Escribe el Dr. Dupont Duvalier
Médico Francés del Siglo XIX
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¡Buenos días, mis alegres y bravos jóvenes hombres! Hace falta nos ocupemos, luego de entonar el Himno de nuestra bella República, que el Estado se ocupe de realizar el tratamiento médico necesario, para corregir la conducta de estos tipos, que son un verdadero cáncer en el riÑón social, y hacerlo, inmediatamente.
Y vamos ahora al caso que nos ocupa en este bello día. Se trata, verdaderamente, ¡cochino! de un caso que me enfurece en particular porque demuestra hasta qué punto, estas personas pueden ser capaces de llegar con tal de molestar a los miembros útiles de nuestra República. Se trata del .Chófer de Colectivo Escéptico o Desconfiado.. él es un chófer de colectivo, o colectivero, que luego de realizar la pregunta .¿de cuánto?., y a consecuencia posterior de pedirle un boleto que no es el máximo sino el mínimo (1,10 francos) o el intermedio (1, 20 francos), nos pregunta .¿hasta dónde vas?.
¡Ah, no, no, no, no, no, no, no, no,no! Yo no encuentro nada bien que este tipo me realice esta segunda pregunta, porque parece, que desconfiara de mi primera requisitoria, y esto no está bien. ¡No! No está bien y yo, pienso que si él ya me preguntó el valor que yo pretendía pagar a cambio de el boleto de colectivo u ómnibus, él debería darme ese boleto sin chistar, ¡bandido!, ¿no es así? Si yo le informo que pretendo pagar determinado valor por el boleto de colectivo él debe suponer que yo sé muy bien a qué recorrido corresponde este valor.
¡Ah! ¡él realmente parece pensar que o bien mi intención es pagar un valor menor al que me corresponde, lo que me convertiría en un prevaricador o estafador, ¡cielo sagrado!, o que soy un imbécil y un simplón que no sabe a cuánto asciende cada recorrido, cosa verdaderamente inaceptable! Y me lo dice sin tapujos, sin respetar las normas sociales mímimas que deben guardarse entre dos personas que apenas se han tratado. Y eso debe cuidarse incluso en estos tiempos de progreso y formidables adelantos científicos. ¿Acaso yo le pregunto a este hombre si piensa llevarme por las calles nombradas en el recorrido tradicional de el colectivo o bus, o si tiene la intención de tomar un atajo con el objeto de ahorrarse carbón? ¡No, yo no le pregunto esa cosa! ¡Yo nunca lo haría, cielo sagrado! ¿Acaso le pregunto si su credencial plástica de chófer está en regla y con todos los sellados y revisiones correspondientes según marcan las Leyes de nuestra República?! ¡No, sapristi! No soy un habitante salvaje de las Islas Marquesas.
El diagnóstico médico de este hombre puede hacerse en forma rápda y sencilla palpando las numerosas protuberancias de su cráneo, horriblemente deformado por el exceso de masturbación, ¡cochino!, la tuberculosis y el impétigo, todas enfermedades que podrían haberse evitado mediante la ingestión en la primera infancia de Tintura de Mercurio y estimulación sanguínea (a través de la Vara). ¡Ah! El .vicio inglés., la Coqueluche, el Incesto y el Síndrome de la Lengua Extranjera son otros síntomas que puede o no sufrir el enfermo, ¡cretino!, pero es lo más recomendable que realicemos el tratamiento de inmediato asumiendo que posee todas estas particularidades tan desagradables preventinamente antes de que la asimetría presente en el rostro y los testículos, ¡monstruo! continúe avanzando patológicamente.
Por tanto, y en bien de todos los hombres y las mujeres de nuestra República, hace falta que recetemos al paciente un tratamiento a base de baÑos en el ázoe o el nitrógeno líquido, condimentada con el borde de las hojas de el áloe, opio, cal viva y monopropinelato de magnesia y leche de hombre. Luego, secado con frío en las cumbres de el Matterhorn y sesiones de 72 horas de sermones infernales con el Padre ánselme, que tonifican el alma y levantan la presión sanguínea, más electrólisis de nariz, emplastos de el tabaco, miel, coca cola, la goma arábiga y el cardamomo, y si no fallece entonces se podrá tener una esperanza de que los humores sanguíneo, melancólico, vítreo y hepático lleguen a un equilibrio decente y entonces se lo podrá encerrar mediante denuncia policial en una Institución mental donde por lo menos será útil a la Sociedad confeccionando souvenires para la conmemoración de el próximo Aniversario de la Revolución.
Lleno de energía y optimismo por el formidable futuro de nuestra República, se despide de uds. el Dr. Dupont Duvalier, médico.
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