viernes, 2 de julio de 2010

¡Y sí, soy prácticamente un personaje clásico de la literatura!





Leemos:


.Todos los objetos visibles, amigo, no son sino máscaras de cartón. Pero en cada acontecimiento, en el acto vivo, en la acción resuelta, algo desconocido, pero siempre razonable, proyecta sus rasgos tras la máscara que no razona. ¡Y si el hombre quiere golpear, ha de golpear sobre la máscara! ¿Cómo puede salir el prisionero, si no atraviesa el muro? Para mí, la ballena blanca es ese muro que me aprisiona. A veces pienso que no hay nada más allá de él. Pero es bastante para mí. Me obsesiona, me desborda: veo en la ballena una fuerza atroz poseída de una perversidad inescrutable. Ese algo inescrutable es lo que odio por encima de todo: sea la ballena blanca el mero agente, sea la ballena blanca el amo ordenador, contra ella descargaré mi odio. No me hables de blasfemia; ¡golpearía al sol si me insultara!. (Moby Dick, Cap. XXXVI, .La Toldilla.)


O sea, entonces no me tengo que reprochar lo de que ayer me estuve putiando una hora con un tipo de Atención al Cliente; ya sé que es completamente inútil y que es medio cobarde pelearse con un pobre diablo que POR LEY está obligado a decirte .seÑor., incluso mientras te trata de pelotudo. Es casi como patear a un mendigo -bueno, un mendigo muy especial que hace de cancerbero de un tipo que te está sacando plata.


Pero sea el tipo el mero agente o el amo ordenador, uhhhh qué bien que se sintió golpear sobre la máscara. Miren, Igor volvió con todo. El .gritador de goles. es mor-tal.


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