Ayer di mi examen final de crítico, para la materia .Crítica Lapidaria.. A ver qué les parece (la verdad es que me rompí el lomo, me vi hasta el trailer de la película):
La decisión de abandonar .como perros . a sus históricos compaÑeros de aventura cinematográfica para rodearse de jóvenes rubios y musculosos que ha tomado el desde hace por lo menos una década descendente Martin Scorsese en su senectud (¿o deberíamos decir .senilidad.?) habla mejor de la ayuda proporcionada por su terapeuta en ayudarlo a salir del placard que de la salud de sus facultades cinematográficas.
En este caso, el inmundo bulín elegido se llama .Los Infiltrados., y narra la deleznable historia de un policía, precisamente, infiltrado (otra muestra de la ineptitud imaginativa del traductorado nacional) entre un grupo de delincuentes; es decir, lo que llamaríamos un .buchón., lo que da cuenta de la estrepitosa caída ética del director de los sobrevalorados conjuntos de clichés estéticos .El Toro Salvaje. y .Buenos Muchachos..
El film, dirigido con asombrosa torpeza incluso para un notoriamente incapacitado como Scorsese, comienza mal y a los cinco minutos inicia su inexorable caída en picada hacia los subsuelos de la ignominia y el espasmo mental, llegando a niveles de execrabilidad pocas veces vistos en la historia del cine y el arte en general; lo ayudan, en esta lamentable desventura, el siempre inepto Leonardo di Caprio, que nos viene castigando con sus caritas de nene bueno desde hace aÑos .parecen siglos, y el sorprendentemente ocupado .Cara de Piedra. Matt Damon, que podría ganarle un concurso de inexpresividad a una pared de basalto y cuya presencia en esta película sólo puede explicarse a través de evidentes favores sexuales a algún pez gordo; para aÑadir el castigo al insulto, completa este trío infernal el intolerable Jack Nicholson, ese azote de la actuación, cuya cara se caerá a pedazos el día que decida aflojar los músculos de su boca, si es que no se la parte antes un espectador justamente indignado.
Un párrafo aparte merece el guión, pobre, confuso y desatinado. No se sabe quién es quién y los diálogos parecen haber sido escritos por un mono en una extraÑa proto-lengua. La iluminación es lamentable .no se ve nada .y el sonido no supera el nivel del ensayo de un grupo de rock barrial. Pero es el menos aventajado alumno de un cursillo, ya no de fotografía sino de origami para ciegos, el encargado de llevarse las palmas como el peor director de fotografía de la Historia.
Resumiendo un poco, a juzgar por la ridículamente extensa cantidad de gente que aparece en los créditos, podríamos decir que si los atentados al Buen Cine fueran penados con la Muerte, esta película tendría como resultado un verdadero genocidio, sólo perdonable por la sobrevaloración del cine, ese truco barato de feria con que Hollywood intenta lavarnos el cerebro.
Por otro lado, el cine al que fui era horrible y las alfombras estaban raídas y llenas de chicle, por no hablar de los espectadores, la maloliente piara de rufianes más feos y estúpidos que se hayan visto en sala cinematográfica alguna. El inimputable encargado de cuidarme el auto abandonó el paraje a los cinco minutos y por poco me lo lleva la grúa (la peor grúa que se haya manejado en la Historia del Automovilismo); y podría hablar horas de la pizza que comí luego en mi casa (una de las peores casas que se hayan construido en la Historia de la Arquitectura, sin techo ni baÑo ni nada), que por poco me hace devolver hasta lo que comí en la Navidad pasada.
Y no hablemos del resto del Universo, que parece haber sido creado no por un Dios sino por el enano de jardín más viejo y despintado del planeta, evidentemente incapaz de armar una serpiente de Plastilina, no digamos ya de diseÑar un Cosmos entero.
El resultado: Un film para ver.
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