(Obra de teatro hipotética con el problema técnico de que el autor se encajeta en poner muchos .apartes.)
ACTO II
(AGAMENóN está en su trono, junto a su asistente VESPASIANO. La luz que se filtra por la ventana indica el momento del atardecer)
AGAMENóN: (Sombrío) Ya el carro de Faetonte se hunde en las profundidades de Occidente; ya el ejército de Crepúsculo invade lentamente nuestras tierras, asolándola con las alabardas de la Melancolía.
VESPASIANO: ¡Conozco la cura para vuestro mal, Oh, poderoso Agamenón!
AGAMENóN: ¡Entonces pídele prestadas las alas a Mercurio, mi fiel Vespasiano! ¡Ve, ve, y trae esa botella de hidromiel de Persia, trofeo de la batalla de Ganímedes! ¡Ve, ve! ¡Ve!
(Sale VESPASIANO)
AGAMENóN: Ahora, mi única compaÑía son mis propios temores. Ya Kruger, dios de las pesadillas, intentará envenenar mi alma. Pero, ¿quién se acerca? ¡Si es Loomis, hijo de la Reina!
(Entra LOOMIS)
AGAMENóN: ¡Ah! ¡Loomis! ¿Qué vientos te depositan en el recinto real?
LOOMIS: ¿Es que acaso no puede el hijo de tu amante esposa visitarte por el sólo hecho de hacerlo? (Aparte) ¡Ah, Hipocresía! ¡Benditas sean tus alas!
AGAMENóN: Ven, Loomis; acércate. Hace tiempo que no sé nada de ti, ni de los rumores de Palacio. Siéntate junto al trono de este viejo monarca y relátale qué fruslerías ocupan hoy al Mundo.
LOOMIS: ¡Oh! No quiero preocuparos, mi rey y padre. Mejor es que os ocupéis de las cosas importantes, que de las pequeÑas intrigas deben ocuparse los pequeÑos.
AGAMENóN: (Preocupado) ¿Intrigas? ¡Habla, Loomis!
LOOMIS: No, no, no pasa nada, todo bien, todo liso.
AGAMENóN: (Angustiadísimo) ¡Suelta las bridas de los corceles de tu lengua, hijo de mi Corazón! ¡No llevó Jerjes un Imperio adelante temiendo a las malas nuevas!
LOOMIS: (Aparte) Ya es mío; ya la semilla de la duda está plantada, y solo queda regarla con el rocío de la calumnia. (A AGAMENóN) Es sólo de las intenciones de Vespasiano, vuestro fiel ayuda de campo, que se habla en los pasillos de palacio. Hay quien dice haberlo visto reunirse en secreto con Napoleón.
AGAMENóN: ¿Napoleón? ¿Mi acérrimo enemigo? Pero. ¿Es posible? ¡No, no! ¡No puedo dar crédito a tus palabras!
LOOMIS: (Aparte) Ya está; ya es mío. Ya las alimaÑas de la desconfianza, cargadas de la ponzoÑa más poderosa, se multiplican en cada rincón húmedo de su alma. (A AGAMENóN) Bueno, bueno, capaz que me equivoqué. Después vengo (Se retira).
AGAMENóN: ¡No, detente! ¿Encender la mecha y luego alejarse como un perro cobarde? ¡No es este el Loomis que crié como al hijo de mis entraÑas! ¡Detente!
LOOMIS: (Aparte) Ya es mío. Mis redes están tendidas. Sólo queda esperar que el atún se amanse por completo y se entregue.
AGAMENóN: (Aparte) ¿Acaso es posible? O me traiciona mi hombre más fiel, o me miente el hijo de mi amante esposa muerta. ¿Cuál de las dos infamias puedo adquirir por menor costo? (A LOOMIS) ¡Exijo pruebas de tu acusación, Loomis!
LOOMIS: (Aparte) Me exige pruebas. ¡Rápido, Astucia! Despliega las alas de tu poder, antes de que mío sea un negro destino.
AGAMENóN: (Aparte) No responde con velocidad. SeÑal de que la Mentira puede ser la mora que tiÑe su lengua. Debo fingir confianza para entrever las costuras de su narración.
LOOMIS: (Aparte) ¡Oh, Astucia! Cómo tardas. ¿Por qué no previste que el Rey exigiría pruebas? Una idea empieza a formarse en mi cabeza. Una idea que puede proporcionarme la salida a través de esta Selva Oscura. No, no, se me fue.
AGAMENóN: (Aparte) Habla como para otro lado. Pero acá no hay nadie. Raro, raro. ¿Acaso los gremlins de la locura serán quienes hablan a través de su garganta?
(Entra VESPASIANO. Trae una botella de hidromiel)
VESPASIANO: ¡He vuelto, oh, poderoso Agamenón! Ah, veo que estáis con Loomis. (Aparte) Cuidado, Vespasiano. Una serpiente habita Palacio.
LOOMIS: (Aparte) Mal momento para la llegada de este perro faldero. Pero, tal vez sea bendición. (A AGAMENóN) Mejor seguimos nuestra conversación en otro momento, oh, Rey. (Aparte) Yastá, con esta zafé.
AGAMENóN: (A LOOMIS) Pará. (Aparte) No puedo exigir pruebas de la infamia con el acusado presente. Pero, ¡rápido! Saludemos a Vespasiano antes de que desconfíe. (A VESPASIANO) ¡Ah, volviste, mi fiel Vespasiano! (Aparte) Pero que no aproveche la serpiente a escaparse. (A LOOMIS) Bancá, bancá. (Aparte) ¡Rápido, astucia! ¿Con que ardid puedo retenerlo? (A LOOMIS) Bancá un cachito más. (Aparte) Pero la que te pan con queso, no se me ocurre nada.
VESPASIANO: (Aparte) De extraÑo modo se comporta el Rey. Habla como para un costadito todo el tiempo. ¿Será, tal vez, mi oportunidad para asestarle el golpe de gracia? (A AGAMENóN) Os veis cansado, oh, Agamenón. ¿No será un buen momento para tomaros un descanso de varios meses?
LOOMIS: (Aparte) Pero, ¿qué veo? El perrito faldero oculta un lobo dispuesto a clavarle una dentellada a mi presa. He de apurarme a quitarlo del medio. Pero, ¿cómo? ¡Astucia, Astucia! ¡No me abandones como Teseo a Ariadna!
AGAMENóN: (Aparte) ¡Percibo una maliciosa intención en Vespasiano! ¿Tendría razón el abyecto Loomis? ¿Y por qué? ¡Si siempre he sido para el fiel Vespasiano como un padre!
VESPASIANO: (Aparte) Ahí escuché. Se pregunta .hablando a un costadito como un loco- cuáles serían mis razones para destruirlo. ¿Acaso la feroz masacre de mis hermanos no es motivo suficiente para la venganza? (Aparte del aparte) Ya está; he convencido al público de que tengo motivos para la venganza. No saben que soy hijo único. (Aparte) ¡Ay, ay, ay, mis pobres hermanitos!
AGAMENóN: (Aparte) ¿Qué hermanitos??? ¡Es un chanta! ¡Nada que ver!!!! (Aparte del aparte) Ya el público de la obra es mío; No saben, y Vespasiano tampoco, que en realidad maté a sus padres! (Aparte del aparte del aparte) Nada que ver, no le hice nada, pero tampoco quiero quedar como un pobre viejo infeliz.
LOOMIS: (Aparte) A veeer. Le digo queee. No, no. ¡Oh, Astucia, amante infiel!
VESPASIANO: (Aparte) Podría aprovechar que están todos hablando a un costadito como unos locos para clavarles un estilete en las costillas. (Aparte del aparte) Y sin motivo, porque soy hijo único, como ya dije. (Aparte) ¡Sí! ¡Por mis hermanos! ¡Ay, ay, ay, mis hermanitos, qué desgracia, ay, ay, ay! (Aparte del aparte) Soy un actorazo.
LOOMIS: (Aparte) ¡Ya está! Le digo a Vespasiano que lo está buscando una chica. (A VESPASIANO) ¡Vespasiano!
VESPASIANO: (Aparte) Uh, ahora qué quiere este. Yo me hago el que no escucho, total estoy hablando a un costadito.
LOOMIS: ¡Yujuuu! ¡Vespasianooo! ¡Che, Vespasiano! (Aparte) No me escucha, está hablando a un costadito como un loco.
AGAMENóN: (Aparte) Ya me llenaron los gü Los sacaría a los dos a patadas, pero estoy atrapado en esta especie de dimensión meta-lingüte;stica en la que hablo al costadito. ¡No puedo hacer nada!
VESPASIANO: (Aparte) Pero, ¿qué me pasa? ¡No puedo salir de esta .burbuja dimensional.!
LOOMIS: (Aparte) ¡Ah, esa es buena! ¡Aprovecho que los dos están en la burbuja esa y me mando a mudar! Pero. ¿Qué me pasa? ¡Yo tampoco puedo hacer nada más que hablar con unos seres imaginarios que están al costadito! ¡Socorrro!
(Se suspende la obra de teatro por problemas técnicos. Sepan disculpar las molestias)
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