martes, 4 de enero de 2011

¡Lanzan Manual de Urbanidad de Dificilismo!


Como todos sabemos, su profesión podría ser desarrollada sin que nadie note demasiadas diferencias, por un mono. Y eso en el caso de que no pudiera ser llevada a cabo por un palo apoyado contra el teclado de su computadora. Por supuesto, no queremos que nadie se entere, ya que orangutanes y palos son menos exigentes en cuanto a salario y ya sabemos lo impiadosas y desconsideradas que son las leyes del mercado.



Para prevenir estas eventualidades tan desagradables es que ofrecemos hoy este Manual de Urbanidad compilando y organizando las estrategias más comunes para fingir que lo que ud. hace parezca más difícil de lo que es.



PARA, ANTES QUE NADA YO QUIERO ACLARAR QUE MI TRABAJO NO ES NINGUNA BOLUDEZ. ME PARECE QUE NO ES BUENO GENERALIZAR Y…



Uh, ya empezamos con el tema de la sensibilidad. Se ve que tenés mucho tiempo libre.



BUENO, EHHH AHHHH OOOHHH, OK. PREGUNTA: ¿ES ÉTICO EL FINGIMIENTO DE DIFICILISMO?



No sólo es ético sino que es una obligación moral. Si ud. hace las cosas muy rápido y bien, corre el riesgo de hacer quedar mal a sus compañeros de trabajo, con la consiguiente pérdida de afecto -y proliferación de teclados escupidos- que esto acarrea. De hecho, en sus primeras semanas de trabajo es esperable que ud. haga las cosas aún peor que su marca habitual, implicando de ese modo que sus compañeros debieron atravesar un largo y complejo aprendizaje para llegar a su status actual (“pegador de estampillas medianamente competente”).



¿QUÉ DEBO TENER EN CUENTA PARA LOGRAR UN ÓPTIMO DIFICILISMO?



El factor “tiempo” es esencial. Se supone que una tarea lo bastante difícil como para que le paguen por hacerla no debe llevar menos de tres horas y media (cifra promedio). De ahí en adelante, el cielo es el límite. Por esto, el talento de un buen dificilista es cómo matar el tiempo entre los diez minutos que le lleva hacer su “mierda” (así es como llamaremos a su trabajo a lo largo del artículo), para y las tres horas y media o seis o siete o dieciocho que justifican su sueldo. El hecho de matar el tiempo no es el problema en sí (el ámbito laboral ofrece una miríada de distracciones, desde el chat y Youtube hasta los frecuentes viajes a la máquina de café, pasando por hablar de fútbol en la escalera), sino cómo hacerlo sin que se note. Si ud. termina el trabajo en diez minutos, su supervisor tendrá un “colchón” enorme de oportunidades para sorprenderlo no trabajando. Lo que se recomienda es hacer su trabajo lenta pero constantemente: diez segundos de trabajo, un Youtube, quince segundos de trabajo, un café, cinco segundos de trabajo, un cloro, etc., hasta cubrir los diez minutos reales a lo largo y ancho de las tres horas y media reglamentarias.



¿QUÉ HAGO UNA VEZ QUE TERMINO LA TAREA?



Reprima los deseos irrefrenables de enviarla “para sacárselo de encima” (grave falacia: mientras tenga que seguir yendo ocho horas por día a ese lugar infernal, es imposible “sacarse algo de encima”), o avisar. Es el momento de lo que en management se conoce como “cajoning”: retenga el material en su poder lo máximo posible, como si ese trabajo terminado fuera la llave de la Felicidad, como si entregarlo fuera equivalente a arrancarse el hígado y arrojarlo a una jauría de chacales. Cada hora de retención del trabajo terminado equivale a un aumento en el puntaje de dificilismo de su profesión.



¿Y CÓMO SÉ CUÁL ES EL MOMENTO JUSTO DE ENTREGARLO (AL TRABAJO, AL TRABAJO)?



Resista los reclamos vía mail, y espere a que se acerque físicamente hasta su escritorio la persona necesitada del mismo. Observará que primero se acerca con una sonrisa y cierta dosis de amabilidad. Bueno, eso significa que el momento de “descajoning” aún está muy lejos. Conteste con las frases de rigor (“sí, ya te la mando, ya te la mando” o “sí, estoy en eso, estoy en eso, dame media horita”) y luego espere a su segunda o tercera visita. Sólo cuando el reclamante venga con el rostro desencajado y argumentando que lo están putiando hasta en chino por culpa de ud. (o acompañado por un supervisor más o menos groso) es el mometo de evacuar.



PERO, ¿Y QUÉ PASA SI SOY EL ULTIMO ESLABÓN DE LA CADENA?



Ah, cagaste. No sé, trabajá de otra cosa.



SI TARDO TANTO EN ENTREGAR LAS COSAS, ¿NO CORRO EL RIESGO DE QUE ME CONSIDEREN UN INÚTIL?



Eso también es parte del genio de un buen dificilista: ubicarse en el justo “punto medio” entre tardar mucho y que el verdadero nivel de dificultad de su “mierda” sea del dominio público. Pida ayuda a algún encargado de Sistemas para que le haga un algoritmo. Pero tenga paciencia, porque tardan un montón (parece que lo que hacen ellos es dificilísimo).



¿HAY OTROS ASPECTOS A TENER EN CUENTA ADEMÁS DEL TIEMPO?



Cuide que no lo vean nunca de muy buen humor. Más bien es bueno presentar un perfil de agobio y al borde del estallido de furia, debido a las presiones y desafíos inhumanos que representa el pegado profesional de estampilas -ponele. Esta técnica, conocida como la “Maniobra George Constanza” le asegurará el respeto y el temor de sus compañeros y supervisores, y oficiará de escudo a la posibilidad de agregarle trabajo.



SI COLABORO POCO Y ENCIMA SOY UN AGRETA, ¿NO CORRO EL RIESGO DE QUE MIS COMPAÑEROS ME ODIEN?



Veo que estamos con el temita de los riesgos y el qué dirán. Mire, todo no se puede. O tiene un trabajo que le permite alimentarse, o tiene un millón de amigos y a los dos meses lo reemplazan por una licuadora (o un mono, o un palo). Elija. Y rece para que una vez desocupado sus “amigos” lo inviten a almorzar cada tanto.



¿ES CONVENIENTE QUE ALGUIEN SEA TESTIGO DE CÓMO REALIZO MI TRABAJO?



Nunca, pero nunca, nunca, nunca, nunca, permita que alguien eche un vistazo en la mágica galera (aunque nosotros le llamaremos el “mágico inodoro”). Nunca. No, nunca, por Dios, por nada del mundo. Nunca. Por favor. Fingiré que ni siquiera me ha preguntado esto. Argumente que le coartan la inspiración, o que está acostumbrado a trabajar solo, o que si no te vas de acá te corto la garganta, hijo de puta. Si su compañero o supervisor o quien mierda fuera amaga, luego de pedirle “X” cosa, con quedarse parado mirando cómo la hace, empiece por mirarlo fijo, muy seriamente, durante unos cuarenta segundos, y continúe así por horas si es que hace falta. Por nada del mundo baje la mirada ni diga algo ni pestañee, hasta que el destinatario ceda ante la claridad del mensaje y se mande a mudar. Aunque sea el Megapresidente de la Casa Matriz de Atlanta. Es preferible que lo suspendan o lo echen o lo maten, antes de que lo vean haciendo su mierda con las nalgas y en dos minutos. Si siente que le faltan agallas para poner este clarísimo límite, asústese a ud. mismo con la posibilidad de que a posteriori lo interroguen acerca de los años acumulados que lleva fingiendo que hace cosas y cómo piensa devolvérselos. Por si hace falta, se lo repito: Nunca permita un testigo. Nunca. El día que su empresa ponga “veedores de trabajo” (un tipo que se queda al lado suyo viendo cómo hace todo), sencillamente renuncie y váyase a vivir debajo de un puente, que es diez mil veces preferible y más civilizado.



¿Y QUÉ PASA SI TRABAJO EN LA MISMA OFICINA QUE MI JEFE?



Cagaste. De nuevo, trabajá de otra cosa. O convenza a su jefe de que sus horas en Facebook son parte de un “research” (Previamente, asegúrese de trabajar en un lugar donde usen palabras como “research”).



BUENO, SIGO ANOTANDO: ORTIBA, AGRETA, LOQUITO, CAGADOR… ¿QUÉ MÁS TENGO QUE HACER PARA TRIUNFAR EN LA VIDA? ¿CAGARLE LA NOVIA A FERNÁNDEZ DE CONTADURÍA?



Uy, bueno, yo te digo las cosas como son. Igual Fernández se merece cosas peores.



LISTO. ¿QUÉ HAGO CON EL CADÁVER (DE FERNÁNDEZ)?



¡Oh, no! ¡Maldito loco! ¿Qué ha hecho?



BUENO, PERO ES VERDAD QUE LA NOVIA DE FERNÁNDEZ ESTÁ, PERDÓN, ESTABA BASTANTE FUERTE.



¡Rápido! Arrastre el cadáver hasta el ascensor y marque el 6. Total, nadie va nunca al 6 (es una pequeña empresa de taxidermia). Y listo, a otra cosa, mariposa, al próximo proyecto.



CLARO, CLARO, COMO LO TENGO QUE HACER YO ES UNA PAVADA. BANCAME HASTA LA TARDE, FLACO, YO TE AVISO CUANDO ESTÉ LISTO Y SI TE PARECE TAN FÁCIL HACELO VOS.



(Emocionado) ¡Ya estás listo! ¡Vuela, hijo mío!


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