domingo, 22 de enero de 2012

¡El Maestro P., cuestionado por los K.!


Tiempo hacía que este medio no me enviaba a entrevistar a P., tal vez debido a cierta renuencia de mi parte. Pero el enorme revuelo causado por su reciente invitación a abrir la Feria del Libro Metropolitana (resistida por los intelectuales del Gobierno) obligan a darle una vez más la palabra.



Esta vez no me recibe el Maestro en su coqueto semipiso de Plaza San Martín, debido al amparo que pesa sobre él (que lo obliga a no acercárseme a más de siete metros, ocasionados por los exabruptos que tuviera en la última entrevista con esta reportera) sino en un parque público, separados por un vidrio de veinte cm. de espesor y acompañados de un asistente social y dos agentes de la Policía Federal (me advierten que “no acepte nada de él ni le cuente nada personal”). Sin embargo, el trato es cordial (cordialidad ordenada por el Juez en lo Penal Armando Garimboldi).



¡Quién diría que su presencia causaría esta conmoción, Maestro!

P.: ¿Has visto, querida? En fin, es el precio que se paga por vivir en un país donde la intolerancia política se ha convertido en Política de Estado; donde el libre intercambio de ideas parece ser el nuevo “cuco” que amenaza al poder. Me siento como viviendo en la época de las listas negras.



¡Qué interesante que diga esto, Maestro, habiendo sido ud. en su momento un ferviente propulsor de las listas negras!

P: ¿Has visto? Sí, son ironías que nos ofrenda la vida. Pero hay una gran diferencia; yo supervisé –e incluso agregué varios nombres que a la Junta se le habían escapado- las listas negras durante un gobierno de facto. ¡Nunca se me hubiera ocurrido hacerlo durante un gobierno democrático! Es un verdadero mamarracho.



¿Tendrá que ver con que ud. se negó a trabajar en los sucesivos gobiernos democráticos?

P.: Sí, con eso y con que me parece un mamarracho.



¿Cree entonces, Maestro, que es un error vetar un autor por temas ideológicos?

P.: Por supuesto, querida, tanto más que estamos hablando de literatura. Pero hoy todo está ideologizado. Yo creo que al escritor hay que saber valorarlo más allá de su ideología; Sarmiento, Borges, Lugones, son todos grandes escritores a los que hay que juzgar más allá de sus opiniones políticas, que por otra parte siempre me han parecido bastante moderadas, blanditas, “progres”, como se dice ahora. Yo los hubiera fusilado por comunistas. No sé, me parece. ¿Acaso le hubiéramos prohibido a Borges abrir la Feria por sus deslices ideológicos, como casarse con una amarilla?





P.: No, ¿verdad? Así mismo, creo que mi participación en dos o tres Golpes de Estado, o cuatro, o cinco, no me acuerdo bien, o el llamamiento a alzarse a las armas que realicé en la última entrevista que me hizo el Dr. Grondona, o el arsenal que le compré a algunos grupos de tareas (cuyos datos no puedo revelar por temas estratégicos) con las regalías de El Ombligo del Embajador no deberían empañar el valor de mis obras; tanto más que, en su mayoría defienden con fervor el orden de las instituciones.



A eso iba mi siguiente pregunta. ¿No ve cierta contradicción entre novelas suyas como Democracia, la Madre Perfecta, El Fin de la Esclavitud y Mesías Marxista, y sus recientes declaraciones?

P.: Absolutamente.



“Absolutamente” sí o “absolutamente” no?

P.: ¿Ves? A eso me refería. Todo está ideologizado. Vos me pedís una definición ideológica (sí, no, etc.), y acá estamos hablando de literatura. Y en mi literatura está muy claro que yo defiendo la libertad, la justicia y la igualdad de los hombres ante todo. Ahora, si me lo preguntás como ciudadano, como hombre político, te contesto que no, para nada, que si no imponemos un sistema de castas con vallados electrificados, o libertad económica y legal absoluta para las castas superiores y esterilización de razas degeneradas nuestro modo de vida se va al tacho. Y si me preguntás si hay contradicción entre esos dos aspectos, yo te contesto “absolutamente”.



Sí, claro, es lo que me dijo recién.

P.: Exacto.





P.:



¿Entonces?

P.: ¿Ves? Entonces, entonces, que sí, que no, etc. Ehhhh, paráaaa. Esto es lo que yo considero una suerte de persecución ideológica. Después de esto, ¿qué sigue? ¿La quema de libros, que he condenado apasionadamente en El Aquelarre de las Ideas? ¡Un libro que hice quemar a la semana de su lanzamiento por patotas de skinheads que yo mismo lideraba, debido a las ideas subversivas y anarco-sindicalistas de extrema izquierda que contenía! Como ves, nadie me puede acusar de inconsistencia política. Además no sabés los problemas que mi coherencia me trajo con la editorial. Menos mal que me habían pagado por adelantado.



En su libro El Farsante en Decadencia, usted describe una situación muy parecida a la que nos ocupa: Un escritor fascista y reaccionario y de aspecto desagradable –bueno, eso interpreté yo- que debe inaugurar una Feria del Libro, que es atacado por unos sectores de un Gobierno. En su libro defiende la actitud de esos sectores casi casi con fanatismo y los justifica impecablemente. Incluso su libro termina diciendo “¡Noooo, cómo lo van a dejar hablar a ese pelafustán! Una vergüenza.”

P.: Exacto. De hecho, los intelectuales que ahora me cuestionan citan mi propio libro –de hecho yo les envié unos cien ejemplares autografiados de regalo- como argumento. (Se ríe) ¿Te das cuenta de la incoherencia de cierta gente? Ahora estoy escribiendo la segunda parte, donde al personaje este del escritor lo linchan en medio del discurso, y hago toda una apología larguíiiiisima de los tribunales populares. No sabés qué bien que me quedó.



¿Ha afectado en algo la actitud del Gobierno el contenido de su discurso inaugural?

P.: Y, ahora no me queda más remedio que hablar de política, de intolerancia, de mi propuesta sobre el sistema este de castas y de la palabra clave que sirve para que varias células de ultraderecha realicen atentados simultáneos en diversos edificios gubernamentales. Pero esto, claro –la palabra clave- es una sorpresa. En definitiva yo creo que será una inauguración muy jugosa, apasionante, con mucha discusión y explosiones.



¡Esperamos su discurso con mucha expectativa, Maestro!

P.: Pará, antes de irte permitime. (Se para y empiza a oler por encima del vidrio) Mmmmhhh, veo que seguís usando Fleurs de Passion… Y tu depiladora sigue usando cera de…



Me alejo, pensando en las contradicciones ideológicas, el precio de nuestra libertad y el choque de opiniones, mientras el Maestro se retuerce luego del electrochoque aplicado por los agentes de la Policía, que ahora le colocan el chaleco de fuerza y la máscara bucal.


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