes yo había arrastrado en esta aventura eran imposibles de ignorar. Y además volví a sentir, como alguna otra vez, que un coro de criaturas invisibles, extraÑos habitantes de un mundo fuera de este mundo, deliberaban y decidían que acciones debía toma a cada paso; y que en este caso me obligaban a ser fiel a mis compaÑeros antes que perseguir la venganza.


¡Pero ocurría que ahora yo era un .argenti.! Así que mis nuevos instintos me obligaban a traicionar completamente esta decisión, por muy despreciable y deshonesto que esto pareciera. Gritando .¡esto no es positivo!., partí una silla en la cabeza del fiel Pö.


El gigantesco lapón se dio vuelta, desconcertado. Se tocó la cabeza como quien ha sido ensuciado por una paloma, y luego, violeta de furia y tomándome del cuello, me arrinconó contra una pared.


Las manos de hierro del lapón se cerraban sobre mi garganta, al tiempo que me sacudía, desprendiendo los tapones de plastilina que cubrían todo mi cuerpo. Entonces, comencé a sudar de pánico.


Y así pude llevar a cabo mi plan: el mapa dibujado en fibrón lavable empezó a ser borroneado por las gotas de sudor, descubriendo el tatuaje que llevaba en el pecho. Anticipando esta situación hacía cuatro meses, me había hecho tatuar la figura de Winnie the Pooh, criatura que aterroriza a los lapones; para ellos, un oso que no sea blanco es una criatura de pesadilla, y uno naranja .color que resalta especialmente sobre la nieve- les hiela la sangre. Al ver el dibujo, Pö cayó al piso aterrorizado y comenzó a hamacarse en posición fetal, rezándole a su tótem en sami. El pobre gigante había perdido la razón.


Volví al grupo. Lasse, Diego Ariel y Rune habían desarmado a mis dos amigos.El joven Markus permanecía en silencio y los ojos de Enheduana me atravesaban con furia y decepción.


-Listo, Calixto, ¿cuándo empezamos? .dije, entusiasmado.

-Momento, pibe. ¿Y qué hashemos con eshtos?

-Los ponemosh a laburar,total, ¿a dónde van a ir, a dónde? .sugerí riendo a carcajadas. Mi nueva autocomplacencia .argenti. me hacía sentir lleno de vida, y hasta disfrutaba mi nuevo acento en forma bastante inesperada.


Diego Ariel, con la ambición y la perversidad rebalsándole de sus ojos achinados, nos condujo entonces hasta un interruptor de palanca, que antaÑo se utilizaba para accionar la silla eléctrica del penal (aplicaba hasta 9 volts, pero los jueces garantistas de Finlandia lo descartaron por inhumano)


-Con eshta palanquita she prende el shishtema de produshión indutrial de papel que disheÑé, she prende. Y genera un 17 % má de .líquido de papelera..


Y con un gesto cortés, me cedió el lugar: -Te shedo el honor, herrrrmano.


Sentí revolverse dentro de mí toda la codicia y los deseos de destrucción de los que era capaz mi .argenti. interior. La sola idea de dárselas con tuco y queso a los suomis me llenaba de un placer perverso, y el éxito de mi reciente traición me enllenaba el cuerpo de endorfinas a lo loco. Estaba mareado, mareado de poder y maldad; sólo una voz uruguaya y campechana interrumpía esta orgía interna, gritando .¡matá al argenti y escapá, bo!., pero no le hice caso.


Y entonces otra voz, una voz que solía conmoverme, habló a la distancia: -¡No lo hagas, Malvín!


La Evangelina había lustrado su cartel de adamantium que decía .No a las papeleras. y había vuelto a calzarse la bikini que tan bien le sentaba. A su lado la acompaÑaba un hombre de aspecto nórdico. Ah, y una docena de hombres de SWAT armados hasta los dientes.


-Malvín, bo… No seas loco. Escuchá al seÑor, te tiene que decir algo.

-Buenas tardes, Sr. Malvín. ¿Puedo decirle Sargento? Sé de sus anteriores hazaÑas. -El hombre me ofreció la mano, que rechacé con una mirada despectiva. Sin inmutarse demasiado, continuó- Mi nombre es Halonen, Tarja Halonen; y soy Presidente de Finlandia.

-¿Shabé lo preshidente que nos bajamo ashá en Argentina, shuomi? .rió Diego Ariel.


El Presidente emitió un carraspeo imperceptible.


-Le ruego, Sargento, que no toque esa palanca. El funcionamiento de esta papelera puede resultar en una verdadera catástrofe para el Golfo de Finlandia y el Mar Báltico. Nuestra región es una de las pocas en el mundo que mantiene ciertos .standards. ecológicos. Peces, moluscos, aves y una rica flora marina, que perecerán horriblemente si usted hace caso a su lado .argenti. (nuestro equipo de psicólogos y genealogistas nos han explicado su caso). Miles de personas deberán mudarse, otras tantas perderán su empleo. La .Niebla de papelera. corre el riesgo de dispersarse por el resto de Europa y el ártico.


El Presidente lanzó un suspiro algo impostado para mi gusto, y continuó, con voz grave:


-Créame que entiendo sus deseos revanchistas. Pero tengo una oferta que hacerle: Indulto total para usted y sus amigos si abandona su plan ahora.

-Perrrmiso .dijo Rune, alejándose de Diego Ariel (que empezaba a mostrar preocupación) y colocándose junto a Markus y Enheduana.

-Esto irá acompaÑado por una indemnización en efectivo por los daÑos que le hemos causado a ud. y su entorno. ¡Y finalmente, financiaremos la construcción de un arboretum con más de 5.700 especies autóctonas y exóticas en el balneario Shangri-La, en las afueras de Montevideo!

-¡No lo escuché, Malvín! ¡Penshá en el curro que nos podemo inventar acá, penshá! -Diego Ariel no podía ocultar su crispación

-Le aseguro, Sargento, que tiene ud. total libertad para pensar. El equipo de SWAT que me acompaÑa no tiene municiones, según las últimas disposiciones de nuestro progresista sistema policial.


Hubo un silencio lúgubre. Intenté ver si escuchaba una voz uruguaya en mi interior… Pero parecía ser la hora de la siesta.


-¿Y bien, Sargento?

-Y bueno, dale .dije, encogiéndome de hombros.


El grupo SWAT cayó sobre Diego Ariel, que me acribillaba a puteadas en su dialecto. Rune y Markus me abrazaron fraternalmente y Enheduana se lanzó sobre mí, cubriéndome de besos, al mismo tiempo que la Evangelina, que estaba tan contenta que por un momento olvidó sus celos.


Y es que la gente odia a un traidor, pero lo adora si es doble traidor; y mis genes .argentis. me habían permitido esta jugada sin esfuerzo alguno.


El Presidente Halonen me felicitó y tuvo unas palabras elocuentes sobre mi hombría de bien. Luego, nos invitó a salir de allí; afuera, una limusina nos llevaría a la Casa de Gobierno.


Siendo el hombre del momento, casi el dueÑo de casa, dejé salir del pabellón a todos, que volvían a felicitarme y a hacerme promesas eternas de amor y amistad.


Y antes de salir, bajé el interruptor.


Tomo otro sorbo de mi Patricia helada acompaÑada de unas miniaturas de pez y le voy pidiendo la cuenta a la moza. Por el acento, me doy cuenta de que es del sur de Helsinki.


Como el 70 % de los finlandeses repartidos en todo el mundo, ella también se ha visto reducida a mano de obra barata; en la tele salió una nota acerca de la excelencia laboral de los motoqueros suomis, y de su ejemplar respeto por las leyes de tránsito. Pero luego del desastre ecológico ocurrido en sus tierras, pueden considerarse afortunados. La gente de Holanda, Alemania, Polonia y Francia, adonde la .Niebla de Papelera. llegó sorpresivamente, no puede decir lo mismo (las imágenes en el noticiero sobre los millones de muertos en las calles de Haarlemm y St. Malo son sobrecogedoras).


Las tardes de la Barra del Chuy son de ensueÑo. La Evangelina y Enheduana están empezando a entenderse mejor, cosa que va a ser muy beneficioso para nuestra convivencia en paz; Rune y Markus juegan al ping pong en el bolichito del Winston. Y Pö, lentamente, está recuperando el habla.


Tuve la precaución de cobrar la indemnización antes de que los efectos de la papelera se hicieran evidentes, así que podría seguir de vacaciones unos cinco aÑos más. Pero mis genes .argentis. siguen manifestándose, y tengo a la vista un negocio que si me sale me salvo pra toda la vida. Es un ex socio del Diego Ariel (ayer recibí una postal de él, en tres meses más lo sacan de la .Ratonera.) que tiene una punta para una empresita de quema de pastizales, allá en Entre Ríos. Sería una excelente ocasión para juntar algo de plata y, tal vez, sacar a mi padre de la cárcel.


Ya veremos. Mantengo la Patricia en el buche un rato, y escucho el último coletazo de una ola.


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