Francamente estoy bastante tentado de cerrar el Taller Literario definitivamente. Es bastante desalentador que ni uno, pero ni uno, eh, NI-U-NO de los educandos haya triunfado en el mundo de la literatura, el guón de cine o televisivo, la poesía, el teatro, la redacción publicitaria, los manuales de instrucciones, los blogs, el humorismo o la divulgación científica. O sea, cuando me junto con otros profesores de taller literario, de golpe hay uno que me dice .y, yo lo saqué a Borges., otro me tira .¿Sabés quién empezó conmigo? Ken Follet. Incluso la idea para .La clave es Rebecca. se la di yo., etc. Y cuando me preguntan .¿Y vos a quién entrenaste?. les tengo que decir .Y. a unos muchachos que leen el blog. Algunos dejan comentarios, con letritas y todo.. Y se me cagan de la risa en la cara. Es bochornoso, te juro que me da vergüajena, pero de mí. Decí que, en fin, están todos con la cuota al día (a própósito, este mes también tendríamos que hacer un ajustecito, les prometo que es el último del bimestre), porque si no me dan ganas de mandar todo a la mierda. No, en serio, es un bajonazo.
Y aparte francamente me estoy quedando sin material para darles. Bueno, para ser francos, pero francos en serio, me quedé sin material hace unos seis, siete meses. Capaz que ustedes algo se maliciaron, cada vez que venían al taller a escuchar alguna ponencia, alguna propuesta, algún ejercicio, algún tema para la composición tema: .la vaca. y yo, en vez, les preparaba mate y me ponía a comentar sobre el tema del campo y del gobierno, o sobre lo de la gripe porcina o lo de los medios y el gobierno. Y ahí se iba la tarde. Lo que pasa es que la otra opción hubiera sido cerrar el taller; y yo, como uds, siguen con la cuota al día, por un tema de respeto, de honestidad digamos, no lo podía cerrar. Porque tampoco da para que yo cierre el taller y ustedes sigan pagando la cuota. Me parece que eso sería un abuso. Bah, no sé. Lo podríamos discutir. Pero no, no, no, no me sentiría cómodo. En el peor de los casos prefiero que vengan y pongamos un video, de última. No sé, por un tema de respeto.
El tema es que a esta altura no sé a qué nuevo peldaÑo puedo bajar para proponerles algo que esté a la altura de sus posibilidades. Ya después de que les fue para el culo en todo, creo que estamos en condiciones de empezar con los palotes. Es eso o la escritura de letritas en el vidrio empaÑado, o de frases para .Twitter.. Pero no me quiero rendir, así que vamos a probar con un currito que, si bien no da lo que se dice plata, te sirve para que te manden un libro gratis, o para hacerte el piola en alguna reunión de estudiantes de la UBA: la escritura de prólogos.
Empecemos con algunos conceptos básicos. Probablemente alguno de ustedes, sea por accidente u obligación, haya leído, alguna vez, un libro. Si de verdad lo hicieron (ya veo varias sonrisitas abochornadas), habrán notado que cuando uno empieza el libro, en realidad no lo empieza. ¿Cómo es esto? Aaaaah, vez que la cosa es más compleja de lo que parece.
Resulta que antes del libro en sí, ponele el libro, no sé, uno al azar, para que Googleo .libro., a ver qué aparece: Bueno, hoy sale el libro .Pepe Coloquios., promocionado como .el libro donde Pepe Mujica insulta a los argentinos.. Y parece que se agotó. Como si imaginar insultos para los argentinos fuera una hazaÑa intelectual. Porque, qué se yo, insultar a los noruegos, que ese es un país en serio, tienen otra mentalidad, están a aÑos luz, etc., ESO sería un libro para aplaudir. Pero no nos desviemos del tema. Entonces, ponele que comprás el libro .Pepe Coloquios. (que, no es por resentimiento, pero vaya nombre estúpido) y, antes de empezar a leer el contenido del libro (.Boludo, cornudo, hijo de mala madre, etc.), en la parte de adelante del libro hay algo. Una cosa. Unas páginas escritas, que no son el libro per se, la parte de los insultos en sí. Bueno, esa parte se llama .Prólogo., y viene a ser como una explicación del libro, incluida dentro del libro.
No está muy claro de cuál es la función del prólogo. En algunos casos, se supone que el lector es estúpido (calculo que es el caso del libro .Pepe Coloquios., teniendo en cuenta que es un libro que te insulta) y hay que explicarle brevemente de qué se trata, para que el tipo no lea todo el libro y al final resulta que no lo entendió. En otros casos, se supone que el autor del libro es medio un Don Nadie y entonces llaman a un famoso para que se lo prologue. Entonces ponen el nombre del autor bien chiquito y el del prólogo bien grande. Es como un engaÑa pichanga.
Lo que debe quedar claro es que, si bien algunos autores consagrados cobrar por escribir un prólogo, no me parece una forma muy digna de ganarse la vida. O sea, dejate de joder. El que escribió el libro con suerte va a cobrar unos pesos miserables en dos o tres aÑos y vos arrancás pidéndole guita a la editorial -que bien podría dársela al tipo. En cambio, sí es lícito que ud. diga .Bueno, pero después mandame un ejemplar.: Algunos prologuistas, como mi querido colega Sergio Langer que prologó mi libro .Moriremos como ratas., piden el libro antes. Para ver de qué se trata, no sea cosa que estén prologando un libro de pornografía infantil. Pero ahí nos encontramos en una especie de paradoja, ya que si el libro todavía no existe (porque falta el prólogo), ¿qué querés que te mande? Eso fue lo que intenté explicarle a Langer, negociación que llevó un par de semanitas hasta que encontramos una componenda.
A continuación, una breve lista de .Tipos de Prologuista.:
.MAMá.: Se trata del clásico prologuista complaciente, por lo general un amigo, maestro o familiar del autor del libro. O su editor, seriamente interesado en que el libro se venda. O alguien que le debe dinero y consigue una importante rebaja de intereses por cada palabra elogiosa. El tipo, más que de prologuista, adopta el rol de publicista o representante del autor y da por sentado que éste espera una catarata de flores y elegías, una especie de homenaje o responso en vida. Este tipo de prologuista suele ser una buena persona; lo que ocurre es que si el libro se trata de un modesto volumen de 30 páginas y de una tirada de 100 ejemplares, o si sencillamente no es demasiado bueno, las palabras del prologuista comparándolo con una mezcla de Dostoyevsky, Melville y Borges, o diciendo que este libro marca un antes y un después en la literatura universal, terminan provocando cierta dosis de bochorno en el autor, que en los casos más graves se traduce en el autor arrancándole las páginas del prólogo a cada ejemplar que quiere regalar.
La Lección: NO EXAGERE CON LOS ELOGIOS.
EL .JUDAS.: Se trata del reverso exacto de .Mamá.: Un prologuista que habla mal del libro que está prologando. Si bien el insulto o la denigración lisa y llana no es muy frecuente, de vez en cuando leemos algún prólogo donde el tipo, en algún momento, se pone a lanzar dardos embebidos en curare más o menos subrepticiamente. Las razones por las que un prologuista incurre en esta traición son diversas: a veces se trata de un amigo muy querido del autor, que a la mitad del prólogo se da cuenta de que su amigo no es más que un imbécil afortunado (y que éL, no su amigo, se merece en realidad que le saquen un libro, ¡éL!!, ¡éL!!! ¡EL!!!!), y decide tomar cartas en el asunto; sutilmente en el principio, develando intimidades patéticas del autor más tarde. Otras veces el editor le dice al bisoÑo autor que .él se encarga de conseguir al prologuista, vos quedate tranquilo. y, por confusión o ignorancia, conchaba a su más acérrimo enemigo, que se frota las manos con entusiasmo en cuanto recibe la propuesta. Y en otras ocasiones, se trata del propio editor del libro, que lo ha editado con el único objeto de reservarse el prólogo para insultarlo a manos llenas; esto suele ocurrir con escritores muertos, así que no hay mucho que el autor pueda hacer para evitarlo (salvo aparecérsele en sueÑos al prologuista y espantarlo). En cuanto a los dos primeros casos, tampoco se puede hacer mucho porque queda como que usted .sólo espera elogios. .como si esto último fuera anormal.
La Lección: NO EXAGERE CON LOS INSULTOS
EL .STAND UP COMEDIAN.: En este caso, el prologuista, como no es amigo de palabras solemnes ni elogios impostados y desprecia las poses intelectuales, decide hacerse el gracioso. Creo que hay pocos espectáculos tan bochornosos como este. Uno no sabe si abochornarse por el prologuista, por el autor, por ambos o por uno mismo, que lo está leyendo. Por lo general la gracia del tipo consiste en decir una serie de barbaridades del autor, desde que es analfabeto a que no se le para el totolocho. Implícitamente, además, agrega un segundo insulto, consistente en el hecho de que no tiene idea ni le importa de qué va el libro. No se descarta que el .Stand Up Comedian. pueda ser un .Judas. disfrazado.
La Lección: NO SOS GRACIOSO. ASí COMO TE LO DIGO, NO-SOS-GRACIOSO
EL .PRO.: Cuando no consigue que Stephen King, Gü Grass o García Márquez escriba el prólogo de su libro, su editor conseguirá a uno de esos buenos samaritanos de prestigio medio, incapaces de decir que no y que tiene más prólogos escritos que libros publicados; aún cuando sea más o menos buena onda, al séptimo prólogo escrito ya se empezará a quedar sin letra, así que trate de agarrarlo fresquito. La otra alternativa es un empleado de la editorial, que escribirá tres páginas sin entusiasmo alguno hablando de generalidades y usando palabras como .eficaz. y .sólido., apelando mucho a .datos duros. tipo en qué aÑo nació el tipo, cuántas páginas tiene el libro y cuántos colores tiene la tapa. Con que con tal de rellenar no se ponga a hablar de lo del campo y el gobierno puede darse por satisfecho.
La Lección: PONELE ONDA, EPAMINONDAS
EL .SABELOTODO.: A veces ud. o su editor creen que tienen suerte porque han conseguido convencer a un verdadero erudito para que les haga el prólogo, con la confianza de que el tipo no escribirá elogios a lo Juan Carlos Mareco ni se hará el chistoso, sino que escribirá una interesantísima conferencia sobre el tema del libro. Por ejemplo, si el libro es una novela sobre chicas caníbales de Marte, se convocará a un antropólogo, o a un astrónomo. O a un ginecólogo. O, si su editor tiene mala leche, a un psicólogo experto en fantasías sexuales enfermizas. No es que esto me haya pasado ni nada de eso. Es un ejemplo, un ejemplo al azar. En fin. La cosa es que, a veces, al experto no le han publicado ningún libro y ve aquí su oportunidad para despacharse sobre este y otros temas, y para regalarnos su particular visión del mundo, su compleja filosofía de vida y una breve autobiografía. Puede ocurrir que debido al volumen del prólogo resultante corra peligro la publicación de su propio libro, por un tema de costos. Podría ser peor: que el editor decida publicar el prólogo y no el libro (cosa que, de párrafo en párrafo, será sugerida por el propio prologuista mediante algunos punzantes comentarios sobre las imprecisiones técnicas de la trama ..no es cierto, desde ya, que las chicas caníbales le hagan un masaje a sus víctimas con mayonesa Hellman’s antes proceder a devorarlas.- y la calidad general de su novela. En resumen: Este tímido ÑoÑo universitario de dientes largos que le presentó su editor en esa reunión tan bodria puede ser su Profesor Moriarty.
La Lección: TA BIEN, SABéS UN MONTONAZO, PERO TRATá DE QUE EL PRóLOGO SEA MáS CORTO QUE EL LIBRO
Uh, la hora. Recapitulando, con estos conocimientos ud. ya puede escribir el prólogo que más le guste, que patatín y que patatán, y que esto y lo otro, y ahora siéntese a esperar a que lo llamen para escribirlo (porque no queda bien ir tocando las puertas de los escritores y ofrecerse a prologarle sus cosas).
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