viernes, 20 de mayo de 2011

¡Macabra reflexión sobre Demoliciones!


SI TUVIERA QUE ELEGIR A ALGUIEN PARA QUE SE ENCARGUE DE MI VEJEZ, eligiría a un Experto en Demoliciones en Espacios Mínimos. Este oficio, descubierto en un programa de esos de Discovery (el tipo tenía que derribar una chimenea de ladrillos en medio de un complejo habitacional que algún boludo decidió dejar ahí como monumento histórico) tiene todos los números para ganarse el premio a la Sabiduría Universal.



Hasta ese momento pensaba yo que había dos únicas actitudes con las que era posible enfrentar la Atrocidad de la Existencia: Una, aquella en la que nos oponemos tercamente al Universo y sus desgracias haciendo el mayor quilombo posible, generando caos, esplosiones y destrucción a nuestro alrededor. Llamémosla “Me voy a llevar a unos cuantos conmigo”, o “La Gran John McClane” (o “La gran Bin Laden”, si querés); y la otra, la del hombre sabio que acepta su destino final con gracia y sin hacer nada. La “Actitud Zen”, digamos.



Convengamos en que la segunda opción, por muy oriental y sabia que nos suene nos parece –con una mano en el corazón- una reverenda porquería. Hasta el más temeroso mantequita tiene dentro un “Macho Alfa” que pugna por salir y a quien el viejito zen le parece muy bien para las estampitas pero nunca va a estar en el afiche de la película. No significa esto que todos nos animemos a agarrar la ametralladora a la primera de cambio (por favor, que se entienda que estoy hablando de una ametralladora metafórica) y más de una vez dejamos que todo caiga en las garras de la Entropía mientras observamos con expresión estupefacta y mascullamos “Ah… Bueno… Hagamos… No… Pará… A ver, hagamos un presupuesto… No… A ver… Pará… Ehhhh…”.



Una “Actitud Zen Involuntaria”, ponele. Soy comprensivo respecto de la debilidad humana –especialmente con la mía- y entiendo esta actitud. Al Zen sabio y valeroso, que no hace nada a propósito, en cambio, no lo entiendo. Soy demasiado occidental.



Por fin, ambas opciones obtienen el mismo resultado final: La Destrucción Inevitable de Todo. El Final. El Apocalipsis. El Big Crunch. Avísenme si les estoy cagando el fin de semana. La Oscuridad y el Frío Eterno. El Caos Primigenio. Etc. Etc. No hay forma de ganar la batalla; pero podemos elegir cómo hundirnos.



Y ahora, el Experto en Demoliciones Controladas en un Espacio Mínimo aparece para moverme la estantería. Fíjense la sabiduría ancestral del tipo: Ya sabe que la chimenea se va a caer, pero en lugar de hacerla volar de un bazookazo o sentarse a esperar (tal vez tapándose los oídos), toma las riendas y la destruye él, pero minimizando el impacto. Y es una actitud difícil, porque hay un complejo habitacional alrededor. Hay juegos para niños. Mascotas. Ventanas con vidrios. No envidio su posición, porque está aún más destinada al fracaso que las otras dos: Se ha propuesto un objetivo dificilísimo, destruir y esplotar algo pero sin que vuele una esquirla, y en un espacio mínimo. Es un idealista, un humanista, un mártir. Y aparte demuele cosas así que también es un “Macho Alfa”. No, las tiene todas el guacho.



¿Y qué somos nosotros sino chimeneas a punto de derrumbarse y rodeadas de complejos habitacionales? Sí, vos también; no te guíes por ese aceptable resultado de tu análisis del colesterol. Entropía está a la vuelta, emboscada tras esa mancha oscura, ese colectivero imprudente, ese comentario desafortunado, ese jefe que se levantó de mal humor, y a punto de lanzar sus dardos untados en Enfermedad, Muerte, Ruptura y Despido.



Si fuera sólo por nosotros, si sencillamente estalláramos como pompas de jabón y con ellas nuestra influencia en los negocios del mundo no sería tan grave. Lamentablemente, cada derrumbe nuestro genera sus daños colaterales. ¡Y allí aparece nuestro nuevo Ideal!



En mis últimos días, si puedo costearlo, llamaré a un Experto en Demoliciones Controladas en Espacios Mínimos para que me desmantele de a poco. Lo imagino como Harvey Keitel en “Pulp Fiction”. Primero, necesitaría que me opere la parte del cerebro que me da las ganas de vivir, así todo me chupa un huevo. Luego, me irá reemplazando los órganos vitales por aparatitos con botón de “on/off”. No estaría de más que tenga algunas habilidades de barman, para hacer el proceso más agradable, y de relacionista público, para presentarle a mis seres queridos excelentes personas que me reemplacen como pareja, padre y amigo; y que forme a jóvenes weblogueros para seguir manteniendo en orden mis tareas.



O sea, todas cosas que yo no voy a hacer; si alguna vez alcanzo la sabiduría del Experto en Demoliciones Controladas en Espacios Mínimos, tal vez me haga cargo yo mismo. Por ahora me siento más inclinado afectivamente a la “Gran Bin Laden” e infinitamente más capacitado para la “Actitud Zen Involuntaria”



Y al otro, al zen en serio, no hay caso, no lo entiendo, te juro que no lo entiendo.


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