El 15 de junio pasado falleció mi papá.
Una de las cosas que me llevé de su departamento es este cuadro. Cuando perdió su trabajo -creo que en el año 80- empezó de cero con su propia empresa; en un ataque de crudo realismo, decidió especializarse en “hacer de todo”, desde comercializar cordero y circuitos integrados a artículos para buzos, por lo que se presentaba como “Loquevengólogo”; así que en ese momento lo homenajeé con el presente retrato. Luego fue volcándose en su especialidad, la electrónica.
Pero a los 78 conservaba su capacidad para dedicarse –y con un entusiasmo que todavía le envidio- a múltiples intereses, siendo sólo algunos de ellos el aprendizaje del Photoshop, la escritura de cuentos y la fabricación de pilas con limones (experimento que intentó en mi casa junto a mi hijo mayor, con polémicos resultados), así que entiendo que nunca abandonó la Loquevengología del todo.
No sé si esto sería causa o consecuencia de su permanente buen humor pero es para tenerlo en cuenta.
miércoles, 29 de junio de 2011
El Loquevengólogo
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