miércoles, 11 de mayo de 2011

¡Macabro desfile de conclusiones sangrientas!


LA OTRA VEZ FUI A DAR SANGRE Y luego de someterme a las preguntas de rigor –si alguien me ha ofrecido dinero para dar mi sangre, si ando en la droga, si practico sexo inseguro, si me revuelco en la prostitución, si tengo tatuajes o piercings o si escucho rock pesado y demás chequeo acerca de la pureza de mi sangre-, someterme al proceso de sangrado (en unos sillones muy cómodos y frente a un enorme plasma donde pasaban unos videos de reggaetón con minitas bailando –algo que me resultó un poco extraño luego de semejante test de puritanismo, aunque desde luego no me quejo-; sumado al leve relajamiento psíquico producido por la extracción de sangre confieso que fue uno de los momentos más agradables de mis últimas semanas –le faltó un whisky on the rocks o, mejor, un bloody mary-, a un punto que no entiendo por qué esta práctica aún no se ha extendido como forma de entretenimiento. Ok, tiene la desventaja de que te sacan sangre, pero dudo que esto sea más dañino que ir a un tenedor libre, ponele) y por fin, someterme al refrigerio, consistente en café con leche de la máquina y bizcochuelo instantáneo, me fui.



Pará. Pero antes del refrigerio, hubo una parte del proceso que yo creo que es nueva. Y bastante significativa. Porque te dan un papelito donde te preguntan, como por última vez, algo así como “¿SEGURO QUE SU SANGRE ES SEGURA? MARQUE CON UNA CRUZ LO QUE CORRESPONDA: A) SÍ, MI SANGRE ES SEGURA, POR FAVOR ÚSENLA, B) NO, MI SANGRE NO ES SEGURA, NO LA USEN”, y respondés en forma completamente confidencial, y finalmente la ponés en un buzón. Como que si te hiciste el boludo hasta ese momento, tenés una última oportunidad para no andar repartiendo bichitos gratis.



Conclusiones:



1) La gente que te saca sangre no tiene la menor confianza en la sinceridad de los dadores de sangre, ignoro si por sucesivos desengaños luego de analizar las donaciones o por ver mucho “Dr. House”.

2) La gente tiene tanto miedo a la opinión de amigos y familiares que, fíjense qué interesante y aterrador, es capaz de mentir en el test previo, permitir que le pinchen la vena y le saquen medio litro de sangre antes que admitir que anduvo poniendo y sacando cosas donde no debe. Tanto que sólo puede llegar a sincerarse si avisa en secreto a los sacadores de sangre pero puede decirle a sus familiares “sí, sí, fui a dar sangre, ya está”. Aunque la suya haya que tirarla a la basura (y con el gasto innecesario que esto conlleva de elementos descartables, sillones, videos de reggaetón y bizcochuelo!). O sea, este debe ser uno de los momentos en que la humanidad ha alcanzado su punto más bajo de inseguridad personal, lo que explica la industria de los libros de autoayuda y, tangencialmente, la del piercing.

3) Por otro lado, cuando alguien ya se tomó la molestia de dar su líquido vital y especialmente ¡AYUNAR!, ¿es creíble que vaya a decir la verdad en el epílogo, sólo porque le ofrecen un papelito secreto?

4) Me resulta un poco injusto por otro lado que en el cuestionario previo se discrimine a quienes dan su sangre por dinero; O sea que se equipara a un DADOR PROFESIONAL con un loquibambi que todavía no se enteró de la existencia del Sida. Un ejemplo más de cómo este sistema discrimina al pobre. Y no me vengan con que es para evitar que a la gente se la explote. Escuchame, sillones, bizcochuelo gratis y videos de reggaetón, qué no daría yo por tener esas condiciones de trabajo.

5) Desde este mismo momento juro ante Dios que dedicaré cada segundo de mi vida a hacer todo lo posible para evitar que alguna vez necesite que me den sangre de otra persona, aunque llegado el caso, sí, dame sangre de tatuado, acepto que eso es mejor que tener las venas vacías, pero en fin.


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