ESTOY LEYENDO UNO DE ESOS LIBROS DONDE EL TIPO, EN ALGÚN MOMENTO (NO LLEGUÉ A LA PARTE, PERO TE AVISA EN LA SOLAPA) SE DA CUENTA DE QUE “se ha convertido en todo aquello que nunca quiso ser”. La verdá que ya me lo veo venir. El tipo, luego de quemarse el hígado en centenares de reuniones bodrias y negocios turbios y pisar varias docenas de cabezas llega a ser un exitoso empresario PODRIDO EN PLATA, con cinco cochazos último modelo, varias casas de fin de semana en diferentes playas y uno que otro yate (amarrado en los muelles de sus casas de fin de semana). Un día –en el que se ha levantado con un poco más de acidez estomacal que de costumbre- ve por la ventana un niñito pobre jugando feliz con una lata oxidada, recuerda su juventud no tan opulenta y dice con amargura “¡Ah! Me he convertido en todo aquello que nunca quise ser”. Y luego palia su ataque de melancolía con un whisky añejado en cubas de roble y un par de cortesanas del sudeste asiático.
No he escuchado en cambio una queja similar, pero proferida por alguno de esos desamparados de setenta años que viven bajo los puentes: “¡Oh! Me he convertido en todo aquello que nunca quise ser, un LINYERA MUERTO DE HAMBRE ACOMPAÑADO POR UN PERRO PULGUIENTO”. Tal vez es porque ya se presupone que el tipo nunca quiso ser eso; aunque no deberíamos descartar la creencia popular –difundida probablemente por algún organismo de propaganda neoliberal- de que los pobres pueden ser felices, que el dinero no hace la felicidad y todas esas ESTUPIDECES que sirven de colchón psicólogico preventivo contra una revuelta popular global con piedras, palos y molotovs.
La queja del multimillonario que ha llegado ahí “accidentalmente”, en cambio, puede leerse como un intento del tipo para salvar las apariencias: “Puedo parecer un GARCA SIN REMEDIO, pero en mi fuero íntimo lamento las decisiones que me han llevado a tener VEINTE PALOS VERDES en las Islas Caimán y una mansión con un EJÉRCITO DE ESCLAVOS que me hacen la comidita. Así que tan malo no debo ser”. Pobre millonario. Booo hooo hooo.
Todo esto nos lleva a lo que hoy me obsesiona: si “todo aquello que queremos ser” será tan tan tan buena idea. Por ejemplo, ¡yo nunca quise ser un trepador con la fama y el éxito económico como único horizonte! Y hoy compruebo que mi plan parece haberme salido bastante bien. Sin embargo, el resultado no me llena de satisfacción y orgullo por el éxito en la misión. No, en absoluto. No hubiera estado taaaan mal convertirme en “todo aquello que nunca quise ser”. Un poquito me salió, tipo tengo salario, obra social, pagué un crédito hipotecario, salgo en Wikipedia. Ahora, ¿no podré ser un poquito MÁS todo aquello que nunca quise ser? ¿O TODO? ¿No puedo ser otro de esos infortunados cuyos planes originales de ser unos POBRES DIABLOS han naufragado en el mar de sus abultadas cuentas bancarias? Y no es que me haya faltado voluntad para cagar gente, ¿eh? Capaz que me faltó intensidad, pero voluntad nunca.
A todos: les deseo con fervor, con un fervor muy parecido a una advertencia llena de horror mal disimulado en los ojos, ¡ojalá se conviertan en todo, pero todo, pero todo todo todo todo todo TODO aquello que nunca quisieron ser! Me lo van a agradecer.
miércoles, 22 de febrero de 2012
¡Macabra reflexión sobre lo que querés ser!
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