(Nuestras cámaras visitan la reunión donde se presentó la idea para hacer la propaganda esa de “Claromecopa”. El hijo de Argulla enciende su proyector “tri-cañón” que proyecta en 3D y empieza a pasar una presentación realizada en CGI, por el mismo equipo que hizo “Avatar”. En su mano tiene, además, un puntero láser, con forma de espada láser de “La Guerra de las Galaxias”. Mira a su alrededor con una sonrisa de superioridad, viendo si ha logrado apabullar a su público con la opulencia tecnológica, y comienza a hablar)
EL HIJO DE ARGULLA: Bueno, para la campaña de verano de este producto hemos pensado en hacer una canción donde se enumeran un montón de cosas, con la locución de un referente televisivo de los 80, y…
ROLANDO: (El posible director del comercial) No, no. Eso no.
EL HIJO DE ARGULLA: (Da un respingo) ¿Qué?
ROLANDO: No, que eso no, todos los años lo mismo. Hagamos otra cosa. ¿Qué más tenés?
EL HIJO DE ARGULLA: (Re caliente) Disculpame, ¿vos sos el cliente, para aprobar o desaprobar nuestra campaña? ¿Quién carajo te creés que sos? Te lo digo con la mejor.
EL CLIENTE (Interpretado por el actor que hace de dueño de casa en “La Fiesta Inolvidable”): Bueno… Un poco de razón el Sr. Rolando tiene… Está un poco visto, ¿no?
EL HIJO DE ARGULLA: ¿Ajá?
ROLANDO: ¿Ves, Argulla, que no soy yo? Acá el Sr. Clutterbuck lo había notado.
EL CLIENTE: Bueno, lo noté cuando lo mencionó el Sr. Rolando.
(El Hijo de Argulla pasa la vista inexpresivamente de el Cliente a Rolando y de Rolando al Cliente. Sólo cierto erizamiento en la barba candado delata su estado de ánimo. Rolando mira al Cliente y luego a Rolando, entre incómodo y triunfal)
ROLANDO: Bueno, pero no importa, podemos ver las otras ideas.
EL HIJO DE ARGULLA: Esa era la idea. Preferimos profundizar en una sola buena idea, dedicando el esfuerzo de todo el equipo –el jueves nos quedamos hasta las cuatro de la mañana- en lugar de usar el viejo recurso de presentar tres ideas mediocres para que una parezca buena por comparación. Y decidimos invertir en todos estos aparatiuquis (hace unas evoluciones con la espada láser) para hacer una presentación acorde. Pero no importa. Dejá, dejá.
EL CLIENTE: (Medio afligido) Ah, ah, no sabía, bueno, por ahí la presentación la podríamos ver igual, ¿no? No se pierde nad…
ROLANDO: ¡Pero no, Sr. Clutterbuck! No perdamos el tiempo.
EL CLIENTE: Y, pero ya que estamos…
ROLANDO: ¡Pero no! ¿Para qué? Aparte Argulla dijo que no importa. ¿No Argulla?
(El hijo de Argulla cierra los ojos, reprimiendo un pequeño ataque cerebro-vascular)
EL HIJO DE ARGULLA: No. No importa.
ROLANDO: ¡Y bueno, entonces no jodamos más! Hagamos un rato de “brainstorming” y algo va a salir. Yo creo que en media hora lo liquidamos, tampoco la chantada de quedarnos hasta las cuatro de la mañana para hacernos los Fellini.
(El hijo de Argulla apaga la espada láser y se sienta con el cuerpo en un estado de semi-rigidez. El resto de su equipo se ve notoriamente deprimido y el ambiente es, por decir poco, algo lúgubre, aunque Rolando no parece anoticiarse)
ROLANDO: A ver, a ver, pensemos algo… Che, antes de seguir, ¿pedimos empanadas?
EL HIJO DE ARGULLA: No. Dijiste cuarenta minutos. Vamos a trabajar.
ROLANDO: No, yo para que sea más ameno. Bueno, no importa.
(Largo silencio. Los miembros del equipo del hijo de Argulla no se encuentran especialmente motivados. La mayoría garabatea cosas, o revisa sus mensajes de texto)
ROLANDO: ¡Pará! Ya está. ¡Uh, la tengo!
EL HIJO DE ARGULLA: (Fríamente) ¿A ver?
EL CLIENTE: ¡Cuente, cuente, Rolando!
ROLANDO: Podemos hacer que transcurra en Claromecó, y que agarren y le pongan “Claromecopa”. ¿Qué tul?
(Hay un silencio de unos tres segundos, y luego un estallido de carcajadas generalizado. El cliente, en cambio, apenas sonríe algo desconcertado. En el caso del hijo de Argulla y su equipo se trata de carcajadas estridentes, carrasposas, un poco malsanas. Rolando también se ríe un poco sorprendido, porque no esperaba una reacción tan positiva)
PUBLICITARIO JOVEN 1: ¡Ja, ja, ja, ja, ja, ja! ¡Claromecopa!
ROLANDO: Claro, claro, justamente es un juego de palabras entre el nombre del producto y…
EL HIJO DE ARGULLA: ¡Ja, ja! ¡Qué pelotudo!
PUBLICITARIO JOVEN 2: ¡Sí, re pelotudo! ¡Muy bueno, Rolando!
PUBLICITARIO JOVEN 1: ¡Qué boludo!
EL CLIENTE: Esteee… No entendí. ¿Entonces no lo usamos?
EL HIJO DE ARGULLA: No, no, es buenísimo. ¡Ja, ja, ja!
ROLANDO: ¡Ah! Ah. Ok.
EL HIJO DE ARGULLA: “Claromecopa…” ¡Ja, ja, ja, ja! ¡Qué pelotudo! ¡Qué forro!
EL CLIENTE: ¿Pero les gusta o no?
EL HIJO DE ARGULLA: Pero sí, pero sí, es que es uno de esos chistes tan malos que son buenos, ¿entiende, Sr. Clutterbuck?
PUBLICITARIO JOVEN 2: Claro, claro, es tan tan malo, tan tremendamente pelotudo que es gracioso. Por lo pelotudo.
ROLANDO: A mí no me parece tan malo.
LA ASISTENTE DEL CLIENTE: ¡Claro, Sr. Clutterbuck! A mí tembién me gustó. Es el típico “chistonto”, ¿ve?
ROLANDO: (Sonríe bobamente) ¿Pero por qué? No, no… Yo creo que es bueno. Es un juego de palabras.
PUBLICITARIO JOVEN 1: ¡Ja, ja, ja, ja, ja, ja! Qué pelotudo.
(Rolando frunce el ceño)
ROLANDO: Estás hablando del chiste, ¿no?
EL HIJO DE ARGULLA: Pero sí, pero sí, no te preocupes, Rolando, nos encantó la idea, no te pongas tan a la defensiva, lo que pasa es que es eso, es de esos chistes pelotudos que son re graciosos.
ROLANDO: Bueno, me alegro.
EL HIJO DE ARGULLA: Por lo pelotudo.
ROLANDO:: Mmmm.
ROLANDO: Encima, usando ese lenguaje retro, “me copa”. ¡Qué carcamán! ¡Podemos hacer una parte de la campaña donde se digan cosas tipo “tirame las agujas” o “jái, manso”!
PUBLICITARIO JOVEN 2: ¡Ja, ja, ja! Re antiguo, re desubicado.
PUBLICITARIO JOVEN 1: ¡Qué pelotudo! ¡Ja, ja, ja!
EL HIJO DE ARGULLA: Y seguimos desplumando a la generación de los 80. Falta nada más que lo pongamos a Willy Ruano, ¡ja, ja, ja, ja!
LA ASISTENTE EL CLIENTE: ¡Ja, ja, ja, ja! ¿Quién?
EL HIJO DE ARGULLA: Un tipo que… No importa.
EL CLIENTE: Bueno, si les gusta tanto esá bien.
ROLANDO: Bueno, sí, además no me parece que sea un chiste tan pelotudo, yo creo que tiene un lado sofisticado, poético que…
EL HIJO DE ARGULLA: Ah, pero tenemos que ver cómo cuidamos la imagen el producto.
PUBLICITARIO JOVEN 1: Claro, que la gente no identifique el producto directamente con esta pelotudez. ¡Ya sé! En el “spot” debería haber un personaje medio ridículo que proponga la idea.
EL HIJO DE ARGULLA: ¡Muy bueno! Claro, que sea como un acomodado… ¡Que sea el hijo del intendente!
PUBLICITARIO JOVEN 1: ¡Ahí está! Y que tenga cara de pelotudo.
EL HIJO DE ARGULLA: Claro, claro, que tenga bien cara de boludo, de forro desubicado bien parásito al pedo, bien bien pelotudo, bien reverendo conchudo hijo de una gran puta.
EL CLIENTE: (Preocupadísimo) ¿Pero eso no puede ser negativo para el producto?
EL HIJO DE ARGULLA: No, no, para nada, es para que no se crea que el producto –o la agencia que llevó adelante la campaña- cree que el chiste es bueno. Por el contrario, al presentar a un personaje deleznable que cree que la idea es buena, el espectador puede colocarse en posición de superioridad respecto de éste y sentir una identificación aspiracional.
EL CLIENTE: Ah, ah, veo que está todo estudiado.
EL HIJO DE ARGULLA: Sí. Se llama el “Efecto Cuac”.
PUBLICITARIO JOVEN 1: Yo ya visualizo la cara… El tipo seria así Así, con el pelo medio enrulado, medio narigón, barba…Con una chomba color verde…
ROLANDO: (Fríamente) Se parece un poco a mí.
PUBLICITARIO JOVEN 1: Bueno, a veces salen esos parecidos de casualidad.
ROLANDO: Incluso yo también tengo una gorra que dice “Lakers”, como el dibujito que estás haciendo mientras me mirás fijo.
PUBLICITARIO JOVEN 2: ¡Bueno, Rolando, dejanos aportar a nosotros también!
EL HIJO DE ARGULLA: ¡Claro, claro, dejanos por lo menos construir al personaje de este hijo de puta, forro, boludo, tarado, conchudo, sorete, cagón y que la mujer se garcha a su personal trainer!
(Rolando le tira su laptop por la cabeza y le abre la frente. El hijo de Argulla se toca, se ve la sangre y se enfurece, enciende la espada láser y ataca a Rolando, produciéndole severas quemaduras. Rolando toma el proyector tri-cañón y lo usa de escudo, para luego romperle la nariz en cuatro pedazos al hijo de Argulla con el mismo. Los publicitarios jóvenes 1 y 2 –y el 3, que permanecía en silencio- tratan de separarlos, pero se les escapan algunas trompadas contra Rolando, que cae al piso y ahí lo recagan a patadas ya sin ningpun tipo de disimulo. El hijo de Bacelli, por otro lado, no ahce nada, porque está de vacaciones en Florianópolis; el Cliente y su asistente se van horrorizados, pero al día siguiente aceptan hacer la campaña con la idea de “Claromecopa”, la idea es entendida exclusivamente por la “Generación Willy Ruano”, la compañía se hunde, arrastrando al resto de empresas de servicio de telefonía móvil y se vuelve al viejo teléfono de baquelita negra, impulsando nuevamente la industria de la baquelita que recauda millones y la Argentina se convierte en la “Capital Mundial de la Baquelita”, lo que dispara la economía meteóricamente y hoy por hoy somos una de las primeras dos o tres potencias económicas mundiales -aunque empiezan a surgir algunos problemas de cáncer por excesivo contacto con baquelita)
miércoles, 12 de enero de 2011
¡Los hijos de A & B se re malcopan!
Suscribirse a:
Comentarios de la entrada (Atom)
No hay comentarios.:
Publicar un comentario