Casi simultáneamente al Premio Nobel de la Literatura entregado este fin de semana a P. (que el Maestro exhibe orgullosamente junto al Nobel de la Paz cosechado el aÑo pasado), se han alzado las sempiternas voces críticas, denunciando sus pecadillos políticos del pasado. ¿Se trata de acusaciones movidas por la envidia o debe P. Hacer un definitivo mea culpa de sus errores de juventud?
Pidiendo una oportunidad, el Maestro nos recibe en su finca estilo meditarráneo, construida dentro de su palacete sobre la Avenida Libertador. Con su eterna sonrisa, definida como benevolente o diabólica según si el observador es o no empleado del Maestro, nos recibe en su ya característica sunga de leopardo, y nos convida con un vaso de agua de la canilla y un ají puta parió, y listo para un reportaje sin concesiones.
Maestro, en primer lugar , felicitaciones; en segundo lugar, ¿qué puede contestar a la denuncia .muy bien documentada, por otra parte .sobre su apoyo brindado en su momento al Proceso de Reorganización Nacional?
P: (Una sombra cubre su mirada) Bueno… Es realmente un hecho del que prefiero no acordarme… Pero la realidad es que muchos argentinos no sabíamos de lo que se estaba llevando a cabo. No nos enteramos, o no queríamos enterarnos. Algunos incluso pensábamos que Videla representaba la .línea blanda. de las Fuerzas Armadas. No lo justifico, pero la información que nos llegaba era incompleta. (Traga saliva) No sé si con esto podemos dar por terminado el reportaje.
Pero Maestro, ¡su última declaración de apoyo la dio la semana pasada!
P: Síii, síii. Ya sé. Es interesante la objeción esa. Pero lo que pasa es que salgo muy poco, por el tema de mi pierna, y además no compro los diarios .vos sabés que el contacto demasiado estrecho con la actualidad a veces es un obstáculo para la creación. Y la tele la tuve mucho tiempo clavada en el 9 por el cambiacanales trabado y un día se me terminó de romper, hace ya veinticinco aÑos. Fue bastante gracioso. Tenía las dos manos ocupadas con sendos vasos de vodka y…
¿Y la radio, Maestro?
P: Aaah, la radio me parece un medio sumamente autoritario, nefasto, perverso, porque no logro enganchar con el dial las estaciones que me gustan, así que un día me pudrí y la dejé clavada entre dos estaciones. Me relajo con el ruidito ese que hace. Ffffffffffruiiiii. (Se levanta y me da la mano) Bueno, creo que con esto podemos dar por aclarado todo este enojoso asunto. Por favor si lo ves a Bayer decile que la pare, que un error lo comete cualquiera, ¿no?
¡Espere, Maestro! Hay otro temita que no está claro, y es sobre su recientemente revelado apoyo al nazismo.
P: (Otra nube vuelve a cruzarle el rostro) Bueno, yo no sabía… Cuando Hitler subió al poder y yo era un muy joven propietario de una cervecería en Berlín, sólo creíamos que…
Fue anteayer.
P: ¡Ah, ESE apoyo al nazismo! Bueno, en este caso sí debería hacer un mea culpa, porque si bien no leo diarios ni libros ni tampoco veo tele, debo confesar que sí vi .La Caída., donde ya se veía que el tipo estaba bastante locatelli. Pero lo que pasa es que no llegué al final -justo cayó un matrimonio amigo -y asumí que después Hitler comprendía todo y se hacía bueno, lo mismo que el resto de sus jerarcas, y se dedicaban a reparar el daÑo. A eso me refería con mi apoyo. Por eso, hago un mea culpa, por ser un .colgado., aunque también tiene un poco la culpa la película .La Caída., por no saber atrapar al espectador; tampoco me gustó mucho el actor que hacía de mí, un emprendedor miembro de la guardia de seguridad del Fuhrer, un papel secundario pero yo creo que con muchas posibilidades. (El Maestro se para y me vuelve a ofrecer la mano) En fin, entiendo que todo aclarado así que damos por terminada la…
Disculpe, Maestro, hay más acusaciones.
P: Y dale.
¿Qué puede decir de su entusiasta apoyo al Ku Kux Klan americano, a la Conquista del Desierto, a su apología de Slobodan Milosevic y a Hiroshima y la Guerra de Vietnam, la masacre de los lusitanos por parte del Imperio Romano en el 150 a.c. y su promoción gratuita del fanzine .Furia Skin.?
P: ¿Y cuándo fue eso?
Cuando entré, antes de ofrecerme el vaso de agua.
P: Ah, síii, síii. Ya me acuerdo. (Una sombre cubre su rostro) En esa época yo estaba muy confundido. Lleno de furia, y aparte estaba mal orientado. Y además tuve una formación muy jodida -mi viejo odiaba a los lusitanos -y el clima social en esa época -cuando entraste .estaba sumamente enrarecido. Y aparte era más joven que ahora. ¿Podemos dar por terminada la entrevista? Esto es muy doloroso.
Está bien, Maestro. ¿Me podría dar el Nobel?
P: ¿Cómo?
Me encargaron de la Fundación Nobel que, en el caso de resultar verdaderas las acusaciones, que le pida que devuelva el premio. Así se lo dan a otro que sea menos s****e.
P: ¿La plata también? Porque ya me la gasté.
Eso háblelo con la gente de Tesorería. Por ahora deme la estatuilla.
Al Maestro una sombra le cubre el rostro. Toma la estatuilla dorada en forma de cartucho de dinamita de su repisa (ornada con las fotos de algunos de los más grandes genocidas de la Historia) y me ofrece el premio. Lo tomo. Tiro de él. El Maestro no lo suelta. Le pido que lo suelte. El Maestro empieza a hacer pucheros. Después, llora abiertamente, moqueando e hipando, y se tira al piso, pataleando, amenazando con no repirar .se pone violeta .y luego pide perdón y dice que va a ser bueno y que no volverá a lanzar declaraciones apoyando ningún genocidio. Me conmuevo.
Maestro, yo le creo. No se preocupe. Voy a hablar con los de la fundación Nobel.
P: (Se suena la nariz) Gracias, querida. Sos muy amable. Tenés mucha ternura, mucha capacidad de perdón, como todas las mujeres. Justamente comentaba en una conferencia el otro día que, por esta inocencia, este instinto maternal, habría que intentar que no lleguen a cargos públicos y en lo posible limitarles el acceso al mercado laboral, fijate que…
Pero damos la entrevista por terminada. El Maestro está cansado, y duerme el sueÑo de los grandes, de cara al sol, su sombrero Palm Beach levemente reclinado sobre su frente, apenas disimulado el hilillo de sangre que sale de su frente después de haberle partido el Nobel en el cráneo. Y me alejo, pensando en los insondables laberintos de la Redención.
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