martes, 18 de septiembre de 2012

¡Clínicas de Humorismo: Lección 21!


Lección 21: La paradoja del amor/odio/amor



Hay una inmensa paradoja en la labor del humorista profesional: Buscando ser amado, se hace odiar, pero sólo haciéndose odiar –y exponiéndose a lapidaciones de toda clase- tiene posibilidades de ser amado.



En estos turbulentos tiempos en los que campea el odio, la intolerancia y la sensación de apocalipis permanente, no puede el humorista moderno sobrevivir contando chistes de salón. Debe apelar a golpes bajos, patadas en el esternón, rodillazos en las encías y barretazos en las costillas. No literalmente, claro. A menos que sea gracioso. No sé, depende. El caso es que la inocencia de un Pepe Biondi hoy sería menospreciada e ignorada (salvo cuando hace chistes de gordas, en cuyo caso seria considerado poíticamente incorrecto), y el gracioso profesional debe ser cruel y despiadado; de lo contrario, corre el riesgo de que no lo entiendan.



Esto, sin embargo, conlleva el riesgo de que las víctimas de su sardonismo se enojen con él. Y se la quieran devolver, a través de más sardonismo, o juicios, o páginas de repudio en Facebook o amenazas telefónicas o palazos, cosa del todo desagradable (a menos, de nuevo, que sea gracioso. Pero he notado que los palazos en la vida real no son tan graciososo como se ven en los Tres Chiflados. Debe ser por los efectos de sonido), más para seres sensibles y de temperamento melancólico y artístico como suelen ser los sujetos que nos ocupan.



Pero hay otro problema de fondo: incluso el más valiente y fornido de los humoristas podría llegar a sentir pruritos por burlarse, por ejemplo, de su tía Eulogia, 82 años, que cuando era chico le regalaba Milkybares pero que hoy es calificada de “Troglodita de Barrio norte” por su ingrato sobrino, por haber ido al cacerolazo. Y así con sus amigos y parientes que miran a Tinelli, o son viejos o boludos o ciegos o pelados, o son gallegos o están en una isla desierta o se visten para el culo o se caen al piso o entran a un bar con un inglés, un francés y un alemán o la mujer tiene a un tipo en el ropero, o son Menem o les cortaron una pierna y tantas otras cosas graciosísimas.



¿Debería entonces el humorista aislarse de todo contacto social y humano para ser eficaz sin culpa? ¿Debería encerrarse en una caja de cristal dentro de una caja fuerte en lo alto de una montaña erigida bajo 10.000 metros bajo el océano, para poder hacer mejores chistes sin prurito o autocensura? Sí, claro, es así, obvio, qué pregunta pelotuda. ¡Es la solución ideal! ¿Dónde firmo? Lo que pasa es que se le haría muy incómodo para cobrar sus cheques. Sí, ya sé! les pueden hacer una transferencia. Y, pero cómo voy al Coto. No problema, hay delivery. Pero entonces no podés hacer chistes a costa de los pibes del delivery, lo que es una pena porque son desopilantes.



Pero el problema es que el humorista, además, debe despertar cierta empatía en el lector para poder lograr una correcta comunicación. El humorista que riera salvajemente de todos y todo, sin el menor riesgo de ser insultado o aunque sea hinchado las pelotas en su blog, semejaría una deidad grotesca y malvada, un enajenado mono de mente humana encaramado sobre una palmera y cagándonos a cocazos mientras lanza chillidos de satisfacción, al tiempo que nos limitamos a observarlo desde abajo y agitar nuestro puño impotente. Sin posibilidades de recibir de cuando en cuando un piedrazo en el ojo, el humorista dejaría de parecernos gracioso para darnos bastaaaaante bronquita.



Por lo tanto, no hay otro camino: Salir a ganarse el odio de todo el mundo, para luego ofrecer alegremente el cuello a la guillotina popular. Una salida agresiva-pasiva, no muy lejos de algún tipo de conducta psicopatológica, y que si nos detenemos a pensar es casi una REGLA INQUEBRANTABLE en el resto de nuestras relaciones humanas –por lo menos en las que valen la pena. Sea esta tu divisa y tu destino, joven humorista, ofende hasta la más inocente de tus primas, pero luego ponte al alcance de sus puñitos y mordiscones para cerrar el círculo. Y por las dudas aprende Tae-Kwon Do.


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