Algunas catástrofes son inevitables, pero uno puede mitigar sus consecuencias: Estoy hablando, claro, de la “Resaca de Roger Waters” que se avecina. Luego de prácticamente cuatro meses (desde el extendido proceso iniciado en la venta anticipada de entradas y multiplicación de Rivers hasta la larga noche de la Thewallmanía finalizada apenas hace una semana) de monotema, corremos el riesgo de sufrir los mismos síntomas de su correlato alcohólico: una sensación de vacío y ausencia de motivos para vivir –acompañado de un intenso dolor de cabeza- que sólo se cura con algún poderoso cóctel vitamínico o el intolerable paso del tiempo.
Por supuesto, esta resaca no afecta sólo a los admiradores de Roger Waters sino también a sus más feroces enemigos. La polémica “The Wall sí – The Wall no”, comparable en dimensión, furia y chicanas constantes a la Crisis del Campo (a todo esto, ¿cómo terminó eso? ¿Sigue habiendo soja? ¿Cerró la Rural? Averiguar) ha sido uno de los pasatiempos más entretenidos de los últimos meses; y pocas cosas resultan tan nocivas para la moral y el ánimo como la súbita desaparición de un pasatiempo.
Que si Waters es un ladri, que si es un espectáculo poderosísimo, que Syd Barret, que Gilmour, que la película, que las explosiones, que otro ladrillo en la pared, que cómo vas a gastar 500 pesos en ver a este hijo de puta, que bien gastados están, que me rompió la cabeza, que las Malvinas, que setenta Rivers, que Chile, que yo qué se yo que sé. Todos tenían algo para decir, y ahora también, sólo que no sben sobre qué.
Necesitamos, entonces, la visita de otro Super-Entertainer Internacional con las alforjas cargadas de acrobacias, muñecos, música y fuegos artificiales capaz de generar polémica y división de aguas; una mega-estrella, mezcla de David Copperfield y Disneylandia, teñida de oscuridad y mensajes pesimistas sobre la Humanidad, como para que parezca que es para grandes. Pero, ¿quién puede hacerle competencia a Roger Waters? ¿Paul Mc Cartney? Por favor: Puede haber compuesto la mejor música de la historia, pero tiene el problema de ser cachetón, poco glamoroso, exhibir su adicción a la guita con demasiada sinceridad y no haber sido cagado a tiros. Todos defectos imperdonables para el aficionado a la polémica. ¿Madonna? No, es mujer y tiene más de cincuenta años. El machismo argentino jamás aceptaría envolverse en una discusión sobre semejante tema. ¿Arjona? ¡No me hagas reir!!!
Una sola palabra: Batman.
Exacto. En mayo viene Batman Live, una especie de show internacional teatral temático con efectos especiales y trajes de vivos colores. Si lo pensamos un poco no es tan diferente de The Wall.
Un Mensaje Oscuro y Pesimista: The Wall nos hablaba sobre la Represión y los Valores Inhumanos de nuestra Sociedad. ¡Batman nos habla sobre el flagelo de la inseguridad y los mecanismos del Sistema Capitalista que crean gente jodida como el Guasón y el Acertijo!
Un Héroe Neo-Fascista: The Wall denuncia que la Super Estrella de Rock que moviliza masas al líder Fascista hay una leve frontera; Batman es un Héroe que recurre a la brutalidad policíaca ilegal.
La Orfandad como origen de todos los males: A Pink le le mataron su papá en la Guerra; ¡A Bruno Díaz le fue arrebatado todo aquello que amaba, una noche oscura, por un ratero de poca monta!
Los Símbolos de una Generación: The Wall fue la película emblema de la “Generación Post-procesista”, que en plena adolescencia recibió una confirmación de que el Mundo era Hostil, Violento e Hipócrita. Muchos años antes, gracias a Batman, la misma generación había recibido la confirmación de que el mundo estaba lleno de gente grotesca y malvada, y que para combatirla había que disfrazarse de murciélago “para llevar el temor al corazón naturalmente supersticioso de los criminales”. Y que las leyes de la moral no eran de hierro: Nuestra némesis más peligrosa podía atraernos sexualmente, especialmente si estaba vestida con un enterito apretado de cuero. Con estas enseñanzas después se sorprenden de que la nuestra sea una generación sin ideales.
Sumémosle a este corpus filosófico-idelógico unas cuantas explosiones, música pegadiza y personajes deformes y prácticamente no hay modo de diferenciar a Roger Waters de Batman, al punto de preguntarnos si Bruno Díaz no será en realidad un “perejil” o un testaferro manipulado por el músico. Lo que sí está claro es que si te perdiste o te negaste a ver The Wall ahora tenés una segunda oportunidad, sólo que con más patadas, mejores supervillanos y con –esto ya a título personal- bastante menos vergüenza.
jueves, 17 de enero de 2013
Solución para la “Resaca de Roger Waters”
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