viernes, 13 de abril de 2012

¡Hecatombe Verde: Crisis de la yerba amenaza con destruir todo! Incluso a tu hermana, ojo


Escribe el Ing. Jorge Cubero Sosa

Experto en Catastrofismo Municipal

todosvamosamorir@gmail.com



¡Aaaaarghhhh!!!! ¡Aaaahhh! ¡Aaaaaaghhhhh! ¡Dolooooooorrrr!!! ¡Agrrrhaaarhggghhaggghhh!!! ¡No toques mis cosas, no toques mis cosas! Disculpen, me sorprenden practicando las pocas expresiones del lenguaje articulado que sobrevivirán al Apocalipsis que –si tenemos suerte y no se viene otro Apocalipsis antes- se avecina. Inexorablemente. Con paso decidido y mano de Hierro.



La “Crisis verde” preanunciada desde hace décadas por este columnista (prenaunciada por preomisión, o sea, no preanunciándola) ya está con nosotros: La yerba, carne, leche y pan de millones argentinos ha DESAPARECIDO COMPLETAMENTE de las góndolas. O sea, me refiero puntualmente a la yerba. La carne, la leche y el pan están. Son formas metafóricas de referirme a la yerba. Se me criticará que use como metáfora un objeto de la misma categoría del objeto al que me refiero, como si para decir “estrella” dijera “la estrella, ese planeta”. No importa, son cositas del lenguaje poético. Se me criticará menos cuando nuestras preocupaciones más sofisticadas pasen por si debemos devorarnos a un tío o a un abuelo.



El caso es que sólo queda adivinar por dónde vendrán las tres consecuencias más catastróficas de esta ausencia brutal, si es que no vienen las tres, simultáneamente y peleándose a codazos por llegar primero:



LA BURBUJA DEL TIEMPO EXCESIVAMENTE BIEN APROVECHADO: La Ciudad de Buenos Aires (CABA) NO-ESTÁ-PREPARADA para soportar el aceleramiento temporal que nos convertirá en fino polvillo cósmico luego del INMINENTE y DEFINITIVO y MORTAL y SANGUINOLIENTO desaparecimiento de la Yerba mate (Ílex paraguaiensis). Son conocidos los efetos procastinatorios y de contemplación alcanzados por sus progenitores, que antes de emprender una tares anuncian –gravemente, como quien está decidido a tomar el toro por las astas- que “primero, se van a hacer unos mates”; el posterior proceso de calentado de agua pero no hervido, hervido accidental, vuelta al calentado de agua, segundo hervido accidental, calentado exitoso, llenado de termo, limpieza de mate que quedó del día anterior, llenado de mate y, por fin, consumopropiamente dicho de la infusión (que en consumidores adictos puede llegar a insumir unas seis horitas fácil) llena los tiempos actuales y mantiene a raya la velocidad del Progreso de nuestra Civilización en un punto razonable.



¿Qué ocurrirá cuando esta actividad ya no forme parte de nuestra cultura? Teniendo en cuenta el ingenio y don de gentes del argentino medio –muy superior al del resto de la humanidad, según estudios de importantes universidades argentinas- es muy probable que dediquemos estas “horas muertas” a aplicar nuestros dones en el Progreso tanto tecnológico como artístico, educativo y moral, acelerando nuestra evolución en forma desfasada del resto de las sociedades del planeta. Esta hiper-evolución adquirirá velocidades cada vez mayores, hasta convertirnos en manchas borrosas frente al prójimo y nosotros mismos, hasta que el “frenado” se haga imposible y, por fin,nuestras moléculas entren en combustión espontánea debido a la fricción y estallemos todos con gritos de dolory muertos y hambre y sed!



En otras Sociedades más racionales y con mayor sentido común se dota a sus miembros con actividades para perder el tiempo de manera razonable –llámese “Facebook”, “pornografía” o “trabajo”- y de ese modo mantener nuestra evolución en una saludable tasa del 0.33 %. Pero estamos en Argentina, y alcanza con un suceso tan aleatorio como la carestía de la yerba mate para quitar el coto natural a nuestra tendencia al ímpetu desenfrenado.



LA BURBUJA DE LA INVASIÓN DE GÉYSERES: Es sabido que el consumidor de mate gasta diez o veinte veces más gas que una persona normal, por lo de calentar, se te hierve, volvés a clalentar, se te vuelve a hervir, etc (repita 8 veces promedio). Este fenómeno es el responsable del 67 % del desabastecimiento de energía mundial y amenaza con destruir metrópolis enteras, trayendo como consecuencia enfermedades, sequía, zombies, etc. Sin embargo, su ausencia –según los pronósticos más optimistas- sería “mucho pior” (sic).



La consiguiente acumulación excesiva de dicho hidrocarburo en las tuberías y napas subterráneas comenzará a hacer un “cuello de botella” en las conexiones interurbanas, hasta producirse escapes esppntáneos en cocinas, calefones, baños, cámaras de gas, baños turcos, restaurantes, estaciones de servicio e in cluso en als calles, todas simultáneamente. Los más minúsuculos chispazos (producidos incluso por la minúscula electricidad de las conexiones neuronales que se efectuarán precisamente al ver dichos escapes provocarán la madre de todas las Combustiones, con las subsiguientes explosiones e incendios. La Ciudad se convertirá en un infierno de 6000000000000000 kilocalorías centígradas en pocos segundos, con gente corriendo, incendiada y revolcándose por el piso y en pocas horas todo quedará reducido a montañas de cenizas. Los pocos sobrevivientes –excepto los que cuenten con un refugio antinuclear subterráneo como un servidor- morirán por intoxicación, al aspirar las mismas.



En ciudades más serias, más organizadas, en fin, ciudades que o son ésta, las autoridades disponen de uno o dos días a la semana para que la gente abra todas las hornallas durante tres o cuatro horas, como para dejar salir un poco de presión gaseosa (las inevitables bajas que se producen debido a la intoxicación están calculadas para que ello no sea significativo en las tasas poblacionales). Pero estamos en Sudaquialandia y nos espera un Armagedón Gaseoso.



LA BURBUJA DE LOS SEXÓPATAS SIN SEXO: La Ciudad de Buenos Aires NO-ESTÁ-PREPARADA para tolerar el hiper-estímulo generado por el chiste servido de que “yerba no hay”. La relación de proporcionalidad inversa entre cantidad de yerba y cantidad de sexo que quiere la tradición popular impregna el inconsciente colectivo de nuestros coterráneos con la idea subyacente de que –en momentos de desabastecimiento- todos deberíamos estar teniendo relaciones sexuales en este exacto momento y en los momentos que le siguen a éste (actividad a la que he hecho renunciar a mi esposa y a mí mismo, ya que tengo la férrea convicción de que cada gramo de energía debe destinarse a la supervivencia del Individuo). Creando una multitud de “Mentes Sucias” e imágenes mentales pornográficas sin que sus poseedores tengan exactamente idea de por qué.



Esta “calentura inconsciente”, acumulable sin ningún tipo de catarsis, puede derivar en dos catástrofes: O bien en estallidos espontáneos de presión sanguínea en órganos internos y/o narices u orejas, conviertiendo la Ciudad en una gigantesca charca de sangre, o bien en una epidemia del “Piecito que se mueve solo nerviosamente” tan característico en la gente alzada, pintoresco en las personas comunes y corrientes, pero LETAL en chóferes de colectivo y automóvil, que pisarán descntroladamente frenos y aceleradores hasta producir accidentes masivos y daños a la propiedad de los cuales la metrópoli se recuperará con muchas dificultades. ¡Los que sobrevivan serán los miembros más PRIMITIVOS de la sociedad, cuyo inconsciente más accesible y transparente les permitirá dar rienda suelda a sus impulsos, reproduciendo nuevas generaciones de humanos igual de primitivos y retrotrayendo de ese modo nuestra cultura a la Era de las cavernas!



En ciudades extranjeras del Primer Mundo en situaciones parecidas (por ejemplo, en Lyon, Francia, cuando “foie gras no hay”) el Estado se hace cargo d ela organización de orgías compulsivas, gratuitas y OBLIGATORIAS para permitir la descarga natural de fluidos, hormonas, fantasías malsanas y dempas porquerías biológicas. Pero estamos en Argentina, donde para tener sexo te lo tenés que conseguir vos y ya sabemos que así no va.



Mientras intento crear una variedad sintética de la Ílex paraguaiensis, cosa de no sufrir estas catástrofes en el interior de mi refugio antiatómico hipersubterráneo, intento paliar la actual crisis con Vascolé con bombillita, pero entiendo que no es lo mismo.


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