Crónicas del Taunus: Desperfecto nº 143
Redacto esto mentalmente (y lo voy subiendo al blog por medio de una máquina especial) mientras hago un nuevo viaje a bordo de un auxilio mecánico. No, esta vez no hay charla con el chófer. “No more nice guy”. No más amigo de la clase trabajadora, no más comentarle amistosamente lo podrido que me tiene el auto, no más conversación montado sobre un falso conocimiento básico de motores (“creo que es el burro de arranque”), que el tipo maneje que para eso le pagan (poco); total estoy en “Modo Mal Humor Austojustificador de Ortibismo”. En todo caso que agradezca que me sé de memoria el protocolo (destrabar el volante, subirse al auto para acomodar la dirección mientras el gancho lo arrastra hacia arriba -lo más parecido a ser un bulto inerte que he sentido-, bajarse, dar coordenadas y luego procedimiento inverso).
Esta vez el desperfecto nos enseÑa algunas cosas sobre el Poder de la Negación Humana. Dicen que el negador es alguien que no escucha las seÑales; yo creo que el verdadero negador, el champ, el number one, o sea YO, es el que las escucha pero dice “no debe ser nada”. En este caso, vengo escuchando unos estallidos, como unas esplosiones muy poco auspiciosas en la parte de abajo del coche desde hace días, pero lo he solucionado diciéndome que “capaz que aguanta hasta fin de mes” o, en los momentos de mayor fantasía, que es “una nueva modalidad de funcionamiento normal del coche”. Los “champs” de esta estrategia mental logramos aplicar este razonamiento a TODOS Y CADA UNO DE LOS ASPECTOS DE NUESTRA VIDA (“No me van a echar”, “No me voy a enfermar”, “No me voy a divorciar”, etc.).
No nos os juzguéis muy os duramente, amantes del agorerismo compulsivo que acierta siempre porque a la final todo termina para el culo. Esta condición no es tan sencilla de adquirir o manipular. Es un talento especial innato que, admitámoslo, conduce invariablemente al desastre, pero garantiza una “media” de felicidad bobalicona a lo largo de la vida, hasta que te rompés la crisma contra un poste. Pero, ¿es que acaso es mejor pasarla temiendo la aparición súbita del poste y visualizándolo mentalmente una y otra vez con el objeto de conjurarlo mágicamente?
Ahora, por ejemplo, me lo paso de lo lindo redactando esto mentalmente -total se ve que el chófer no necesita que le dé charla; está hablando alegremente por celular con un amigo mientras nos lleva a destino- y no pienso en la fortuna que me va a salir el arreglito. O sea, me tiene que arreglar algo que esplotó. No jodamos, ahí va a tener que reconstruir algo. Cirugía mayor. Pero tengo un plan.
Mi plan consiste en no decirle nada al tipo que venía habiendo unas esplosiones. Imagino que si no se lo digo, el tipo capaz que no se da cuenta y me arregla el asunto cambiándole los platinos o regulándole el equipo de GNC. Un arreglo de rutina, un setenta pesitos.
O sea, creo que voy a poder estafar YO al mecánico. ¿Ves por qué digo que soy el “champ”???
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