SÍ, EXTRAÑO EL TENER AUTO. EXTRAÑO EL RUGIR DE SU MOTOR, SU DESLIZARSE EN LAS CARRETERAS PORTEÑAS A 270 KM/H, SU VARONIL AURA DE PODER ENVOLVENTE Y sí, claro, seguro, extraño no tener que viajar en colectivo, o mejor dicho, extraño no tener que esperar el colectivo. Viajar el colectivo puede ser entretenido. Esperar el colectivo debe ser una de las pérdidas de tiempo más fútiles e irritantes que se hayan inventado, especialmente cuando esperás colectivos de mierda que no vienen nunca, como hago yo.
Sin embargo, hay una cosa que no extraño, una cosa mágica y liberadora y que me arropa durante las noches invernales: No extraño el estacionamiento. Estacionar no sólo es un EMBOLAZO, si uno lo piensa bien es una de las tareas que más contradicen todo lo que hemos aprendido en la vida.
¿Qué es lo primero que aprendemos en la escuela primaria, es decir, la primera frontera que nos divide entre bebés y seres humanos?: El valor de las “cosas”. “Cuidá tus cosas”; “Acordate de traer tus cosas”; “Por favor no te olvides la campera en el aula, es nueva, tenés que cuidar tus cosas”; “¿Qué hiciste con los 36 lápices de colores que te compré antiyer de los cuáles sólo quedan el blanco y el ‘color piel’? Por favor, hijo mío, antes de irte de la escuela revisá abajo del pupitre para no perder tus cosas”. Sí, admito que la enseñanza del sentido de la propiedad privada no tiene el mismo valor ético que la de, no sé, el Coraje, la Nobleza, la Santidad o incluso la Higiene, pero en este tiempo y lugar es más o menos necesaria.
Aprendemos entonces que es importante, para conservar nuestras “cosas”, dejarlas en un “lugar”. Si no las dejamos allí, la codicia ajena, el viento o los duendecillos las harán desaparecer. Aprendemos también que el procedimiento tiene una relación costo / beneficio bastante pequeña. Simplemente, hay que dejar la “cosa” en un “lugar” (por ejemplo, en ese turucuto que ponen abajo del pupitre) y con volver a revisarlo, recuperaremos nuestra “cosa”. Sencillo, básico, infalible.
El automóvil contradice todos estos conceptos. Conseguir el “lugar” para nuestra “cosa”, en este caso, puede llevarnos a un infierno de stress, furia y violencia homicida del que es muy difícil regresar. A veces tardamos más en el proceso del estacionamiento que en el traslado, cosa que nos enfurece lo indecible; y cuanto más interesante es el lugar al que queremos ir, pareciera que más difícil se hace estacionar, y más lejos de dicho lugar debemos dejar el vehículo.
Y entonces, la relación “cosa / lugar” se invierte y la lógica queda patas arriba; la “cosa” empieza a perder valor ante nuestros ojos, al punto que preferiríamos que desapareciera o se desintegrara, o que un ladrón nos lo arrebatara a punta de pistola con tal de librarnos de esa pesadilla. Valoramos más, debido a su escasez, el “lugar” que la “cosa” –que en ese momento nos parece excesiva y sobreabundante-, y si aquel tiene veinte centímetros menos que el largo de nuestro automóvil, nos arriesgamos a abollarlo y acordeonarlo o arrancarle el paragolpes con tal de encajetarlo en el espacio disponible.
No, en esos momentos uno envidia al peatón y al pasajero y se siente como el mítico Sísifo, cargando una roca que volverá a rodar al pie de la montaña una y otra vez, mientras el resto de la Humanidad vuela libre y ligero de carga, sin límites, ni ataduras, etéreo y pleno.
Sólo cuando inventen el coche descartable, o que se desintegre en partículas una vez utilizado, o el sistema de “auting” o el “valet-parking” universal o el auto que siga circulando solo y vuelva cuando lo necesitamos será el automóvil una Máquina Perfecta: Hasta entonces, aprovecho los momentos –eternos, indescriptibles, llenos de hastío y soledad y tirria- de espera de colectivo para regodearme en éste pensamiento: “Aahhhhh, no tengo que dejar mi ‘cosa’ en su ‘lugar’; acá la única ‘cosa’ soy yo.” Lo que ya es más que suficiente.
Miren, la inquietante “Balada de una trompeta” de Raphael (robado del FB de Pablo Fayó)
jueves, 9 de junio de 2011
¡Macabra reflexión sobre estacionamiento!
Suscribirse a:
Comentarios de la entrada (Atom)
No hay comentarios.:
Publicar un comentario