(Fragmento de una novela hipotética con el problema técnico de que el autor se encajeta en poner muchas metáforas e imágenes literarias)
Loomis se restregó los ojos. Se despegó de su almohada, que había quedado abrazando su cabeza como un cachorro de koala sin huesos, y se incorporó lentamente.
Se calzó las pantuflas apeluchadas que le había regalado su nieta Susan, y que le hacían sentir que llevaba una alfombra portátil, y se dirigió hasta el baÑo, su ermita privada. Allí se miró en el espejo, esa ingrata ventana a su propio rostro, y se empapó con agua helada, ese rocío artificial.
Qué ironía, pensó Loomis. A pesar de ser uno de los hombres más ricos de Norteamérica, la Disneylandia del mundo, no se sentía en el lugar más feliz de la Tierra. La Muerte, como un tsunami de Nada, había arrastrado a su esposa al Océano de la inexistencia; o de la Muerte (un tsunami de Nada). Y él mismo estaba sufriendo por la enfermedad que corroía sus huesos, como una piraÑa interior. De nada servía ya la batería de medicamentos que tomaba a diario, como un ejército de arponeros que atacan piraÑas interiores (o sea, la enfermedad de él).
La única luz que iluminaba su vida era Susan, luz que iluminaba su vida. Y su hijo Robert, tal como si fuera un conserje encargado de apagar la luz que iluminaba su vida, la había apagado – al arrebatársela. Ahora Loomis se sentía a oscuras (o sea, ya no veía a a Susan. Pero no porque no hubiera luz, sino porque ella era la luz, metafóricamente), y sentía que vivía con torpeza, como si entrara a una habitación oscura y se tropezara con los muebles. ¿Qué muebles? Los muebles de la indecisión y la ira. El sofá del vacío existencial. La mesa ratona de la amargura. La pata de hierro de la silla de la depresión. ¡Y cómo le dolía el dedo chiquito del pie de su alma!
Y pensar que tenía que ir a la reunión de accionistas .ese periódico aquelarre en honor a Mammon- a oscuras, es decir, cargando esa fría piedra en su alma (la dolorosa ausencia de Susan). Porque Susan era la luz que iluminaba su vida y la ausencia de piedras en su alma, mientras que su falta era la Oscuridad y presencia de piedras. ¿Se entiende? O sea, era como ir a oscuras, tropezándose con los muebles y con una piedra en el Alma, esa bolsa interior que cargaba la gasolina que hacía andar el automóvil de su existencia -ese caballo sobre el cual iba montado el .cow-boy . de su consciencia, que era ese locutor radial que anunciaba a cada segundo la hora, la temperatura y el estado de tránsito de su percepción. No, las cosas no podían ir peor.
Loomis salió del baÑo y apagó la luz, la luz de verdad, no la metafórica, la luz con la lamparita y la fibra de tungsteno (ese Alambre de la Modernidad); apagó, en definitiva, la Susan que iluminaba su baÑo. Qué ironía, pensó.
Se calzó sus zapatos de Armani, jaulas de oro de sus pies, y ató los cordones, chalecos de fuerza de sus zapatos de Armani, jaulas de oro de sus pies, mientras pensaba si votaría a favor de la permanencia en el Directorio de Robert, esa protuberancia de su propio ser, esa mala fotocopia de sí mismo, esa flatulencia escupida por el vientre de su esposa .la luz que iluminaba su vida antes de que el tsunami de Nada se la arrebatara y de que Susan se convirtiera en la luz que iluminaba su vida- y que le despertaba un intenso odio, ese Lobo de la bolsa interior que cargaba la gasolina del automóvil del caballo montado por el .cow-boy. del locutor radial que anunciaba a cada segundo la hora, la temperatura y el estado de tránsito de su percepción. Si su voto .esa Opinión con Espadas- era en contra, Robert (ese conserje que apaga la luz) le apagaría la luz definitivamente y Susan no volvería a iluminar su vida. O sea, Susan de verdad, la nena, no la Susan que iluminaba el baÑo de Loomis. Y con el problema de la piedra que se instalaría definitivamente en la bolsa de la gasolina esa (la del .cow-boy. y todo eso).
Y si votaba a favor, el conserje que apagaba su vida no tardaría en apoderarse del tractor que cosechaba el verde maíz que lo protegía: su Empresa (el verde maíz sería el dinero). Y Loomis, ese Justo Cancerbero del Poder, no dudaba que el conserje utilizaría el tractor para atropellarlo y quitarle todo el maíz. O sea, es un coserje pero también es como un granjero. Y como un cuatrero, porque roba maíz, un cuatrero vegetariano, ponele. Puede ser el conserje de una escuelita rural, pero una escuelita rural que tenga luz eléctrica, para que el conserje la pueda apagar. Y cada tanto ¡hop! agarra el tractor y atropella al Cancerbero, que muere sin emitir un .guau., y se afana todo el maíz.
Loomis golpeó la mesa, el lecho de los manjares, con su puÑo de acero, martillo pneumático hecho de músculos, poseído por la furia, increíble Hulk de la Psique. Mientras hacía el nudo, huracán de fibras, de su corbata, engaÑosa horca de seda, contemplaba su rostro, .identi-kit. de sí mismo pegado a su cuerpo humano, en el espejo, ingrata ventana a sí mismo, y juraba, contrato metafísico, que no permitiría, barrera de la Voluntad, que Robert, cuatrero vegetariano, granjero asesino de cancerberos y conserje apagador de luces de escuelitas rurales modernas, Recintos del Saber de nuestra Tierra Adentro, se apoderara, Patio de Recreo de la Ambición, del Tractor, toro salvaje de las Pampas, horizonte despelgado, y despojara, ave carroÑera del materialismo, al cancerbero, Guardián de las Almas Perdidas, de sus riquezas, puÑales de la Opresión capitalista. Entonces, Máquina del Tiempo presente del Reino de los Adverbios, se, gigante egoísta de los pronombres personales, irguió, verbo potro de tormento, y, conjunción celestina.
(Se interrumpe la novela por inconvenientes técnicos. Sepan disculpar las molestias)
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