jueves, 16 de agosto de 2012

Dato 4.821: Besos entre hombres


caparros.gifEn Argentina los hombres empezaron a besarse entre sí en 1986. ¡Mirá vos! (Fuente: Gustavo Correa, que dice que “una chica del Facebook lo publicó, pero es escritora y me parece seria, se llama Patricia Suárez, por ahi la conocés” Probabilidades de exactitud: 1 %%, y le pongo 1 para que no repita el año pero me parece una vergüenza que a esta altura se manden miravoses de esta calaña, o sea, somos pocos y nos conocemos mucho, es una falta de respeto total. Es un insulto a mi inteligencia y a la de todos ustedes. ¿Por qué nos insulta, Sr. Correa? Y aparte a esa señora no la conozco y que sea escritora solo da la pauta de la clase de catadura moral de la gente que el Sr. Correa tiene como referentes, salvo contadas excepciones el escritor que no es un alcohólico (Poe, etc.) es drogadicto, prevaricador o pederasta. Por favor terminemos con este tipo de cosas que sólo nos denigran como nación y como especie. Ya me amargaron el resto del año, mirá, no sé ni si voy a volver por acá, estoy devastado)


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¡Top Ranking 35 de la Nostalgia!


1) Uhhh, ¿te acordás de los Sea-Monkeys?

2) Uhhh, ¿Y de Joe 90? ¿Te acordás de Joe 90?

3) Pará, pará, ¿y te acordás cuando laburabas en Clarín y eso no le daba derecho a medio planeta a TIRARTE CASCOTAZOS? ¡Uhhh, qué loco (fue el aÑo pasado)!

4) ¡Pará! ¿Y te acordás de cuando querías representar a un .Medio de Comunicación Malo. o un .Periodista Malo. y alcanzaba con mencionar a Radio 10 o ámbito Financiero? ¡Ja, ja, qué tiempos aquellos! Pará, ¿y te acordás del Topolino?

5) Che, ¿y qué pasó con Radio 10? ¿Son buenos ahora?

6) ¿Y de los Matchbox? ¡Qué buenos que estaban!

7) Uhhh, ¿y te acordás cuando el canal 7 era criticado porque mucho noche del domingo, mucho culo y teta, culo y teta y nada de política y se decía .qué barbaridad, cómo es que canal 7 no se utiliza para habar de política.?

8) ¿Y cuándo Darín era un .galancito. que andaba con Susana Giménez y contrabandeaba autos y no había que lavarse la boca con agua bendita antes de pronunciar su Sagrado Nombre? Uhhhh.

9) Uhhhh, ¿y cuando todos creíamos que Kirchner era un títere de Duhalde? Fue como hace TREINTA AÑOS, ¿no? Ah, no, pará, fue hace ocho aÑitos. Pará, ¿y de Gaby, Fofó y Miliki? ¿Te acordás de Gaby, Fofó y Miliki?

10) Uhhh, ¿te acordás cuando se podía hablar de la Oligarquía del campo y no te acusaban de kirchnerista furibundo?

11) Uhhh, ¿y cuando todos (¡sí, TODOS!!!) pedíamos que se reabran los juicios a los milicos y no te acusaban de kirchnerista furibundo?

12) Uhhh, ¿te acordás cuando podías poner a Hebe de Bonafini como símbolo de la lucha por los Derechos Humanos y nadie ponía cara de asquito? Pará, ¿y de Carozo y Narizota te acordás?

13) ¿Te acordás que antes no había soja? Había milanesa de soja, o salsa de soja, pero no era una planta. ¡Mirá ahora toda la soja que hay!

14) Uhh, ¿te acordás de la musiquita del Canal 2 antes de que vieniera la televisión a color y la programación empezaba a las 4 de la tarde? Yo me acuerdo (la tengo grabada en el cerebro), era así: Dun, durundun, dun dun dun dun, durundun, dun dun dun dun, durundun (repite). ¿Se consigue esa música ahora que hay Internet?

15) Pará, ¿te acordás cuando Tinelli era un pinche de Badía y Badía (¡Badía!) lo gastaba? ¡Ja, ja, ja!

16) Uhhh, ¿te acordás cuando todos aplaudíamos al Congreso por declarar el default, porque era un acto de soberanía?

17) Uhhh, ¿y te acordás cuando todos apludíamos a Kirchner por cancelar la deuda con el FMI, porque era un acto de soberanía?

18) Pará, ¿y ahora hay que pagarle de nuevo? ¿No estaba ya? ¿Cómo es? Pará, ¿te acordás de .Los Uruguayos.? ¿Y de Mesa de Noticias, y del jugador Pancho Sá, y de Gath & Chavez, y de la .Mountain Dew.? ¿Te acordás de todo eso?

19) ¡Pará! ¿Te acordás de Menem?

20) Sí, sí, ¿te acordás de cuando Menem era un Superhombre invencible y diabólico que reinaría sobre nosotros hasta el fin de los tiempos y había que votarle siempre en contra, siempre en contra, siempre en contra hasta desalojarlo del Poder y no había caso, era inconmovible, el tipo era una roca, un trozo de granito, un trozo de adamantium? ¡Ja, ja, ja, ja, ja! ¿Dónde andará ahora?

21) ¿Y Marcelo Marcote? ¿Dónde andará ahora?

22) ¿Y Willy Ruano? ¿Dónde andará ahora?

23) ¿Y Andrea del Boca? Ah, no, pará, ahora está.

24) ¿Te acordás cuando Serrat, León Gieco, Mercedes Sosa, Víctor Heredia, Antonio Tarragó Ros, etc. eran la Reserva Moral de la Izquierda? ¡Ja, ja, ja! Ahora decís .León Gieco. y te recontracagan a trompadas.

25) ¿Te acordás cuando mencionar a Magdalena Ruiz GuiÑazú, María Elena Walsh, Rolando Hanglin, Jorge Asís y el Buenos Aires Herald era .progre.? Sí, sí, en una época era .progre.. ¡En serio!

26) Eso era porque Magdalena había desafiado a Harguindeguy.

27) Y María Elena había escrito .El país Jardín de Infantes..

28) Y Hanglin escribía en Satiricón, y Asis era peronista, y el Herald escribía sobre derechos humanos, etc. y todo eso y ahora los escuchás y te querés cortar las bolas.

29) ¿Te acordás cuando decir cosas de izquierda estaba bien visto y los .neo-fachos. no habían importado la palabrita .progre.? Se usaba .psicobolche., pero menos a mansalva.

30) Pará, ¿y de las zapatillas .Flecha. te acordás?

31) Uhhh, ¿te acordás cuando usábamos jeans con agujeros y remerón de Snoopy? Ah, no, pará, ese era yo.

32) Uhhh, ¿y cuando creíamos que la gente de Capital era más progre que elr esto del país y por eso le votaba en contra a Menem? ¡Ja, ja, ja!

33) Ah, pará, ese también era yo.

34) Pará, ¿y de los Sea-monkeys? ¿Alguien se acuerda de los Sea-Monkeys? Pará, pará, ¿se acuerdan de los Sea-Monkeys? ¿Y los Sea-Monkeys? ¿Se acuerdan? Los Sea-Monkeys, los Sea-Monkeys ¿Se acuerdan, se acuerdan de los Sea-Monkeys?

35) Bueno, yo no.


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¡El Mal está instalado en nuestros aparatitos!


En aquella época legendaria en que yo no tenía celular, consideraba que cualquier intento de humorismo acerca del aparato representaba una tilinguería repulsiva; leía en blogs y revistas comentarios jocosos sobre mensajitos mal enviados o funciones estrambóticas, y me cocinaba en mi propio jugo de irritación y fastidio. “Hay que ser pelotudo”, decía yo, moviendo la cabeza



Hoy que soy un chico moderno y no sólo tengo celular, sino que ya voy por el segundo (un consejo: no jueguen a los manguerazos con el aparato en el bolsillo), curiosamente ya no me parece tan infame. Esto puede significar que o bien me he degradado humanamente o que la cosa no era para tanto. Sin embargo, hay una tercera posición que me parece mucho más irrefutable: Cualquier cosa está bien, mientras la haga yo.



Aclarado este punto, tengo que decir que mi nuevo aparato –austero, sin camaritas ni cosas raras, que eso SÍ está mal- viene con una función tecnológica que jamás hubiera creído posible: La “Falsa llamada”.



Se trata de un botoncito o programación que al ser accionado, hace que el teléfono suene, como si nos llamara alguien, quedando completamente caduco lo que se hacía en los viejos tiempos: hacer “ring, ring” con la boca, para luego decir “uh, tengo un llamado”, lo que solía verse con malos ojos. La función tiene cientos de aplicaciones prácticas: reuniones bodrias, velorios, discusiones con acreedores o mujeres, sentirse menos solo, etc.



Pero lo que realmente me pasma de la cosa es cómo una empresa seria, respetada mundialmente, que fabrica telefonitos con ganancias de millones de dólares, incluye una utilidad tan obviamente inmoral en su manual de instrucciones, sin que se le mueva un pelo. Ni siquiera han intentado disfrazar la cosa, ponipendole “Función de sonamiento del ringtone automático” o “Chequeo de buen funcionamiento del ringtone” o aunque sea “Llamada no exactamente exactamente exactamente verdadera”. No, “Falsa llamada”, le mandaron, así sin eufemismos de ningún tipo. Falta que le agreguen “Y si aceptás esta función, no te quejes si el aparato se te trula a los tres meses, que vos sos igual de pillo que nosotros, los señores Telefonito”. Esto, además de dar cuenta de la decadencia moral de Occidente, la cercanía del Apocalipis, el Reino de la Inmunda Ramera de Babilonia, el fin del Mundo según el Calendario Maya, las doce tribus perdidas de Israel, el Triángulo de las Bermudas, la msiteriosa desaparición de los Caballeros Templarios, eeehhh… Perdón, me extravié un poquito. Decía, además de todo eso, abre las puertas de una miríada de “Funciones de Celular Malvadas”:



“El Falso Mensaje”: Como la falsa llamada, pero en mensaje, y aparte te aparece escrito y todo. Un robot escribe los mensajes a tu medida y conveniencia, como para que unos los muestre comentando “Uh, mirá el mensaje que me mandó Megan. Desde esa noche en San Diego no me deja en paz, la pobre, quién hubiera dichoque una súper estrellacomo ella sufriría de fiebre uterina”. O “¡Este Marty! Porque yo a Scorsese le digo Marty. Insiste en hacer una película con mi blog, ahora me pone que ya lo consiguió a Robert Downey para hacer de mí. Pero yo ya le dije que tengo ciertas dudas con la trasposición de géneros, no quiero comprometer mi ética artística. Bueno, veremos.” O: “Uh, mirá, me invitaron a una cena de fin de año” o “Uh, mirá, me madaron una promo” (cuando el nivel de nuestras pretensiones ha descendido un poco).



La “Falsa Llamada a Otro”: Se trata de unas “llamadas fantasma” que apareden registradas en tu aparato aunque no las hayas hecho nunca. Su uso más inocente es demostrar que uno ha hecho el intento de comunicarse con esa persona, cuando lo había olvidado por completo. Sirve para cumpleaños ajenos y otros compromisos que no nos importan. Su uso más maquiavélico, por otro lado, es acusar a otra persona de no atender tus llamados, con el objeto de manipularla psicológicamente, exigirle favores a cambio, utilizarlo como prueba judicial, etc.



La “Falsa Llamada de otro, pero a otro”: Se trata de una función por la cual podés llamara a otra persona, pero al otro le aparece un teléfono ajeno. Por ejemplo, el de tu ex suegro, ponele. Ideal para llamadas obscenas, amenazas anónimas, falsas noticias de fallecimientos, chistes telefónicos tipo “¿Hablo con la Familia Gallo?” o simplemente llamar y cortar, llamar y cortar, llamar y cortar, llamar y cortar. Viene con una camarita conectada la casa del impostado, para verle la cara cuando el acosado lo llama para putiarlo.



El “Falso Usuario”: Se trata de un robot que atiende por vos, imita tu voz a la perfección y mantiene una conversación con la persona indeseable de turno. Y aclaremos que cuando digo “robot” no me refiero a un “programita” virtual, sino a un robot en serio, un replicante igual igual a vos, sólo que con pinzas de acero en lugar de manos y la fuerza de cien hombres, así que también puede ser útil a la hora de discutir con algunos vecinos. Y que tenga rayos láser y “Función mayordomo”.



La “Falsa Fotito”: Para hacer uso de esta función, ni siquiera hace falta que el celular tenga camarita, porque como ya hemos dicho, tener camarita está mal. Sirve para sacarle fotos a personas que crean merecerlo. Luego, le mostrás cómo salió la foto, pero cuando aprieta el botoncito al tipo le aparece la foto de uno de esos deformes que salen por Youtube, y tiene pesadillas durante toda la semana. Viene con una frazadita del tamaño de la pantalla, que la cubre cuando lo mirás vos (así no ves al deforme).



La “Falsa Linterna”: Pretendiendo que el moderno celular sea un cortaplumas suizo de cosas de electricidad, en algún momento se le agregó la “función linterna”, que sirve para buscar llaves, aritos, etc. Nosirve, lamentablemente, para buscar el celular que se te cayó en la zanja. No importa. Ese es otro tema. La cosa es que en este modelo, la “Falsa Linterna” es, en realidas un rayo láser perforante, que vos ya sabrás cuando, cómo y contra quién usar. Y si el tipo se enoja (por ejemplo, si pierde el ojo), ahí accionás al “Falso Usuario”, para que le haga un fuerte apretón de pinzas.



El “Falso Celular”: Se trata de una medida preventiva para que no te lo pidan prestado. Es un celular igual a tu celular, sólo que tiene unas púas microscópicas embebidas en curare. La dosis es mínima, como para dejarlo al tipo paralizado durante algunas horas. Tampoco queremos matarlo, sólo sacudirle un poco la hormona del manguerismo. Y si se te va la mano, el “Falso Usuario” viene con una “Función The Wolf” (en homenaje a Harvey Keitel en “Pulp Fiction”)



Podría seguir HORAS, pero ¡ring, ring!, upa, me llaman, me llaman, perá.


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martes, 14 de agosto de 2012

¡Revelan inesperadas consecuencias de la anti-escasez de monedas!


COSAS QUE SE ESCUCHARÁN A PARTIR DE QUE PAGAR CON MONEDAS EL BOLETO TE SALE MÁS CARO Y NADIE QUIERE MONEDAS Y TE LAS TIRAN POR LA CABEZA Y SE ACUMULAN EN RINCONES, BOLSILLOS, CAJAS Y CANASTITAS SIN QUE NADIE HAGA NADA:



“Hola, ¿tenés una Rodhesia?”

“Tomá, dos pesos justo”

“Tomá, acá tenés 20 monedas de 10 centavos”

“Uy, ¿no me podés no pagar con cambio? Tengo demasiado cambio”

“Y, lo que pasa es que no lo necesito para el colectivo”

“Y, flaco, pero yo no soy un banco para estar no dándote monedas, andá a un banco”

“Es que en el banco tampoco no me queren no dar monedas, me sacaron carpiendo, me dijeron que no aceptan más de diez pesos en monedas por persona. Y tengo $$ 999.7889.5.666. Pero todo en cambio y no lo quiere nadie, es como si no tuviera nada”

“¡Es que ya tengo! Ya tengo cambio, ya tengo, tengo demasiado cambio, no me sacás todo el cambio. ¿Después cómo hago para no darle cambio a los otros clientes?”

“¿Pero para qué no tenés el cambio, sino es para no darle vuelto a un cliente? Yo soy un cliente. Yo no tengo la culpa de que tengas cambio, tendrías que no conseguirlo vos. No me des una moneda, me matás si no.”

“No es mi obligación no tener cambio, mirá, mirá la caja, ¿ves? Está llena, rebosante, pletórica de cambio y monedas, ya no sé dónde ponerlas. Tengo atrás un cuartito lleno de monedas”

“¿Y yo ahora cómo hago? Me tengo que tomar el colectivo, ¡No necesito monedas! ¡No necesito monedas! Vos sabés que si tengo monedas no me puedo tomar el colectivo (porque me sale más caro)”

“¿Y no podés pagar con la SUBE?”

“Sí que puedo, no la perdí, justamente por eso no quiero monedas. El tema es que tengo tantas monedas en los bolsillos (en mic asa ya no hay lugar) que no puedo subir las piernas para subir al colectivo. Dale loco, ponete las pilas, aunque sea agarrame un peso”

“¡No puedo! Ya tuve problemas con los vecinos de mi casa (se hundió el techo) por la cantidad de monedas que tengo guardadas. No entiendo qué pasa con las monedas. ¿Quién no las tiene?”

“Y, pero a mí también me pasa lo mismo. Para mí que hay algo turbio, hay una mafia que no está acaparando monedas”

“Ah, a mí me dijeron lo mismo, hay una mafia que te vende monedas de un peso a 80 centavos, se están no llenando de guita”

“Qué hijos de puta, seguro que se están vaciando de guita”

“Claro, pero en monedas”

“Claro. Cómo juegan con la desesperación de la gente, pobre país”

“Y aparte el Gobierno sigue acuñando monedas, para amortizar las reservas de níquel que se compraron. Te das cuenta la locura en la que estamos inmersos”

“Sí, para mí hay más monedas que antes, cada vez más, aumentando en proporciones astronómicas y demenciales. Y el que se jode es el ciudadano de a pie. Pobre país”

“Incluso no sabés cómo bajó la venta de Rodhesias”

“Y, esto prueba Rodhesia estaba sostenida en base al tráfico de monedas. Bueno, me alegro, por hijos de puta, yo te trefiero una Tita toda la vida.”

“Mirá, yo lo que puedo hacer es aceptarte 50 centavos en monedas, más no.”

“¿Y cómo hago? No hay billete de un peso con cincuenta”

“Y, no sé”

“Bueno, te doy cincuenta centavos y el resto en caramelos (que compré en el kiosco de la vuelta, CON MONEDAS)”

“(Suspiro) Bueno, bueno, dame los caramelos. Son todos iguales, ¿eh? Vamos bien, vamos bien (suspiro). Vamos bien”


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Dato 4.889: Japón


caparros.gifEn Japón las empresas de seguros ofrecen cobertura contra el “hoyo en uno” para los jugadores de golf, ya que en ese país se considera que los que lo consiguen tienen la obligación moral de compartir su suerte con los demás miembros del club, ya sea pagándoles una comida, haciéndoles regalos, etc. En estas ocasiones no es raro que se terminen gastando varias decenas de miles de dólares. ¡Mirá vos! (Fuente: Heguido, que lo sacó de “una revista Selecciones de 1997. O sea, la fuente más indiscutible del mundo, y de yapa, añejada.” Probabilidades de exactitud: 200 %%, por la fuente, pero hay que restarle el desfasaje temporal, o sea 200 %% – 1967 %% = -1767 %%)


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lunes, 13 de agosto de 2012

¡Novela con problemas técnicos: El múltiple!


(Novela hipotética con el problema técnico de que el tipo se encajeta mucho con escribir desde el punto de vista de varios personajes)



No fue una buena noche. No, no lo fue. Se suponía que era una elegante salida familiar a un elegante restaurante italiano. Yo con corte de pelo del mediodía, Eve preciosa en su vestido color melocotón, los gemelos recién bañados y expectantes. ¿En qué momento se desbarrancó todo? Empezó con un chiste, un sencillo sarcasmo dicho entre dientes. No pensé que Eve se sentiría herida, ni tampoco fue mi intención. ¿O tal vez sí? Años de resentimiento matrimonial. Ya es difícil discernir dónde termina al amor y dónde empieza esa mezcla sucia de comodidad, acostumbramiento y deseos de asesinato reprimidos que, por otra parte, está presente en todas las relaciones humanas. Y luego, la paulatina agresividad surgiendo de nuestras bocas, los gritos, las acusaciones, las lágrimas. Y Jill y Tommy mirándonos con ojos tristes. Pero ahora esto. El policía que me detiene para inspección “de rutina”, y al que no le hará falta ser Columbo para adivinar lo completamente borracho que estoy. La humillación que faltaba. No necesito esto frente a Eve, y menos frente a los gemelos. No lo necesito frente a mí mismo.



En la mañana llamaré a Horton. Esta fue la gota que rebasó el vaso. No puedo seguir junto a él. Horton intentará calmarme. Me preguntará si aún lo amo. ¿Y yo qué sé? ¿Acaso tiene algo que ver? Ya hace tiempo que el amor no forma parte de mis preocupaciones. Simplemente ya no puedo mirar a Loomis, porque de Loomis estoy hablando -porque yo soy Eve, la esposa de Loomis, como me gusta aclararme mentalmente cada tanto, en la eventualidad de que mis pensamientos fueran leídos por alguien a continuación de los de Loomis y hubiera que evitar confusiones- sin una sombra de ira. Sin el desprecio que me inspira su hipocresía, su tacañería, su gusto barato. Iba a hacer una noche especial, donde intentaríamos por un rato volver a ser la familia que éramos. Pero no, él no lo permitiría. Él tenía que hacer esos comentarios sobre Esther. Él sabe bien cuánto me duele. Por esas cosas es que no soporto verle a la cara. O por la pantomima patética que está a punto de ensayar, tratando de ocultarle al policía que está borracho. Si hacía falta algo para que revise mi celular buscando el teléfono del bufete de Horton, era este espectáculo ni siquiera triste.



¿Irá papá a la cárcel? ¿Mi papá, que se llama Loomis (así como yo me llamo Jill, porque soy Jill)? ¿Y mamá? ¿Mamá irá a la cárcel, también? ¿Quién conducirá el coche en ese caso? ¿Tommy? ¡Espero que no sea él! ¿Cómo llegará a los pedales?



Ok, tenemos un 412. Puedo sentirlo desde aquí. Pobre bastardo. Se nota desde lejos no sólo su borrachera sino su completa y total infelicidad. La veo en sus ojos, y en sus manos. Papá decía que se puede adivinar la felicidad de un hombre mirando cómo mueve sus manos. Cómo sus dedos se agarrotan por la tensión constante de negar que su vida es un infierno, amoratando sus nudillos. Dejándole marcas varicosas. Y el Señor sabe que aprendí a prestarles atención. Un policía debe hacerlo –porque soy un policía- o no sobrevivirá mucho a las calles, a las armas de los adictos al crack surgidas de entre la ropa, a los puños lanzados por los borrachos beligerantes, a los puñales de los jóvenes miembros de las mafias latinas. Pero nada debo temer esta noche. Este tío está demasiado vencido para intentar mano, así que sus manos son sólo eso: Manos tristes.



No debo tambalearme. Si algo útil me enseñó papá –papá, con su eterna ebriedad leve de whisky de centeno- es cómo disimular el tambaleo en cuanto uno se acomoda fuera del auto. Porque soy Loomis –el que estaba manejando recién- y el policía me ordenó salir del auto. Eso es. El pie derecho se golpea, como para enterrarlo en el asfalto y el tercero lo sigue, amagando la misma patada pero aterrizándolo levemente, como para que el cuerpo tenga tiempo de acomodarse y disimular el serpenteo involuntario. La mirada tranquila, pero los párpados deben tironear un poquito hacia arriba, sólo un poquito, porque los ojos de huevo duro no suelen ser una señal tranquilizadora. Y todo debo hacerlo fingiendo que los ojos de Eve taladrándome la nuca me importan un comino.



Si Tommy, mi hermano gemelo, porque yo soy Jill, intenta manejar, le recordaré que soy la mayor por quince minutos. Y que tengo piernas más largas. Él puede mirar el mapa. Papá lo guarda en esa puertita que hay en el asiento donde viaja mamá y Tommy puede leerlo y decir por qué camino podemos ir. Sé cómo entrar luego a casa, por la ventana por la que entra papá los viernes de madrugada. Le he visto, sé cómo hacerlo y luego cómo dejarla para que parezca cerrada. De ese modo cuidaremos que no entre ningún ladrón hasta que papá y mamá vuelvan a casa.



Yo creo que decididamente si pelea un Megazord contra un Autobot, debería ganar un megazord. Parecen más grandes. Estoy seguro. Jill, que es mi hermana gemela –por eso pensamos de forma parecida y si nuestros pensamientos estuvieran escritos aparecerían con el mismo tipo de letra- no sabe nada de estas cosas, con sus tonterías de Barbie y Hannah Montana. No, no lo sabe. ¿Y por qué tarda tanto papá?



Patético. Esa es la única palabra que se me ocurre. Eres patético, Loomis, y estoy cansada de negarlo, de negárselo al mundo y sobre todo de negármelo a mí misma. Pará. Porque soy Eve. No me canso de aclarármelo a mí misma. Especialmente por las dudas, por si se me rompiera la función que pone las letras en itálica en el caso de que nuestros pensamientos estuvieran por escrito, y eso me importa porque, porque, esteee, porqueeee, ¡porque trabajo de editora en una pequeña editorial de New Jersey! Sí, eso es. Por eso siempre pienso en estas cosas y ando aclarándomelo mentalmente, incluso en esta situación. Bueno. En fin, la cosa es que es patético. Hasta ese triste policía, que no parece muy feliz de estar en el camino a las dos de la mañana, ve a Loomis con lástima. Patético.



Debería dejarlo ir. No es un mal tipo. Sólo ha tomado algunas decisiones equivocadas. Como tomarse un par de copas de más en una salida familiar. O como hacer una salida familiar, o como formar una familia. Ya se nota que tiene castigo suficiente con su propia existencia Y Dios sabe que necesito tanto arrestar un tipo y pasar el resto de la noche llenando el papeleo como una segunda apendicectomía. Ojalá que todo eso sea lo que esté pensando el policía, así me deja irme (pará, porque soy Loomis y me quiero ir a mi casa). Y ahora, ¿por qué va a hasta la patrulla?



Ok, lo dejaré ir. Pero obviamente no tiene que salirle gratis, así que fingiré que voy a la patrulla, a hablar con el precinto. Diré mis palabras y números técnicos de rigor, algunos inventados, con los que a los policías (porque yo soy el policía) nos gusta aterrorizar a estos pobres diablos, y luego volveré y le diré “Vuelva a casa, señor, y maneje con cuidado” Y pensaré “y choque contra un poste, como si me importara”. Ojalá que eso sea lo que esté pensando el policía –porque soy Loomis y me estaba imaginando lo que pensaba el policía. Y ahora me lo imaginaba con otro tipo de letra, porque me imagino que si todo esto estuviera por escrito cada uno de nosotros hablaría con un tipo de letra distinto, en el párrafo anterior (porque si esto estuviera por escrito lo que pensé hace un ratito estaría como en otro párrafo) medio que no me di cuenta y pensé todo con la misma tipografía; y aparte pienso mucho en estas cosas porque yo que soy Loomis trabajo en una pequeña editorial de New Jersey, ¡claro! La misma donde trabaja Eve, de hecho ahí fue donde nos conocimos. Claro, no es una casualidad, o sea, es perfectamente creíble todo esto que estoy pensando. Todo cierra. Bueno. Bueno, ojalá que el policía piense todo eso.



Si no fuera por los niños desearía que lo arresten. Tal vez eso le enseñe algunas cosas. ¡Maldita sea! ¿Cómo terminamos así, dos jóvenes promesas del mundillo editorial de New Jersey? Arrinconados a un costado de un camino oscuro, evaluados por un policía que no parece muy feliz de estar aquí a las dos de la mañana. Pará, porque ahora soy Eve. Y mi otro problema es que yo también me tomé dos bloody marys (Dios sabe que antes de casarme con él lo más fuerte que bebía era Ginger Ale), así que, ¿quién manejará? ¿Tommy? ¿Cómo llegará a los pedales? Y encima con esta extraña sensación de que, si mis pensamientos fueran transcriptos a una novela, estaría tan borracha que ni siquiera podría pensar con mi propio tipo de letra, sino con el tipo de letra del policía, y que encima a él sí le funcionaría la itálica. ¡Maldita sea, no puedo dejar de pensar como editora! ¡Voy a volverme loca, loca, loca, ja, ja, ja, ja!



Señor, deberá acompañarme a la jefatura. Eso debería decirle. Sí, es lo más prudente. Eso es lo que el policía está pensando decirle a papá. ¿Y quién manejará? Mamá también tiene ese olorcillo gracioso. ¡Tengo miedo! ¡No creo que pueda manejar, y Tommy aún no lee bien! ¿Cómo leerá el mapa? Pará, eso es lo que están pensando mis hijos, y con ese tipo de letra, porque soy Loomis. Y yo sigo pensando en ese tipo de letra (en el caso hipotético de que esto estuviera por escrito), para expresar lo identificado que estoy con ellos y porque estoy borracho y medio cagado en las patas y no puedo cambiar de tipo de letra. Patético. Eso es lo que estoy pensando. Ah, no, pará, esa es Eve. Ahí está, soy Eve. No, pará. Ahí está, eso es lo que está pensando mamá de pap… No, pará, los niños no pensarían en una forma tan compleja y sofisticada. Loomis nunca los estimula. La última vez que los llevó al teat… Pará. Pará. No, pará, si Loomis soy yo.



Si sólo apareciera Optimus Prime, podría llevarnos y podríamos ver la tele. Eso es lo que debe estar pensando el niño, que tiene cara de ser medio fanático de los Transformers. Me lo imagino así, con ese tipo de letra, pienso en esas cosas porque soy edit… No, pará, Soy policía, porque soy el policía, y… Esteeeee…



(Se suspende la novela por problemas técnicos)


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¡Macabra conclusión sobre cerrajería!


Y ALLÍ UNA VEZ MÁS ESTABA YO COMO TANTAS OTRAS VECES, TREPÁNDOME A UNA MEDIANERA COMO UN VULGAR RATERO PARA ENTRAR A mi propia casa. Pasando –como tantas otras veces- por la casa del vecino de la ocasión (en este caso una anciana que no paró de demostrarme que estaba completamente aterrorizada por mi presencia en su hogar mientras me conducía hasta su terraza al gemido de “Ay, Dios”, “Ay, Dios”) y perturbando la vida y los negocios de otras personas. Pero pregunto: ¿puede alguien declararse totalmente libre del Pecado Venial de Dejarse las Llaves Adentro, o de Ser Víctima de los Cerrojos que se Rompen? Y no es que quiera echarle la culpa a la casa en sí –ya que el chiste me fue realizado en por lo menos tres propiedades diferentes- pero evidentemente la culpa no es enteramente mía, sino de la Sociedad, ya que no se habría creado la profesión de Cerrajero Urgente 24 Hs. de no ser esta calamidad “algo que más tarde o más temprano, te pasa”.



Pero voy aún más allá: ¿Puede el Hogar considerarse un Hogar si uno aún no ha accedido a él por medios no tradicionales? ¿Puedes tú jactarte de ser el Amo y Señor de tu castillo si entras a él todos los días maniobrando con tus patéticas llaves como un boludo? ¿Acaso la verdadera Libertad –en este caso, la Libertad de entrar a nuestra casa para estar con nuestras cositas- no es aquella que se toma sin permiso? ¿Acaso debemos pedir anuencia para abrirle nuestro corazón a la mujer que amamos, confesarle la verdad a nuestros hermanos de Alma o enviarle un mail amenazante (precavidamente anónimo) a Fernández de Cotaduría?



¡Declaro, expongo y postulo que no! ¡Rechazo enérgicamente la idea de que MI casa, el lugar donde el Guerrero reposa sus huesos, donde descansan ordenadamente mis libros de numismática y criptozoología forrados en cuero marroquí, donde me relajo putualmente a las 19:30 con un vaso de scotch con soda junto a mi cuervo embalsamado, donde mi amada y mis niños duermen cuando nos cobija la Reina de la Noche deba permitirme su acceso a través de un ingenio mecánico confeccionado por un artesano cuasi-medieval, como si fuera un extraño y no el Dueño de Casa (en el sentido amplio de la palabra “Dueño”), como si una entidad robótica me concediera todos los días la gracia de entrar a mi cubículo mediante un santo y seña y riera entre dientes mientras ironiza “sí, sí, entra a ‘tu’ casa… mientras tengas tus llaves”! ¡No! ¡Te he vencido, Entidad! ¡Mediante mi ingenio, las fuerzas –en decadencia, pero fuerzas al fin- de mis poco entrenados músculos, la ayuda de escaleras, sillas, bancos y macetas y la colaboración de los vecinos cuyo apoyo, confianza y solidaridad he sabido ganarme yo solo (A través de ocasionales saludos consistentes en lúgubres movimientos de cabeza), he sorteado tus salvoconductos y condiciones, hasta penetrar en el corazón de mi propia Vida!



Ahora YO tengo el Poder. Sí, Entidad, luego de una breve visita al artesano vuelvo a tener tu llave, pero por comodidad, como parte del lujo fatuo y “extra bonus” que nos dan los tiempos modernos. Pero he tomado posesión de mi casa por mis propios medios, y ahora ésta se rinde a mis pies, refriega su hocico contra mis rodillas y me mira con la adoración de la más fiel de las mascotas.



Así que si me dejo de nuevo la llave adentro ya sabés, no es que sea un boludo, es otra cosa, otra cosa, otra cosa.


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