Lección 19: La Observación Humorística
Dentro del infinito espectro que cubre las diferentes variables del humorismo, existe un recurso que parece prestarse a algunas confusiones: la “observación humorística”.
Si bien no hay rama del humorismo, me atrevería a decir del arte, que no dependa en mayor o menor medida de la observación de la realidad, es en el monologuista de stand-up o locutor radial moderno donde ésta se muestra prácticamente desnuda, prescindiendo de aditamentos como “chistes”, “retruécanos”, “remate”, “slapstick”, “caricatura”, “monos”, “gordos” o “enanos”, por mencionar sólo algunos trucos de otras ramas del humor. Procede entonces el Seinfeld de turno a describir algún tema más o menos común a la mayoría del género humano –desde el matrimonio a la masturbación, pasando por la compra de queso rallado o el coleccionismo de boletos capicúa-, para encontrarle un aspecto irrisorio, y ponerlo en evidencia mediante los mecanismos de la hipérbole o la comparación arbitraria.
Lamentablemente olvidan algunos humoristas de carrera o de facto, que para que su obra se considere una “observación humorística”, debe ser una observación, pero también debe ser humorística. Graciosa. Les falta la parte del chiste. La de que cause risa. Es así como, ya que la observación está al alcance de todos –no así el humorismo- que muchas personas han adoptado una actitud de ácido comentarista de la realidad por el sólo hecho de contar con ojos, contribuyendo en grande al irritante fenómeno de los “comediantes sin gracia”: Jorge Lanata, Mario Pergolini, Baby Etchecopar son sólo algunos de los ejemplos más notables.
Para entender un poco cómo actúa este fallido mecanismo, leamos –en lo posible en voz alta y con un micrófono delante- este breve monólogo humorístico sin humorismo:
“¿Vieron alguna vez esos negocios donde un tipo con una máquina cortadora de fiambre te corta fiambre? Fiambrerías, se llaman. Síiii… Veo que muchos saben de lo que hablo… (Aplausos) Sí, muchos han entrado a alguna fiambrería. ¿Trataron alguna vez de comprar fiambre en uno de esos lugares? (Mirada cómplice al público) ¡Es lo más parecido a entrar a un negocio de compra y venta de insumos alimenticios que vi en mi vida! (Pausa para risas) Uno entra, y dice ‘buenos días’, porque por lo general abren de día… Claro, a veces uno va a la tarde y debe decir ‘buenas tardes’, pero ese es otro tema (risitas) Luego dice ‘quiero cien gramos de jamón crudo’ (Pausa para risas) Entonces ¿qué hace el tipo? ¡Toma el jamón ¡de una heladera que hay bajo el mostrador! (Mirada de desconcierto fingido al público) Después, lo pone sobre un aparato que parece que sirve más para cortar fetas de fiambre que otra cosa (risas) ¡Y empieza a cortar el jamón en fetas! ¡Fetas de fiambre! (Se ríe de su propia observación humorística sin humorismo) ¡El mismo fiambre que hemos venido a comprar! Shaaaak, shaaaak, shaaaak, shaaaak… (Hace la mímica de cortar el fiambre y envolverlo) Y en treinta segundos corta cien gramos de jamón crudo, que sirve más para comérselo que para otra cosa, le pone encima, no sé si alguna vez se fijaron, una lámina de papel plástico para separar fiambres y por fin lo envuelve en papel de un tono grisáceo. ¡Papel! ¡Grisáceo! ¡Incluso usa este mismo papel para anotar el importe del fiambre! Porque, y acá viene lo mejor… ¡Al fiambre que queremos adquirir hay que pagarlo! (Risas y aplausos histéricos) El tipo, por su producto, quiere que le paguemos con dinero de curso legal vigente… ¿Alguna vez han tenido que pagar algo? (Algunas personas del público levantan tímidamente la mano) ¿Usted? ¿Usted también? Todos, ¿no es así? Es uno de los mecanismos básicos de transacción en la sociedad capitalista. Sería muy extraño que ninguno hubiera tenido que pagar algo. (Pausa) Yo también. Yo también he pagado algo. ¿Vieron cómo es? ¿Se han fijado cómo es el acto de pagar algo? Uno saca unos billetes de la billetera, no sé si se han fijado que son de distintos colores, se los da al comerciante que le ha tocado en suerte, este los agarra… ¡Y uno puede llevarse el producto adquirido! (Risas) A veces, no sé si alguna vez les ha pasado, uno tiene un billete de valor demasiado alto y paga más de lo que vale el producto… ¿Se han fijado lo que ocurre entonces? ¡El comerciante te da ‘vuelto’! (El publico estalla en carcajadas) ¿Qué es eso del ‘vuelto’? ¿Acaso el comerciante se ha vuelto loco? ¿Hemos sido transportados a una dimensión donde todo es al revés? No… ¡Nos está devolviendo lo que hemos pagado de más! (Risas y aplausos) ¡Gracias, buenas noches, espero que la hayan pasado bien!”
Por lo tanto, si va a ud. dedicarse a hacer una observación humorística, procure antes de intentarla el no ser un pelmazo. Yo sé que es mucho pedir, pero ud. puede, bueno, no sé, por ahí no.
martes, 14 de junio de 2011
¡Clínicas de humorismo: Lección 19!
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