viernes, 17 de octubre de 2008

¡Clínicas de Humorismo: Lección 3!





Lección 3: La Sobrevaloración del remate.


En un importantísimo tratado sobre el humorismo se ha establecido lo siguiente:


.Desde el inicio de la Humanidad, el Hombre ha intentado crear métodos e ingenios mecánicos para que la gente entienda que está diciendo un chiste. Desde el contador de chistes que se ríe al final de su remate, hasta el que hace sonar un platillo de batería, pasando por el que dice el remate en voz muy fuerte, medio gritando..


.Las modernas tecnologías permiten otro tipo de códigos para explicarle a la gente, que es boluda, que algo es gracioso. Por ejemplo, la utilización de risas grabadas en las series de los setenta, la de un auditorio de cien personas en las modernas .sitcoms. y la de cinco jubilados de pie que se ríen fuerte mientras disfrutan del cafecito que les regala Producción en los programas cómicos argentinos. En Internet, en cambio, se impone la utilización de .emoticones., que son como unas caritas que a menos que su usuario tenga menos de 15 aÑos dan como medio vergü.


Yendo un poco más lejos, podríamos desmitificar lo que se llama el .remate.: es decir, esa frase final, gag, resolución o .chiquipúm. que da por terminado el producto humorístico y que tiene por objeto que la gente se ría más fuerte incluso aunque la cosa no tenga gracia (así como apagar la luz, en teatro, sirve para que la gente aplauda aunque no tenga ganas).


Que exista este mecanismo es natural, ya que es sabido que el artista necesita los aplausos y caricias del inconstante público como parte de su retribución (que, a veces, es la única); lo que es lamentable es que el remate haya cobrado tanta importancia como para que la gente se sienta desconcertada o a disgusto ante su ausencia. Es muy común escuchar, luego de un chiste que, narrado con gracia e histrionismo nos causa deleite y risas intermitentes, la queja de que .ah, era mejor el desarrollo que el remate.. Como si lo inverso fuera obligatorio.


Los grandes contadores de chistes profesionales, un Cacho Buenaventura, un Gioia, un Landriscina, suelen ser maestros del desarrollo, al que salpimentan de pequeÑos sub-chistes y reflexiones; a veces, precisamente por esta maestría en el .cuerpo. de la obra, el final no parece tan bueno. El famoso chiste del tipo que va a comprar un loro (creo que interpretado por Chichilo Viale), plagado de imágenes poéticas (.según el precio, los loros iban en degradé.), de intenciones actorales, de pausas en perfecto timing es memorable, aunque maldita sea si recordamos el remate.


¿Qué preferimos? ¿Un desarrollo torpe y sin gracia, como el que puede ejecutar un Fernández (de contaduría), para que el remate resalte con deslucido brillo? ¿No es esta la filosofía de la nivelación para abajo? La cosa ha degenerado tanto que existe un género humorístico, el chiste corto y oral, que parece sólo existir en función de su remate (por ejemplo: .¿Fuma negro?. .No, bwana.. No tendría sentido contar sólo el desarrollo: .¿Fuma negro?.). Esta condición debería hacernos desconfiar del verdadero valor artístico de este género.


La objeción del .amateur., producto del desconocimiento y del excesivo consumo de chistes breves, es .pero sin remate es como que te quedás medio en ayunas.. Bueno. Eso tampoco tiene nada de malo. No hay que vivir atosigándose. .Pero sin remate el chiste no tiene gracia.. Otra pavada.


Los contraejemplos son miles y miles: desde el citado chiste del loro a las películas de los Tres Chiflados, que parecían terminar cuando se cumplían los minutos de rigor, sin remate ni resolución ni explicación alguna. Una de estas películas terminaba con los Tres Chiflados subidos a una bala de caÑón, volando por el cielo y acompaÑados por un hombre lobo. Nada menos hilarante que esta imagen, que provocaba más desasosiego que otra cosa. Pablo Fayó, el dibujante cantor, sugería que estos cómicos terminaban la película .cuando se les acababa el rollo..


Otro ejemplo podría ser este final .standard. de las tiras cómicas, utilizado por Quino y por Liniers:


sinremate.gif


Como se ve, no hay aquí un .remate. propiamente dicho. El cuadrito final ni siquiera es un .epílogo., porque en los cuadros anteriores tampoco se percibe ese .chiquipumba.. Pareciera que el remate estuviera como flotando por ahí, arriba del chiste y no en su interior (tampoco son los mejores chistes de estos autores, pero ese es otro tema).


Luego, está el recurso largamente utilizado por los cómicos argentinos de terminar siempre con el mismo latiguillo (.Y, si no me tienen fe.; .Nada que hacerle, el que nace para pito nunca llega a trompeta.; .¡Petronilo, la patria te queda chica. ¡Pegá la vuelta!., etc.). Esta es una forma de eliminar por repetición el remate, de quitarle importancia, o de no inventar uno diferente todas las semanas. De nuevo, escuchamos la objeción del cagatintas desinformado cuyo único faro humorístico parece ser Monty Python: .Lo que pasa es que se tiraban a chantas, hacían eso para no laburar..


No, flaquito. No. En realidad, preferían dedicar sus energías creativas al desarrollo, no al remate, porque sabían que es en el desarrollo donde estaba lo bueno, el tuétano, el alto papón. Donde la risa llegaba a los puntos más altos. Como en el famoso chiste de .Los aristócratas.; se trata este último de un chiste clásico y horriblemente escatológico que cuentan los cómicos norteamericanos, donde la gracia es el tronco y el remate es tontísimo. El comediante Chevy Chase organizaba en su casa concursos de contar .Los Aristócratas., y la consigna era que no debía durar más de media hora. Obviamente, todo el mundo conocía el remate, pero no por ello el chiste dejaba de ser gracioso.


Quienes están .esperando el remate., quienes se desinflan ante un remate flojo, son los mismos que valoran más el postre que la cena, la eyaculación que el sexo, la llegada que el viaje, saber quién es el asesino que disfrutar de la intriga. Son los ansiosos, los eternamente insatisfechos, los eficientes, los bilardistas, los mezquinos. Están esperando la Muerte, y cuando ésta ocurra exhalarán .como en la canción de Peggy Lee- un .¿esto es lo que era la Vida?.


Resumiendo: aconsejo a los educandos de estas Clínicas que no se preocupen por el remate. Después de todo, puede conseguirse con un trabajo intelectual; y por el contrario, el talento humorístico es más físico y emocional que racional. Hay una historia muy buena en este sentido.


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