Guión cinematográfico no, libro no, poesía no, manual de instrucciones no, teatro no, blog no, todo no, no, no, no, no, no. Desde el inicio de este Taller Literario vengo notando una cosa: Es como hablarle a una pared. Revisando mis archivos encuentro que NI UNO DE MIS ALUMNOS se ha hecho millonario con lo de escribir. ¡Y sabés por qué? Por un lado, porque les sale mal, y por el otro, parece que escribiendo no te hacés millonario.
Así que luego de una suerte de consultas e investigaciones, me vengo a desayunar que la guita grande –y por relativamente poco esfuerzo- está en lo de ser actor, por lo que esta nueva entrega no trata específicamente de escritura, sino de actuación, más específicamente de “Actuación Argentina”. Sí, atrás quedaron los tiempos en los que soñaba que UUUUNO, UUUUNO, UUUUNO de mis alumnos entrara en Hollywood. Con que entren en Pol-Ka me doy por contento.
Algunos conceptos generales: La actuación es como una casa, la actuación es como un auto, la actuación es como un equipo de hockey, etc. Pero lo más importante es que la actuación es como un juego. El objetivo del juego sería no interpretar un personaje o convertirse en otras personas, sino aparecer más. Tener más “presencia”: en la pantalla, en los medios masivos de comunicación, en el cerebro de las personas, en el Universo, más, más, máaaas. El que aparece más y rompe las pelotas más y machaca más y es imposible dar dos pasos sin verlo en algún lado, gana. Es como ser una Idische Mama del Arte.
Para ello, el Actor Argentino ha desarrollado diferentes técnicas:
TÉCNICA 1 (Desesperado): GRITE
El actor argentino básicamente grita. O habla en un tono de voz alto, muy parecido a gritar. Esto no tiene que ver con una necesidad de que se entienda el diálogo (Darío Vittori explicaba que las funciones teatrales para jubilados debían actuarse “lento y fuerte”), sino de aparecer más; por eso a veces vemos, en las comedias televisivas argentinas que dos actores van subiendo el volumen hasta llegar a altísimos decibeles: Uno intenta gritar más fuerte que el otro, con el objeto de taparlo, y por ende, “Aparecer Más”. Esta técnica, muy utilizada en discusiones en la mesa familiar, proviene de la teoría que dice “si no tenés razón –o en el caso de los actores, gracia- por lo menos tené volumen”. En los monólogos dramáticos de los espectáculos unipersonales, sin embargo, también la técnica de gritar es muy utilizada aunque el actor no tenga que aparecer más que otro, especialmente hacia el monólogo final: En este caso lo que intenta el actor es aparecer más que sí mismo, en lo posible borrando de la cabeza del espectador la hora y media anterior, para que por lo menos se quede con la sensación de “El espectáculo fue un bodrio, pero muy bueno el final, especialmente el hecho de que hubiera”.
TÉCNICA 2 (Dubitativamente): TARDE
El actor argentino, cuando no puede “aparecer más” a través del volumen (p.ej. si está afónico por gritar como un cosaco en las escenas anteriores), trata de aparecer más a nivel temporal. Por eso agrega ruidos, interjecciones, silencios dramáticos, carraspeos y hasta líneas de improvisación a su magra línea original. Si tiene que decir “Ha muerto”, el actor argentino no se limita a decir “Ha Muerto”. Dice “(Suspiro) Ehhhh… Uuuuhhh… ¡Cof, cof! Grrrrr, fssss, hummmm. Ha… (Carraspeo)… Ha… (Ruido de contener el llanto), hrrrrrrr, ¡Dios Santo! (Llora) brrrr, hmmmm, ¡Upalala! Mmmmmmmmmmmmmmm…. Ha… ¡Grunt! ¡Smuckle! Brrrffss, hnkk, mrrropiuuuiupiuoiii… ¡Muerto! (Solloza durante media hora)”. Esto no significa que no pueda, si así lo considra necesario, hacer estos mismos ruidos gritando. Pero se asegura una mayor cantidad de exposición a la pantalla, convirtiendo un segundo de actuación en cinco minutos. El buen guionista es el que calcula que el tiempo de cada línea, en manos de un actor argentino, puede multiplicarse por veinte, así que intenta que sus diálogos no contengan más de seis o siete palabras, porque para un monólogo shakesperiano no hay tiempo de aire en la televisión argentina, incluso aunque se emitiera mitad y mitad en varios canales y simultáneamente (por ejemplo, las consonantes en el 13 y las vocales en el 9). Cuanto más tarde y se apalanque en un diálogo, más oportunidades tiene de ganarle al otro actor.
TÉCNICA 3 (Con picardía): HAGA PROPAGANDAS
El tiempo de la actuación per se, por muchos ruidos y gritos que puedan proferirse, es limitado, porque lo importante en la tele son las propagandas. Por lo tanto, el actor argentino puede “aparecer más” o extender su presencia actuando en las mismas. “Ah, mirá qué piola, como si fuera tan fácil”, dicen los actores modernos, que cambiarían todas sus horas de vuelo teatrales por actuar en un par de comerciales de algún prestigioso banco internacional y pararse por catorce meses. “Si yo en esto me metí para que me llamen de una propaganda y cobrar una pequeña fortuna por medio día de trabajo”. Momento. Hay formas de facilitar su acceso a este tipo de oportunidades laborales. Una de ellas es hacerlo gratis, pero dejaremos esta opción para principiantes a quienes les guste ser abusados por directores del cine independiente. La otra es ofrecerse para publicidad de productos que la mayoría de los actores prefieran evitar: Recordemos a María Belén Aramburu publicitando laxantes o Adriana Salgueiro recomendando pegamento para dentaduras postizas. Me juego la cabeza que no fueron estas señoritas las primeras requeridas, y que probablemente estaban haciendo alguna reforma en sus mansiones (o pagándole a algún chantajista). No haciéndole asco a nada aumentará las posibilidades de que su cara pase de la novela a la propaganda y de la propaganda a la novela sin solución de continuidad. Algunos productos sugeridos: Cremas para la hemorroides, píldoras para la impotencia, medicamentos para los hongos vaginales, líquidos limpiadores para ojos de vidrio, campañas de bien público sobre los peligros de meterse objetos en el culo, servicios de hosting para páginas de pornografía infantil, estudios de abogacía especializados en defensa de juicios por froteurismo en el colectivo, etc.
TÉCNICA 4 (Llorando): SEA UN RICO GUACHO
El actor argentino sabe que al público argentino no le gusta ver gente fea, excepto a la hora de elegir candidatos políticos -donde la media de buena presencia se asemeja mucho a la de las ferias de fenómenos de circo. Por eso, si ud. es un/a rico/a guacho/a tiene más posibilidades de seguir hinchando las pelotas desde los medios de comunicación gráfica, Internet o programas que ponen cosas de otros programas. Si ud. no está muy dotado vaya al gimnasio, instálese implantes plásticos, encajétese entretejidos, sométase a reconstrucciones quirúrgicas, páguele a alguien para que le compre ropa y emperifóllese al máximo hasta lograr un resultado decente o por lo menos hacer creer, visto de lejos y un ratito, que ud. no es el monstruo que es, sino una máscara plástica estandarizada a la que no le tenemos miedo porque ya nos hemos acostumbrado a ella de verla clonada sobre el rostro de diversas mujerzuelas televisivas. Recuerde sin embargo la regla de oro: Si no está roto, no lo arregle; es decir, si ud. es Beatriz Salomón, Adriana Brodsky o Raquel Mancini no toque nada, que así está bien. Deje todo como estaba. ¿Puede ser? ¿Ah, no? Bueno, en ese caso aparezca más, pero en programas de chismes, en la sección “Mi cirujano Plástico me recontracagó la existencia a mí y a mis admiradores”.
TÉCNICA 5 (Con conectividad): HAGA CAGADAS
El actor argentino sabe que tiene suerte; de ser cardiocirujano, o diseñador de una planta nuclear, o cuidador de niños en edad preescolar, sus errores podrían tener consecuencias fatales. O alguien podría querer cagarlo a trompadas. En cambio, cuando se equivoca al actuar, no sólo esto no tiene consecuencia alguna sino que además es probable que se transforme en una “perlita”. Por ejemoplo, si tiene que decir “Abrime la puerta”, diga, equivocándose “Agarrame la pistola”. Luego ríase, como diciendo “Uhhh, lo que dije”. Este fragmento será luego emitido en algún programa de interés general una o más veces, depende de la gravedad e insensatez del error: algo así como un premio a la estupidez. Asegúrese de decir do o tres “perlitas” por jornada de grabación (si es posible, contrate un guionsita para que se las diseñe), cosa de tener una buena “parrilla”. Pero no se exceda (tipo 30 perlitas por día), porque entonces las horas de grabación y repetición de tomas empiezan a pesar, y tal vez a un iluminador “se le caiga” un reflector sobre su cabeza, o a un microfonista “se le escape” un micrófono sobre su tabique nasal o una maquilladora “confunda” una base facial con un frasquito de solvente de pintura.
En resumen, si grita, tarda, hace propagandas, es un rico guacho y hace cagadas, aparecerá hasta el hartazgo y beberá las mieles del éxito, siempre que se asegure de que es actor. En otro gremios estas acciones podrían ser contraproducentes, excepto la parte de ser un rico guacho, aunque eso a veces yo en lo personal lo vivo como una cruz. Pero de eso hablaremos otro día.
viernes, 5 de agosto de 2011
¡Ponen Taller Literario de Actuación!
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