Bueno, después de varias semanas con esto de Facebook y la mar en coche he llegado a la siguiente conclusión: ¡Cuánta gente que hay!
No, porque yo sé, que a primera vista, así sin profundizar mucho esto parece una perogrullada, como que dicho así nomás puede sonar a pavada, a una reflexión inconducente, pero es una realidad. Hay un montón. Y cada uno con su cara, sus cosas, etc. Eso es lo tremendo. Porque una cosa es decir “Y, gente hay un montón” en el concepto de gente tipo escenografía de carne, esa gente que cuando uno va por la calle está ahí con el único objetivo de girar alrededor de uno -que es, por cierto, el centro del universo.
Pero otra es ver “gente” una por una, y encima cada una tiene su fotito con cara, y pelo y uñas, y a cada uno le gusta algo, tiene nombre y apellido, trabaja de algo, vive en determinado lugar, tiene tales y cuales amigos (¡que también hay un montón!) y todo así. Ehhhhh, pará.
Es mucho. Es demasiado. Demasiada gente, demasiada información. Ahí te das cuenta de por qué el mundo anda como anda. Por favor, que el Gobierno empiece a limitar la cantidad de gente, no sé, que hagan como con los autos, que un día haya la gente cuyo DNI termine en número par y otro día la impar. Pero terminemos con esta locura.
Escuchame, ponele que en el Facebook tenés, no sé, doscientos cincuenta amigos que ya es un montón. Imaginátelos todos en tu departamentito. Es un exceso, ¿no? ¡Y así todo sigue habiendo más gente! No para, no para, no para. Con su foto, su cara, etc. ¡Es mucho! Y parece que no se termina nunca. Y hay más, y más, y más.
Bueno, nada, era eso. Hay mucha gente.
Miren, algunas personas me piden que escriba algo sobre la campaña “Vos sos bienvenido” de Macri, pero sabés qué pasa, no creo que se pueda superar lo que hizo Igor.
miércoles, 25 de mayo de 2011
¡Revelan cosa!
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