El Dto. de Excusas Estúpidas de Yo contra el Mundo tiene el orgullo de contar entre sus columnistas al Capitán Schettino, que realiza una nueva tanda de aportes para la satisfacción cotidiana de los usuarios:
“No quise huir de la Casa Rosada, tropecé, me caí (para arriba, hasta la azotea) dentro de un helicóptero y sin querer accioné la palanca que enciende el aparato. Después no lo pude frenar hasta la Quinta de Olivos.”
“No quise engañarte, querida, tropecé, luego debido a un espasmo nervioso involuntario (provocado por el mismo tropiezo) me desenganché la hebilla del cinturón, con lo que los pantalones –y el calzoncillo, cuyo elástico estaba enganchado a una presilla del pantalón- cayeron debido a la fuerza de gravedad y luego caí sobre esta señorita rusa de 22 años, de carácter alegre, que pedí por correspondencia accidentalmente el otro día cuando tropecé y me caí sobre el teclado de la computadora.”
“No quise hacer esa película de mierda, tropecé y caí sobre este guión de mierda que me trajeron sobre los robots asesinos esos y rebotó y cayó en mi Dto. de Producción, que hizo todo lo demás, luego, me tropecé de nuevo y me caí sobre la cámara, encendiéndola accidentalmente. Cuando me di cuenta ya estaba sobre un sillón en la gira de promoción, simulando ser entrevistado por Axel Kutchevatzky.”
“No quise sacarle el asiento a esa vieja renga, tropecé y caí sobre la silla (y debido a la propia trayectoria de la caída la empujé salvajemente) . Y debido al golpe en el culo me desmayé con los ojos abiertos y un tic nervioso muy raro que hace que parezca que estoy jugando al juego ese de la viborita en el celular.”
“No quise realizar ese genocidio de serbiohebreogitanoarmenios, tropecé –con una birome en la mano- y caí sobre un decreto que mis ministros habían redactado sólo por joder, medio como en broma, donde se ordenaba el exterminio de 11.000.000 personas y lo manché con tan mala suerte que el garabato quedó muy parecido a mi firma. Me enteré de lo que había pasado 11 años después –cuando me levanté- y ya era muy tarde”
“No quise subir esas fotos tuyas a mi Facebook donde estás practicando la autoasfixia erótica, tropecé y caí con el dedo índice para adelante sobre el mouse, y justo el cursor estaba sobre ‘publicar’. El por qué tengo esas fotos en mi propiedad es otra historia –muy graciosa- de la que ya hablaremos en otro momento. ¡Taxi!”
“No quise caerme al piso, tropecé y me caí. No, en serio, me tropecé. ¿Qué pasa? ¿Por qué no me creen? ¡Es lo más común del mundo! ¡Todo el mundo se tropieza!”
“No quise envenenar a mi maridito, tropecé y para evitar la caída me agarré de la tapa del frasco de veneno para ratas, y se desenroscó al toque, y al terminar de caer cayeron unos 1.500 gramos sobre el puchero que estaba haciendo. Luego se lo serví a Humberto, yo no comí porque la caída me quitó el hambre”
“No quise terminar tan rápido, tropecé –aunque estaba acostado, tropecé con las rodillas- y eso me hizo, al bajar unos centímetros mi campo visual, ver accidentalmente una foto de Scarlett Johansen en la película “Iron Man” que tengo –también accidentalmente- bajo la almohada, cosa que resultó en un estímulo psicológico excesivamente fuerte.”
“No quise gastarme todos los fondos de la empresa, tropecé en el cajero automático y voló mi billetera por los aires, y en la desesperación me quise agarrar de algo así que tomé la Banelco de la empresa para gastos de representatividad entre los dedos y luego, antes de estrellarme contra el piso, quise aferrarme de alguna cosa y la metí en la ranura del cajero automático, con tan mala suerte que mis dedos ‘tamborilearon’ justo justo la clave y el meñique tecleó la función de transferencia, con lo que fue todo a mi cuenta y ahí me lo comió todo el débito automático donde tengo incluidos mis gastos personales de yates, viajes a Montecarlo y escorts pelirrojas.”
jueves, 19 de enero de 2012
¡Lanzan nuevos “Schettinismos”!
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