Quienes desde hace años (o minutos, como un servidor) nos dedicamos al Periodismo Cultural, así, con mayúsculas, y mayúsculas al principio de las palabras, como debe ser, sabemos el esfuerzo que implica. El camino ríspido, escarpado, la mayor parte de las veces sin recompensa ni paga alguna –excepto la paga en metálico por parte de la editorial, aclaro esto para que no haya lío cuando mande la factura y mi CBU.
Para empezar, hay que tomar contacto con el tema sobre el cual se realizará la nota o crítica. Una película, ponele. Ya el hecho de ver una película supone -para decirlo de un modo que dé a entender que he vivido en España o tengo amigos españoles, que siempre queda bien- un “incordio”. Ir al cine, estacionar, que el pochoclo, los nachos con queso, costearse hasta la puerta del cine. Entrar, sentarse, ver, apagar el celular, etc. Ehhhhhhh, pará. En fin. Y luego hay que acordarse de lo que uno vio y escribir como no sé cuántos caracteres (los tengo anotados por ahí para no pasarme). Pero un Periodista Cultural, si quiere darle de comer a sus hijos, tiene que ver no una, sino más, como dos, o hasta tres películas por semana.! ¡A veces hasta debe leer libros, o peor: ir al teatro! Con el riesgo de que se te mezclen las películas y contar el principio de una con el final de otra. Y las terribles exigencias de los editores, que no permiten que uno se refiera al protagonista como “el chaboncito ese que hacía de estafador”.
Afortunadamente el Periodismo Cultural cuenta con una larga tradición de maximización del tiempo & recursos, esto es, una tradición que dice que no necesariamente debe verse la película, o leerse el libro, o asistirse a la vernisagge (sobre todo a aquellas que no regalan vino) para realizar la nota: ésta puede enllenarse con pequeñas anécdotas camino al teatro, o reflexiones sobre la Sociedad, biografías de los autores bajadas de Internet o párrafos y párrafos de sarcasmos e ironías, dejando el comentario puntual de la obra para los últimos renglones, que pueden cubrirse con generalidades.
Propongo entonces desde este espacio hacer un recorrido no sólo por la Cultura, sino por las infinitas técnicas disponibles para dedicarse al periodismo cultural sin hacer tanta alharaca con lo de ver la película, que en definitiva no es lo importante. Lo importante es el aporte del crítico, porque sino nos quedaríamos en la mera descripción. Llamemos a esta escuela de periodismo “Critica Lateral”, que suena un poco más preciso que otros nombres que surgieron en el brainstorming (“Boca de Ganso”, por ej.).
Hoy: El Momento Clave
Arranco entonces con una técnica llamada “Momento Clave”, que si bien no evita por completo el consumo de la obra a analizar, la reduce al máximo. Se trata de encontrar un momento clave de la obra que de algún modo resuma la totalidad de la obra, y decirlo sin tapujos: “Esta es la escena que de algún modo resume toda la obra”. Gracias a lo cual podemos hacer un análisis extenso y completo contemplando una escena de dos o tres minutos. Imagínense las posibilidades que se abren al Crítico Lateral gracias a esta técnica; en una hora puede analizar unas veinte películas, lo que le deja tiempo para pulir y embellecer la redacción de la nota con frases floridas y reflexiones azucaradas.
Entiendo las objeciones, muchas proferidas por jefes de redaccion, productores, distribuidores y críticos de la competencia, entre las cuales está una que encuentro particularmente ponzoñosa: “Ah, qué conveniente que todos los ‘momentos claves’ que encontrás aparecen en los tres primeros minutos de la película”. Eso me dicen. Me parece de una mala fe que no merece contestación. Porque el Periodista Cultural de verdad, profesional experimentado, sabe “ver” el meollo de la película en cualquier escena, sabe “leer” en un párrafo el libro entero, “discernir” el “quid” de la “obra de teatro” en los “comentarios” de la gente de la “cola” (también debe “entender” el “correcto” “uso” de las “comillas”, pero eso “es” “para” un “nivel” más “avanzado”). Si no, estaríamos poniéndonos en el nivel del lector. Y entonces, ¿quién nos va a pagar?
martes, 12 de febrero de 2013
Crítica Lateral: El Momento Clave
domingo, 10 de febrero de 2013
Los 3 Chiflados: Manual de Instrucciones
Si el arte de la crítica cinematográfica se nutre principalmente de indignación, sarcasmo y furia, me relamo por anticipado, ya que estoy por escribir la crítica más intensa de todos los tiempos. Reconozco que en este caso, además, el trabajo es casi antideportivo, con resultados previsibles varias horas antes del match final. Porque cuando los hermanos “Chistes de Semen” Farrely anunciaron que perpetrarían una moderna película de los 3 Chiflados, ya sabíamos que iba a ser una completa cagada. La apuesta era “cuán cagada”, y a la vista del tráiler (disponible en su Youtube amigo) los resultados han sido tan devastadores que la pregunta es: ¿Hacemos la innecesaria crítica lapidaria o intentamos convertir esta tragedia en algo positivo, redactando un manual de instrucciones básicas para el suicida que quiera acometer nuevamente este despropósito?
Regla 1: Si ud. quiere que aparezcan los bebés de los 3 Chiflados, no ponga bebés de verdad como en el minuto 0:28 del tráiler. Los 3 Chiflados bebé deberán ser interpretados por Moe, Larry y Curly disfrazados de bebé y encastrados en cuerpecitos de utilería mediante un anticuado pero efectivo truco teatral. O sea, si alguna vez en tu vida viste a los 3 Chiflados ya sabés que se hace así. No te lo tengo que andar explicando. Los bebés de verdad haciendo cositas chistosas pertenecen al género “viral ternurita de Youtube” para amas de casa, que no son el “target” de los 3 Chiflados.
Regla 2: Moe no es un cretino con cara de enojado, Larry no es un falso pelado con rulitos y Curly no es un gordo que le lleva una cabeza y media de alto a los otros dos. Ellos son Moe, Larry y Curly y son mucho más que eso. No se pueden reemplazar por actores televisivos que creen que “Vaudeville” es una nueva fragancia para hombres. “Ehhh, pero, ¿entonces cómo querías que hiciera la película de los 3 Chiflados?” Ah, no sé, no sé, querido. La solución buscátela vos. No soy tu mamá. Si lo fuera ya te habría agarrado a chancletazos, porque este Curly deshidratado ha logrado lo imposible: Que sintamos nostalgia “por los legendarios tiempos de Joe Besser”, a.k.a. el Chiflado non grato.
Regla 3: Los 3 Chiflados son chiflados, pero ante todo son gentlemen; en su mundo, las mujeres pueden ser chicas agradables, femmes fatales o rastreras estafadoras, pero siempre serán tratadas con la distancia y galantería que despertaba Christine McIntyre. No serán exhibidas como “Chicas Romepeportones” saliendo de la pileta (min. 1:00 del tráiler), ni se les hará piquete de ojos (1:39).
Regla 4: No sos “moderno” por hacer chistes con Iphones (0:30). Al contrario, parecés un viejo decrépito diciendo “¿viste cómo están los pibes de ahora con los Movicom?”.
Regla 5: Torturas físicas en la cabeza, la nariz, la espalda, el estómago, el culo, los pies están totalmente permitidos. En los genitales no. La razón es muy sencilla: No es gracioso (a menos que te rías con “Jackass”, lo que te deja fuera del género humano). Es feo. Duele. ¿No te alcanzó con lo del cierre de “Loco por Mary”? Raro, raro. Mmmm. Me parece que tenés un temita ahí, una fantasía de castración no resuelta. ¿Hablaste con tu terapeuta?
Regla 6: Si bien los efectos de sonido son fundamentales, el efecto de sonido más importante es un permanente silencio de fritura ambiente, que envolverá larguísimas secuencias con algún chiflado –solo y sin red, frente a su talento- realizando tareas de bricolage. Imposible saber si esto es respetado en la película, pero no logro imaginar a Farrelys, editores y productores ejecutivos desistiendo de llenar cada segundo con música incidental, ruido, diálogos imbéciles y hitazos de Lady Gaga al mantra de “se escucha muy vacío, muy vacío, me da re bajón, ponele música”.
Regla 7: Los 3 Chiflados no necesitan cámaras en mano, travellings, subjetivas –excepto en algún desafortunado capítulo que fuera dirigido por Moe Howard- y demás trucos de feria tan caros a los cineastas del mundo moderno. ¡Ni siquiera necesitan color (el non plus ultra de los trucos de feria)! Al buen chiflado se lo filma cuerpo entero o medio cuerpo con una cámara absolutamente estática, muerta, atornillada al piso con pernos de acero. El resto es pura magia actoral, que no va a aparecer porque hagas así o asá con la camarita.
Regla 8: No haga una nueva película de los 3 Chiflados (“Ehhh, ¿pero entonces cómo querías que hiciera etc. etc.?” “No sé, no sé”).
Si ud. puede hacer una película de los 3 Chiflados respetando estas reglas básicas, especialmente la nº 8, cuenta con todo mi apoyo.
sábado, 9 de febrero de 2013
Top Gun: El cine como reconstrucción casi casi igual
Pocas veces el “crítico lateral” tiene la oportunidad de vivir experiencias como la de ver el film que me ha tocado asistir en esta ocasión. En realidad digamos que el “crítico lateral” en general no tiene muchas oportunidades de ver film alguno, más que nada por el tema de la fiaca. Pero a veces –cartas documento, amenazas de despido e incomprensión familiar mediante (“no entiendo cómo sos capaz de mirar a la cara a tus hijos”, “no entiendo cómo podés dormir a la noche” o “no entiendo cómo te dieron una sentencia tan leve” son algunas de las palabras que debo escuchar frecuentemente)- no está demás hacer un esfuerzo extra y acercarse –incluso contra todos nuestros principios- al cine.
“No te chivés, Esteban”, se dice a sí mismo el escriba en tales ocasiones. “No es para tanto, lo único que tenés que hacer es comprarte una Stella y sentarte ahí una hora y media, rodeado de trogloditas ignorantes con la boca llena de pochoclo semi-triturado”, intenta engañarse, pasando por alto que hay películas que llegan a durar una hora cuarenta. Pero sobre todo, cumplir con este mandato social nos da la oportunidad de enriquecernos y abrir nuestra visión a nuevas miradas y narrativas diferentes. Así que me decidí por uno de los más prometedores estrenos de la semana: Top Gun, el reestreno.
El director Tony Scott, que se llama casi igual al realizador que dirigiera el estreno original de la película Top Gun (a esta altura, un clásico) se ha propuesto una hazaña artística y estética pocas veces vista: Recrear el film original 35 años después casi casi casi a la perfección, pero bajo una nueva mirada y reinterpretación. Un desafío que a simple vista perecía imposible.
Sin embargo, debo decir que el resultado es bastante digno. Las escenas de lucha entre aviones parecen casi casi casi calcadas (aunque se nota a la legua que están realizadas por computadora), casi casi casi que están re parecidas casi igual. Impecable la reconstrucción histórica de los aparatos, porque no es lo mismo un Grumman F-14 Tomcat del año 1986 que un Grumman F-14 Tomcat de los de hoy (calculo que mínimo deben venir con GPS, o levantavidrios eléctrico).
De destacar especialmente es la alucinante composición ejecutada por el actor que hace de Tom Cruise, que a su vez hace de “Maverick” (Tom Cruise, no el actor que hace de Tom Cruise. El actor que hace de Tom Cruise hace de Tom Cruise). Cada gesto, cada movimiento, cada tic actoral está recreado a la casi casi casi 99 % de perfección. Incluso la cara esa de turrito indescifrable con desvíos mentales. Si te acercás se le siente el aliento a placenta de bebé y a sahumerio cientológico. También están bastaaaaaante parecidos la chica que hace de la chica (aunque tengo creo que la original tenía más mentón), el tipo que hace del amigo y el flaquito que hace de Iceman, aunque en ciertas tomas a contraluz se nota que los dientes son postizos.
Con esta obra, Scott (el nuevo) muestra su visión totalizadora del cine: El cine como sistema de lectura del Mundo y Top Gun como un Universo único y cíclico, que nace y renace una y otra vez sin inmutarse aunque el Proto-Universo que lo genera haya sufrido cambios dramáticos. Por ejemplo, hoy día inventaron el auto ese que anda a orina. Y te podés tomar una Stella en la sala mientras mirás Top Gun (la nueva). En fin, una obra no ya de cine “dentro” del cine sino de cine “fuera” del cine, o de cine “al lado” del cine (por las dos Top Guns paralelas y por el tema de que hay multicines con salas una al lado de la otra).
Sólo una objeción, resulta decepcionante que le hayan cambiado el final: en el original el amigo (que aparte se nota que está hecho con Photoshop) no se moría, lo que constituye un golpe bajísimo. No, no se moría. No me discutas. Me acuerdo perfectamente de esto (aunque a cierta crítica liviana se le haya pasado este detalle por alto) y el cambio se siente bastante, lo mismo que la eliminación el personaje de Marty McFly (tapado –luego de incluirlo casi casi casi a la perfección- en varias partes con aerógrafo, se ve una mancha verde) o la escasa participación de los Gremlins (que si entrecerrás los ojos se ven a lo lejos en la escena en que Tom Cruise llega en moto). Pero se entiende que estas decisiones se habrán tomado para “aggiornar” el film a los gustos del público teenager de hoy. Una lástima.
Pero en resumen, un grato juego metalingüístico que demuestra que cada tanto el cine hollywoodense nos sorprende con refrescantes vientos de renovación. Y re copado, como dicen los chicos de ahora.
miércoles, 6 de febrero de 2013
“¡Kicillof II: La Venganza!”
Tranca me tiró la idea para un chiste hecho en 5 minutos que esboza el guión de una posible película: “Kicilof contraataca” o “La Revancha de Kiciloff” o “Kill! Kill! Kicillof!” o “Un loco en el Buquebus” (para la versión argentina, con el tándem Disi/Renni).
lunes, 4 de febrero de 2013
¡Buenos Aires: El último Carnaval!
La escena se desarrolla en el escenario del Corso de Villa Pueyrredón. Se trata de un breve sketch, interpretado por la murga “Los Inevitables de Flores”, donde un “Boludo”, encarnado en un hombre con anteojos culo de botella y un largo bonete (su identidad, además es confirmada por los integrantes del corso, que le gritan “¡Boludo!!! ¡Boludo!!!”) intenta tomarse un taxi; el diálogo entre el Boludo y el Taxista satiriza las complicaciones para trasladarse durante el Carnaval, debido a los cortes de tránsito por Corso, que obligan a los vehículos a dar volteretas y evoluciones impensadas para llegar a destino.
La humorada puede leerse como una doble toma de posición. La primera, bastante audaz y certera, certifica que hay que ser bastaaaante boludo para tomarse un taxi. O sea, ¿a dónde querés llegar? ¿Qué apuro tenés? Loco, es domingo a la noche. ¿Realmente es tan importante tu presencia en un lugar y a una hora determinada para gastarte el equivalente a una cena liviana en un simple acto de traslado? ¡O sea, hay 95 % de probabilidades de que ni hayan notado tu ausencia! Pensalo. La segunda, establece un “ellos y nosotros” bastante claro, un Enemigo preciso e identificado, que simboliza a un enemigo mayor: El Automovilista. O el esbirro servil del Automovilista, el Pasajero.
El Carnaval ha sido a lo largo de la Historia el momento en el que el Esclavo tornava en Amo, el Campesino en Señor Feudal. Durante un breve lapso anual, se le permitia al populacho burlarse de la clase dominante en sus narices, quemando muñecos con el rostro del Archiduque o coronando como Rey al hombre más feo y miserable de la aldea. Bueno, sí, y de emborracharse como cerdos hasta desmayarse en las calles pavimentadas de hortalizas podridas. Era seguramente una válvula de escape, un juego, un relajo para que nada cambie. Pero, ¿cuántos pensamientos revolucionarios habrán germinado contemplando en vivo al Mundo al Revés?
Luego, el Sistema hizo lo que hace siempre con los actos subversivos. Lo fagocitó, lo sometió a la desintegración de sus jugos gástricos y lo regurgitó transformado en lo que es hoy: Una postal pintoresca. Un atractivo turístico. Chicas exóticas de un metro ochenta emperifolladas y semidesnudas, montadas sobre enormes carros tachoneados de lentejuelas, trasladándose por una calle autorizada por la Municipalidad a un ritmo y horario predeterminado. Diabladas bolivianas para el deleite de insípidos turistas alemanes desesperados por postear las fotos en su Facebook, para que las vean otros insípidos alemanes en el otro extremo del mundo. Carnavales venecianos afeminados, que nunca entendí qué tenían de Carnavales, si ni siquiera tienen un puto tambor.
¿Y cuál es la señal más clara de esta domesticación? El encierro: El carnaval de Rio ha sido enjaulado en el Sambódromo, el de Gualeguaychú en el Corsódromo y el de Montevideo en los tablados. Para que esté ahí, contenidito. Que no joda. Para que la fiera carnavalesca no se zampe algún transeúnte.
¡Sostengo que el Carnaval Porteño, aún con su escasa asistencia de público, la poca gracia corporal característica de nuestra urbe y un ritmo en el cuerpo digno de un ejecutivo finlandés es más Carnaval que todos estos “Carnavales Mainstream”! Es un Carnaval lleno de rebeldía adolescente, que no se manifiesta en la música elemental y los trajes lentejuelados por la costurera del barrio; sino en el múltiple sabotaje simultáneo, cortes de tránsito mediante, que los corsos ejecutan contra el automovilista, ese representante de los peores defectos de la ultraderecha: La prepotencia, el status económico, el reclamo de represión contra mendigos, malabaristas y peatones. Alguna vez tuvo en los piquetes y protestas a su Némesis. Pero los piquetes están en franca decadencia y el automovilista vuelve a ser el Amo y Señor de nuestras calles, solo compitiendo contra otros automovilistas para ver quién tiene el matafuegos más grande.
Hasta que febrero se le ríe en la cara, transforma su ruta en un Caos y sus dominios en un laberinto. Dejen al más experimentado de los automovilistas en un punto cualquiera de la Ciudad en la época de Carnaval. A las pocas horas, mientras intenta volver a su casa, estará llorando y suplicando y pidiendo perdón por sus pecados automovilísticos, bañado de humildad por un ejército de saltimbanquis con galera.¡Defendamos el caos de tránsito murguero, una conquista social que transforma al nuestro en el Último Carnaval!
viernes, 1 de febrero de 2013
¡Lanzan ingenioso apodo para político porteño!
Se me ocurrió un apodo para Macri: “Johnny-Two Times”, como el personaje ese de “Buenos Muchachos” que todo lo decía dos veces: “Hola, Tommy, ¿cómo estás? Hola, Tommy, ¿cómo estás?”
Macri parece tener una extraña, preocupante diría, vocación de redundancia: hace todo dos veces. Pone un enrejado que circunda un enrejado, y un Metrobus donde ya hay una línea de subte. ¿Se tratará de una especie de inseguridad patológica, esa que nos hace poner un cerrojo donde ya hay una cerradura o chequear diez veces si cerramos la perilla del gas? ¿Un instinto de destructividad a través de la multiplicación innecesaria de cosas, con el único objeto de acelerar la entropía? ¿El síndrome del nuevo rico, que se goza en la tenencia de dos autos o varias propiedades? ¿Algún oscuro negociado de alcances desconocidos? (Durante la Dictadura, el proyecto de construcción de ATC requería la construcción de ocho estudios. Por algún motivo, error o cambio de planes, sólo quedó espacio para construir siete; para que el presupuesto “encajara”, la solución fue construir el estudio 7 y el 8 superpuestos, es decir, uno adentro del otro. Anécdota difundida por el finado Dani the O) ¿Simplemente ganas de jodernos la vida a nosotros y restregárnoslo por la cara? “No sólo gasto el dinero de los contribuyentes en cosas polémicas y llenas de inconvenientes; ¡lo hago, además, en cosas que ya hay!”
Otros proyectos de Macri para el futuro: Una “Planta Carnívora Biomecánica” a pocos metros de la Floralis Genérica – El agregado de una “Luz Ultravioleta” en todos los semáforos de la ciudad, que significa “Ande, pero un poco más rápido” – Bicisendas paralelas, para gente que ande en vehículos a tracción a sangre no convencionales (patinetes, monociclos, las bicileta esas donde pedaleás acostado (“Calamardomóvil”) – El “Obelisquito” u “Obelix Enlargement”, un segundo Obelisco, levemente más pequeño, encastrado en la punta del ya existente Obelisco, para alargarlo un poquito más – El Monumento a Beatriz Salomón, a pocos metros del Monumento de Portales & Olmedo (bueno, este no estaría tan mal) – Veredas a los costados de las calles peatonales, para que la gente camine. Pará. Cómo, si ya la gente camina por las peatonales. Bueno, por las dudas. Por si no se animan. Viste cómo es la gente – Un vivero adentro del Botánico. Y así.
Sírvase completar con la redundancia que más le plazca.
miércoles, 30 de enero de 2013
¡Ponen primoroso desinterés artesanal!
Desinterés n° 22: Árbol que le pusieron un vestidito de crochet para promocionar un negocio de lanas e hilos
Scalabrini Ortiz y Córdoba. En la misma cuadra, en otro negocio del ramo, se exhibe una bicicleta encrochetada de desinterés algo menor. Me informan por otro lado que el encrochetamiento de árboles es un fenómeno que se está extendiendo, especialmente en rubros como la puerta de casas de “objetos de diseño” y hoteles boutique (no se ha detectado encrochamiento, en cambio, en vidrieras de armerías, parrilladas, gimnasios barriales de boxeo o talleres mecánicos).
Miren, la espantosa muñeca que domina mentalmente a las niñas induciéndoles una risa enfermiza.