martes, 13 de diciembre de 2011

¡Cumbre y Contracumbre de la “x”!


LA CONTRACUMBRE: Supongo que las intenciones son buenas y forman parte de una estrategia de lucha contra el patriarcado pero ¿se puede hacer una revolución utilizando herramientas reaccionarias? Esa es la pregunta que se me aparece cada vez que veo escrita la famosa “x” feminista. En primer lugar sabemos que pasado cierto tiempo, insultos originados en horrendas bajezas volatilizan su significado original. Nadie piensa en el insulto antisemita cuando dice “jodido”, ni en la discriminación clasista cuando dice “hoy me vine medio groncho”. “Imbécil” era en un momento de la Historia un insulto con una carga igual de infame que hoy tiene “Mogólico”, así que -aunque de momento nos dé por los huevos- tal vez en el futuro ésta última sea una palabrita de lo más monona. Por lo que intentar imponer la “x” al final de las palabras, más que una reivindicación feminista me suena a una involución: se intenta frenar el flujo de la regla gramatical hacia su vaciado de carga, si es que no está ya completamente vacío. El otro problema lo entiende cualquiera que se detenga a escuchar las cosas que se dicen a su alrededor: Es completamente imposible –y yo diría indeseable- intentar reglamentar el lenguaje, y esto va tanto para el feminismo idiomático como para los fanáticos de la RAE (que compite con el Colegio de Escribanos en el concurso de instituciones inútiles), a los Defensores de Nuestro Bello Idioma que se escandalizan porque la gente diga “marketing” en lugar de “mercadeo” y otros plomos delirantes. El habla va a 1.700 km por hora y la RAE a paso de tortuga, aunque haga el esfuerzo de aceptar las palabras “videocassette”, “walkman”, “cancha de paddle” o “Willy Ruano” en el año 2025. Sin contar con la espesa jungla de potenciales y subjuntivos, indicativos y pluscuamperfectos, acentos, ve cortas, haches, cus y hasta la sobreprotegida eñe (una letra que existe debido a una especie de subsidio), que nos guste o no, chillemos o pataleemos o hagamos berrinches y posemos frente a nuestras inmensas bibliotecas de libros forrados en cuero rojo (y gritemos contra Internet, el chat, el e-mail, el fax, los videojuegos, la tele, el Cinegraf, la linterna mágica, el kinetoscopio, los relatos sensacionalistas de ciego, los retablos de títeres y los pibes de ahora que no entienden nada), se irán al tacho inexorablemente. Para siempre. Chau. No tá más. Y ni siquiera podemos decir que sea algo malo. Es sólo cuestión de tiempo. ¡Muchachos, de acá a cuarenta años hasta es altamente probable que todos hablemos en mandarín! Y si ni siquiera una institución franquista y autoritaria mantenida por poderosos capitales bancarios puede –no ya digamos controlar- sino hacerle un seguimiento de cerquita al idioma, ¿a quién se le ocurre que puede hacerse lo mismo desde el voluntarismo político? No, queridxxxxs amigxxxxs: El intento es tan inútil e inocente como el Esperanto, y lo único que consigue es darle al movimiento feminista una especie de no muy halagador pintoresquismo.



LA CUMBRE: Ahora bien, como hombre y retrógrado tengo la convicción de que los grandes cambios sociales han tenido lugar o con muuuuucha paciencia o mediante una revolución armada; así que pienso que la alternativa más efectiva a la imposición de la “x” podría llegar a ser –aunque mi instinto de supervivencia me diga “no des ideas, no des ideas”- una masacre de hombres, conducida por algún grupo de ultra-feminismo setentista. Habrá matanzas de inocentes, represalias del patriarcado con más matanzas, algún que otro Estado de Sitio, baños de sangre, atentados, vueltas para atrás, vueltas para adelante, revoluciones, contrarrevoluciones, etc., hasta llegar a algún pacto de paz y tal vez un mundo más justo, aunque sea por un rato. ¡Pero endemientras quién te dice, en una de esas se les escapa un tiro y me pegan a mí! Así que desde la conveniencia personal, recomiendo a mis camaradas masculinos que apoyen a las feministas y las feliciten y organicen marchas y junten firmas y promulguen leyes para sacar lo de la “x”, así se mantienen ocupadas -algo así como un curso de cerámica para que se airee un rato y a la noche me espere contenta con la comidita, pobre.


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