Año 2086. Fuera, el mundo acaso ha reventado o sigue su marcha, es o un Paraíso o un Infierno de mutantes y nubes tóxicas, pero él no lo sabe, ni le importa. Ya hace tiempo que su vida transcurre en su Matrix personal, hecha de Facebook, Twitter, Chopochopocho y sobre todo, Blog. No recuerda la última vez que habló con un ser humano cara a cara o aunque sea teléfono a teléfono. Su mente, su cuerpo (completamente atrofiado y conectado a cientos de cables) y su espíritu –que, ya sabemos, no existe- están entregados a la actualización cada vez más esporádica de su blog (si entendemos “esporádico” como un gentil eufemismo por “¡Jamás!”).
Hace más de medio siglo que no escribe a diario (¿tal su orgullo en los inicios de su Arte!); sus múltiples obligaciones y la natural decadencia de la raza humana lo han convertido en una máquina de tener intenciones; Intenciones de tener ideas, intenciones de plasmarlas y, por último, intenciones de publicarlas, hecho que se realiza con un botón, pero maldita sea si recuerda cuándo tuvo la oportunidad de accionarlo por última vez. ¿Cinco años? ¿Diez? ¿Veinte? En unprincipio su producción había descendido a la semanalidad; luego a la mensualidad y el trimestre. Una vorágine de espaciamiento se sucedió luego, hasta el día de hoy, en que ya ha dejado de tachar el calendario contando los días desde que empezó a pensar en el tema de su próximo “post”. ¡Y es que prácticamente no hay temática, género, estilo o actividad interactiva que no haya ya agotado! ¡Desde la novela de caballería hasta la diatriba municipal, prácticamente todos los ítems del Saber Humano han pasado por sus dedos y su teclado!
¿Ese es el problema entonces? ¿Teme “repetirse” ¡Nanay! Ya ha repetido hasta la repetición, más de una vez involuntariamente y el resto habiendo perdido todo viso o máscara de vergüenza. No renuncia a repetirse por respeto al lector, que ya ha enviado cartas personales y disclaimers afirmándole que le perdonarán que haga una vez más el chiste del poste telefónico. Lo hace porque ha agotado incluso las instancias de repetición posibles: Se ha repetido tantas veces –las más con una mezcla de desesperación y cinismo protector- que éstas ya no encuentran espacio ni físico ni virtual en el Universo.
¡Ah, pero no renuncia a la tarea! Aún se aferra a la esperanza de que sus empeladores le peguen una purificadora patada en el culo (y la sola y placentera idea lo hace llevarse los dedos al bolsillo, donde conserva el teléfono de su abogada laboral, junto a la que se regodea en la fantasía de los trillones que les tocarán por daños y perjuicios). ¡Pero renunciar, nunca! ¡Es el camino de los débiles, los fracasados y los razonables! ¡Y no ha construido un micro-imperio que se agota en sí mismo apelando a la racionalidad! No, aunque le lleve otro siglo se ha jurado que escribirá otro “post”. Entonces, una sombra, una chispa, algo vagamente parecido a una “idea” toma forma en un rincón oscuro de su encéfalo. Con esta sensación como motor, desesperado (si podemos imaginar a esta letárgica criatura en ese estado) se arrastra, amorfo y con la respiración agitada, más una oruga o una ameba que un escritor, hasta su supercomputadora de 500.000 gigavatios. Estira sus dedos (el sonido de los entumidos huesos al crujir ensordece la cuadra, mientras él se hunde en un subsuelo de dolor), y los acerca, con una lentitud rayana en la inmovilidad, al teclado. Y allí, nada. No, la idea no se le ha escapado. No, tampoco ha decidido que era desechable. Sencillamente, no era una idea. Era un fantasma. Uno de tantos ecos de glorias pasadas, que pasean por los pasillos de su mente como locos en un frenopático, confusos y convencidos de que tienen veinte años y están en otro sitio. Estos fantasmas son frecuentes en su rutina. Lo acosan dos o tres veces al día, obligándolo al triste esfuerzo de arrastramiento infructuoso. No importa, Lo ayudan, por lo menos, a agitar un poco –ya que no a accionar- su circulación sanguínea.
Pasmosamente, del otro lado, en terminales de computadora, oficinas y cybers, existen aún “lectores” y “comentaristas” siguen esperando. Están convencidos, con una fe religiosa llena de fervor e irracionalidad de que el día está por llegar; el día en que el moribundo bloguero vuelva a la carga con sus 2,7 kb de entretenimiento ligero. Preparan sus comentarios, con la benevolencia acostumbrada, arrojando piadosas mentiras sobre sublimidad, risa física y escupimiento de monitores con que en el pasado acariciaban su ego. Y los días pasan, y nada. No es un alegre montón, no. Los sobrevivientes no han de pasar la quincena en cantidad, aunque juntan varios siglos en lo etario. Su estado mental no es mucho más límpido que el de su Mesías, y el paso del tiempo ha hecho estragos en sus cuerpos y rostros, que dicho educadamente podrían ser exhibidos en el Museo de Atrocidades más sórdido y barato de la galaxia. Pero están, están. Y el blogero lo sabe, y el remedo de desesperación y culpa que a veces lo cosquillea ataca de nuevo.
¡Entonces, la medida desesperada! ¿Por qué no escribir acerca de la imposibilidad de escribir? Todos los artistas lo han hecho alguna vez. Los textos sobre bloqueos de escritor o autoconmiseración artística se agolpan en manada en las bibliotecas. En mi opinión deberían estar prohibidos, como no sea en forma de alegoría futurista y semi-poética, ya que es el recurso más al alcance de la mano de un autor. Pero se perdonan. Nadie le dirá nada. ¿Por qué no? Aunque sea para hacer tiempo y despertar simpatías. Ríe de alivio y alegría por haber encontrado esta ingeniosa solución, y su risa se escucha como la tos de un perro, y desde dentro de sus entrañas exhala un polvo maloliente.
Y entonces, recuerda que sus últimos 57 escritos tratan del mismo tema, hasta haber alcanzado la cuota máxima permitida. Y recuerda la primera vez que escribió un “artículo” de esta clase. Un día infausto, que marcó el interminable comienzo del fin, fin que –para peor- aún no se vislumbra. Y llora. Boooo hooo hooo, por baby, boo hoo hooo.
Miren, el blog de Sónoman.
jueves, 6 de septiembre de 2012
¡Escriben y luego publican bosta!
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