Y LA CONCLUSIÓN, SI SE LE PUEDE LLAMAR “CONCLUSIÓN” A ALGO QUE PONÉS AL PRINCIPIO, YO CREO QUE TÉCNICAMENTE NO, PERO BUENO, ES QUE EL HOMBRE CREE QUE PUEDE ALCANZAR LA INMORTALIDAD ABRIENDO “SUCURSALES” DE SÍ MISMO POR AHÍ. LO HACE DE MUCHAS MANERAS: TENIENDO hijos, propagando ideas, haciendo amistades, etc. Casi casi casi te diría que TODO lo que hacemos no es más que un intento –una batalla perdida desde el principio- de abrir estas sucursales.
¿De dónde sale si no la satisfacción que produce en muchas personas su capacidad para convencer a alguien de algo, desde votar a “X” a ponerse un abrigo “porque hace frío”? ¿Vanidad ideológica? ¿Sensación de Poder? ¡No! Es la fantasía de que un pensamiento u acción implantado en otro, de algún modo implica la creación de un aguantadero, bulín o “búnker” (en el sentido no pelotudo de la palabra) para salvaguardanos aunque sea parcialmente cuando lleguen tiempos peores (por ejemplo, el de morirnos). Mi mente puede fundirse con el Cosmos, mi cuerpo ser de pasto de los gusanos, pero la “partecita” de ponerle mayonesa al bróccoli perdurará para siempre en Mengano, a quien sugerí esto hace un par de días. De algún modo me he instalado en el “Hábitat Mengano”, bajo la forma del parásito o bacteria o bug de diseño “Ponerle Mayonesa al Bróccoli”. Mengano dirá: “Che, pará, pero Mengano soy yo, acá no vive nadie más, soy mi propio Dueño, a mí nadie me dice lo que tengo que hacer”. Eso creés vos, Podeti “Sucursal Mengano”, pensaremos con una sonrisita socarrona.
Sin embargo, la forma más fastidiosa de abrir sucursales es a través de las “cosas”. Quien tiene muchas cosas cree que su muerte está más lejos, porque –con un poco de imaginación- puede cargar de Significado e Historia y Recuerdos y Conexión Humana a cada “Cosa”, incluida esa escobita para limpiar el inodoro que salió doce mangos. Es decir, pequeñas sucursales de uno mismo que pueden multiplicarse a piacere según nuestro poder de adquisición o tiempo libre para traer cachivaches de la calle.
Esto explica el famoso Síndrome de Diógenes, que se agudiza a medida que la gente se hace mayor. Muéstrenme a alguien capaz de deshacerse de la mitad de su biblioteca sin que se le mueva el pulso y les daré a un menor de 55 años. Pasada esa edad, deshacerse de ese horrendo “souvenir” de Bautismo -que antaño era una PUTA MOLESTIA- es ahora motivo de dolor y angustia.
Porque además existe un razonamiento inconsciente de Estrategia de Marketing de Apertura de Nuevas Sucursales: Al morir, nuestras “cosas” irán a parar a la casa de otras personas, familiares, amigos o buitres, que se debatirán entre el fastidio de conservar la “cosa” y la culpa de tirarla a la basura durante meses o años, prolongando nuestra supervivencia en la forma de una hinchazón de pelotas de ultratumba. ¿Y qué simboliza más la Vida que nuestra inmensa capacidad para Hinchar las Pelotas?
Esto explica Facebook; en lugar de dejar que las personas pasen por nuestra vida como colectivos o –permítaseme ser crudo- envases descartables, cosa que ocurre constantemente sin que nos demos cuenta, ahora podemos acumularlas sin ton ni son. Esta llamada “Red Social” es más bien un sistema de cartonerismo de personas. Gracias a ella somos capaces de recuperar hasta a aquel chabón con quien compartimos un vodka en Villa gessel año ’92. Lo normal, lo lógico, lo razonable hubiera sido que nunca más supiéramos nada de él. Ahora, la idea de poder guardarlo en este Desván Virtual (total no junta polvo) es demasiado tentadora. Existe la posibilidad de que jamás le mandemos un miserable mensaje, así como el anciano acumulador tiene cajas y cajas de cordel “por si le hacen falta algún día” que no tocará jamás.
Pero tener guardadas a todas estas personas nos sirve de Garantía de que la Muerte aún está muy lejos; y si ocurre (bueno, a ustedes seguro que les pasa, yo estoy tratando de que no), seguiremos Hinchando las Pelotas, dispersos en los Facebooks de miles de Sucursales Humanas en forma de “Nombrecito” durante un largo tiempo.
Miren, Ilusiones Ópticas (enviado por Fender).
viernes, 19 de agosto de 2011
¡Macabra Reflexión sobre Sucursales de Carne!
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