martes, 23 de febrero de 2010

¡”Crónicas de T”: El Final SoÑado!





Crónicas del Taunus: Desperfecto n° 146


Esta vez no es tanto el relato de una avería como la revelación de mi crecimiento personal y una declaración de Amor. De Amor platónico y viril (porque el taunus es hombrecito), pero Amor al fin.


En primer lugar, se puede decir que estoy madurando: no esperé a que el auto me deje en la calle para luego seguir eloprocedimiento habitual de llamada al auxilio entre gemidos lastimeros de Chewbacca, espera en alguna esquina oscura a la 1 de la maÑana, su ruta, mecánico y después a esperar sentado. No, querido, palo y agua, esta vez a los primeros berrinches, los primeros gruÑidos de cerdo viejo, los primeros síntomas de empacamiento, ¡cataplumba!, lo llevé al profesional. A mí no me agarrás más. Así que se puede decir que la palabra “desperfecto” tal vez sea una exageración. Se trató de unas líneas de fiebre, de un leve enrojecimiento de la garganta agarrado a tiempo. Lo que no obsta, claro, para que a pesar de ser los mismos síntomas geriátricos de siempre, el mecánico haya descubierto unas causas competamente diferentes que requerían cirugía mayor, mucha mano de obra, repuestos y un palazo de 10 pesitos. Pero eso ya entra en el terreno de la falla humana.


Ahora, le tengo que reconocer que una vez pasado el tratamiento, el Taunus impecable. Con el valor agregado de que estoy de vacaciones, vacaciones urbanas pero salpimentadas de entretenidas excursiones a la Provincia, y entonces, segundo reconocimiento: ¡Qué lindo que es manejarlo en la autopista! ¡Cómo se explaya! ¡Cómo se desliza!


Quiero explicarle esto a los burgueses y tenderos que claman por la jubilación de T. y que se enorgullecen de tener autos prácticos y modernos que nunca pasan por el taller. Muy lindo tu auto pero, claro, lo que pasa es que tenés un auto de trote corto, un lindo auto, bien, correcto, que te viene bárbaro para ir de Ciudad de la Paz a Cucha Cucha o de Combate de los Pozos al Pasaje El Maestro. Vendría ser como un auto “de tiro” y no voy a negar su amabilidad y dotes prácticas.


Pero no puedo dejar de sentir cierto perverso orgullo por ser dueÑo de un auto indómito. Es como un potro salvaje que en la ciudad, frenados, semáforos y peatones mediante, se va resintiendo, llenando de carrasperas y flema, cocinándose en su propio caldo de encierro y furia. Pero lo largás a la Panamericana o la Ruta 2 y el tipo es feliz; parece un auto de tres o cuatro aÑos, y no estoy hablando de “aÑos-auto”, no, parece un 0 kilometro del futuro, movido a propulsores de nitrógeno y ruedas antigravedad.


últimamente he recibido presiones que apuntan a la jubilacion del Taunus y su posterior desguace. Se me informa de razones económicas, de tiempo, de seguridad y practicidad. Puedo entenderlas y hasta concordad, pero desde ya tengo que decir que me niego firmemente a venderlo para que quede en manos de algún reducidor de vehículos que lo descuartice sin piedad.


No, cuando llegue el momento llevaré al automóvil a la ruta 9, a unos 100 kilómetros de la Capital con el tanque lleno; presionaré el acelerador con un adoquín y colocaré en su interior un grabador en el que suene a todo volumen el tema “Born Free”; y luego, soltaré el freno, me arrojaré del auto, y con el rostro baÑado en lágrimas lo miraré desaparecer en el horizonte, cabalgando sobre el viento.


Miren, el tipo que se hizo la casa con botellas.


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