lunes, 13 de junio de 2011

¡Claro, claro, no, sí, en eso tenés razón, no, claro!


Me tomó 43 añitos entender lo que mucha gente aprende en su adolescencia o en su rebeldía juvenil: que el aclarismo es UNA PESTE y NO SIRVE PARA NADA. No me siento solo, sin embargo (y con esto no digo que esté mal sentirse solo o que estar solo esté mal, nada que ver): parece que o la gente está obsesionada por la aprobación ajena o que el resto de nuestros interlocutores son medio boludos y hay que explicarles todo (y con esto no me refiero a todo el mundo, sólo a una GRAN MAYORÍA de medio boludos, aclaro esto porque después la gente se ofende), pero parece que hoy por hoy cada dos palabras hay que aclarar algo.



Si decís que estás en contra de la burka hay que aclarar que ojo, tampoco estoy a favor del imperialismo yanqui o de la ultraderecha francesa, no, claro, para nada. Si te declarás contra la baja de la imputabilidad en seguida hay quye decir que no, no, igual estoy contra el homicidio, claro, no, el homicidio es re feo, no, no esto de acuerdo con el homicidio y ojalá que no te toque el homicidio y a mí tampoco, y si te declarás a favor de Cuba hay que aclarar que no, no, no me parece bien que fusilen gente, no, que horror, no, claro. Y no es que tenga nada contra los negros, tampoco. No, ya sé que nada que ver, pero lo quería aclarar, por las dudas. Y no es que esté mal que haya dudas, yo no creo en eso de “la duda es la jactancia de los intelectuales”, eso es re facho, nada que ver y tampoco creo que todo en la vida sea lo intelectual, no, no, hay otras cosas, claro.



Lo peor es que el aclarismo tampoco te gana amigos. La gente no se acuerda de tus aclaraciones, como tampoco lee las notas al pie de página ni las cosas entre paréntesis, o esas letritas chiquititas que hay debajo de los titulares de los diarios. Y con esto no quiero decir que toooooda, tooooda, toooooooooooda la gente sea ignorante, bruta, analfabeta, pelotuda, que no haya superado el primer grado o que lo haya superado ampliamente y sin embargo no se acuerde de nada y sea inferior, y no, por favor, no tengo nada contra la gente ignorante, ni tampoco contra le gente inferior, y no, no me creo superior a todo el mundo, ni siquiera racialmente, y sí, esto fue una especie de chiste, claro, porque también tenés que vivir aclarando los chistes.



No sólo es que la gente no le presta atención a tu aclaración: se la toma como una especie de cola de paja (y que conste que considero que la masturbación es lo más sano del mundo, y no tengo nada contra la pornografía, aunque, claro, aclaro que me parece terrible que alguien se vea obligado a esa actividad para poder llevarse el pan –u otras cosas- a la boca. Lo de la “otra cosa” aclaro que fue un chiste. Aclaro que sé que es de mal gusto mezclar cosas de sensibilidad social con un chiste tipo Yayo, ya sé, ya sé). Y te vienen con eso de “no aclarés que oscurece”. Aunque aclaro que la oscuridad no tiene nada de malo, por ej., sirve para dormir, y no es que la gente que duerme sea superior racialmente a la que tiene insomnio, no, claro, ¡por favor!



Fijate que hasta Hebe de Bonafini, tal vez la persona más políticamente incorrecta del mundo, aclaró cuando festejó la caída de las torres que no se alegraba de la pérdida de vidas humanas. Sin embargo, hoy le siguen reprochando hasta el infinito su declaración –con ese “acting” de indignación ofendida que le gusta adoptar a mucha gente- como si se tratara de un monstruo sediento de sangre (aunque no recuerdo que aquel 11 de setiembre en bares, oficinas y la calle la gente se rasgara particularmente las vestiduras por esta tragedia un poco impresionantee pero ajena y lejana). También aclaró, en ocasión de la muerte de Alfonsín, que respetaba el dolor de sus allegados, pero que tenía que recordar el ninguneo a que Alfonsín sometió a las madres en su momento. Y sin embago se la criticó duramente como una insensible y una desubicada (curiosamente, nadie le dijo nada al pelmazo de Fernando Savater cuando salió a criticar a Benedetti dos días después de su muerte).



Me da la impresión de que antes la gente no aclaraba nada. Que tiraba la bomba y después que se arreglen; no me imagino a Perón aclarando algo, ni tampoco a Leonardo de Vinci, ni a Godofredo de Bouillion ni a Moctezuma ni a Eric el Rojo aclarando cosas.



Me da la impresión además, de que si el prójimo está decidido a crucificarte lo va a hacer aclares o no aclares, y por el contrario, si les caés más o menos simpático podés hacer el quilombo del siglo y te van a seguir palmoteando la espalda. Como que la “censura social” ya viee escrita con premeditación. Por lo que si tengo alguna vez que escribir un manual de autoayuda, empezaría diciendo “ni te molestes en aclarar, explicar o justificar, que es un gastadero de saliva que podés utilizar en actividades más agradables”.



La cosa es que yo terminé, ya está, me pudrí, no more nice guy, pero yo no aclaro más absolutamente nada de lo que diga. Me aburre. Y arranco esta solemne promesa diciendo que a Hebe –y sólo a Hebe, no a aquel otro ni al de más allá ni al de más acá-, el monstruo, la autoritaria, la psicópata, la insensible y antipática envuelta en el más putrefacto pantano de corrupción ( y las aclaraciones, que las hay pero no pasan de una serie de perogrulladas para subnormales se las dejo para que se las imaginen pero yo me las ahorro) la sigo bancando a muerte.



Bueno, sí, sí, pará, la última, la última, claro, lo de “a muerte” es una manera de decir, una hipérbole, pará, no, claro, che, que tengo chicos, ja, ja, no, pará.


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