Quiere un lugar común entre la gente piola que hablar del clima es de boludo, o revela una personalidad sosa o lúgubre. NADA MÁS FALSO. Pocos temas hay tan interesantes como el clima y sus variantes: la climatología, la climasofía, la climastesia, el climatismo, el climaterio, etc. El clima abarca casi la totalidad de los asuntos humanos: la matemática, la geografía, la historia, la ecología, la medicina (como el tema de la “ola de calor”), la psiquiatría (“el invierno a mí, lo que es a mí me re bajonea”) e incluso la filosofía (¿Existe el frío o sólo la ausencia de calor? Para pensar). En realidad, dejémonos de joder, prácticamente es una locura insensata que hablemos de otra cosa.
El tema “clima” además es infinitamente más rico e interesante cuando se circunscribe a la parte “calor”, ya que produce inmediatamente una complicidad, un pensamiento subyacente relacionado con el descanso, las vacaciones, la relajación de las costumbres, andar en pelota, en fin, pudiendo inferirse que las personas que hablan inocentemente del clima (incluso esas dos viejecitas tan inofensivas) están en realidad hablando de cosas de sexo y perversiones y látigos.
Por supuesto, como la mayoría de la gente es un bodrio logra reducir este tema tan inagotable a una serie de refranes prefabricados. Por eso el servicio de mejoramiento de conversaciones de YCEM ofrece a continuación el siguiente instructivo para hablar del calor, dividido en a) Cantidad de calor, b) Calidad del calor y c) Inconveniencia del calor en sí.
Cosas para decir cuando hace calor respecto de la cantidad:
“¡Pfff, qué calor hace!”
“No sólo qué calor hace, yo diría cuánto calor hace”
“Ah, sí”
“No cuesta nada expresarse bien”
“Bueno, bueno, Doctor Gancedo”
“Porque el tema no es que haga calor, el tema es la cantidad de calor que hace. Yo creo que hace bastante”
“¡Sí! Yo creo que hace un montón, un montón de calor, ay ay ay qué calor que hace, no puedo más del calor, hay una verdadera ola de calor, no veo la hora de que se vaya el calor, vos a mí dame el invierno porque ahí te tapás, en cambio en verano llega un punto que no te podés sacar más cosas”
“Bueno, pero ¿un montón de calor respecto a qué?
“Bueno… Al calor que hacía el otro día. Hace como 32 grados, es un montón.”
“Claro, pero ¿sabías que en el interior del Sol hace 15.000.000°?”
“…”
“En serio, lo acabo de googlear”
“Bueno, pero eso es irrelevante. Porque comparado con un lugar donde hace 15.000.000° bajo cero, hace calor”
“¡Pero mi querido amigo! Esa temperatura no existe. El “cero absoluto”, la temperatura más baja posible de alcanzar por cualquier cuerpo del Universo se calcula en 273° bajo cero, mi querido amigo. ¡Por lo que a ciencia cierta en este momento, querido amigo, estaríamos pasando frío! No, en serio, lo googléé.”
“(Con bronquita) ¿Por qué me decís ‘querido amigo’? No soy tu amigo.”
“Bueno, yo…”
“Y aparte me parece re soverbio (sic) que creas que sabés qué temperatura hace en todo el Universo, como si lo hubieran medido. Dejate de joder. Yo creo que si el Universo es infinito, en algún lugar debe poder hacer infinita baja temperatura. Me parece sentido común básico”
“No, no se puede porque la materia…”
“¡Y dejate de googlear cosas mientras hablamos! ¡Un poco de educación, flaco!”
“Bueno, igual 32 grados no es tanto calor. Mucho calor es 40 grados”
“Para mí sí es mucho calor”
“Para mí no, para mí es ‘bastante’ calor, pero no mucho”
“No, para mí ‘bastante’ calor es 27°”
“No, estás re loco, eso es ‘calor’, así, a secas”
“No, ‘calor’ es 24°”
“¿Quéeeee??? ¿Qué te tomaste? ¡Eso es ‘un poco’ de calor!”
“¡No! ¡No! ¡No! ¡ ‘Un poco’ de calor es 20 grados, eso lo sabe todo el mundo!”
“Nada que ver, eso es ‘agradable’”
“Disculpame, ¿qué mente afiebrada te armó ese escalonamiento? Me parece que me estás cachando o que tenés un problema con el termostato.”
“Bueno, en todo caso estamos de acuerdo en que hace calor, si es bastante, o si es mucho o poco ya es materia de otra polémica”
“Claro, con ese criterio lo importante es que es que hay hambre, no que haya 10 pibes con hambre o 60.000.000.000.000”
“¡Y sí, es así!”
“No, no es así”
“Escuchame, mientras que haya un pibe con hambre, un pibe, un pibe con hambre no podemos bajar los brazos, compañero”
“Bueno, pero ¿qué es mejor? ¿Que haya un pibe con hambre o 60.000.000.000.000?”
“No importa eso, lo que importa es que hay hambre”
“Claro, claro, es la típica de la izquierda infantil histérica que le hace el juego a la derecha”
“Claro, y la tuya es la típica del peronismo que necesita que haya pobres para sostenerse en el Poder”
“(Resoplido)”
“(Resoplido)”
“La verdad que con este calor me dan ganas de sacarme toda la ropa”
“A mí también, y acto seguido de dedicarme a relaciones carnales con mucha saliva y degeneraciones y cosas raras”
“Dale”
Cosas para decir cuando hace calor respecto de la calidad:
“Cuánto calor”
“No, qué calor”
“No, lo correcto es cuánto calor, ¿no, Dr. Gancedo?”
“No, porque el tema no es la cantidad de calor sino que acá tenemos un calor húmedo. El problema es el tipo, la clase, la forma de calor. Por eso ‘qué calor’ es correcto. ‘Qué’ se refiere al tipo de calor, en este caso húmedo y pegajoso”
“Es cierto, si hiciera este mismo calor pero menos húmedo no serúia tan grave”
“Exacto, si fuera un calor seco nos estaríamos cagando de la risa”
“Yo te soy sincero, si fuera un calor seco creo que ni siquiera lo percibiríamos como calor”
“Claro, lo que mata es la humedad”
“Es verdad, es verdad, nada que hacerle, la sabiduría de nuestros abuelos es imbatible”
“Por ejemplo, ¿sabés dónde hace calor seco? En el norte. En el NOA.”
“Sí”
“Y ahí no es tan jodido el calor, sin contar con los bellísimos paisajes que allí se encuentran, y las gemas de la Cultura Santamariana o la Cultura de la Aguada”
“Ah, sí, y el locro”
“Sí”
“¿Sabés dónde hace calor seco también? En el Sur. En el S.”
“Claro, pero en verano”
“Sí, acá también en verano”
“Pero en el Sur hay paisajes nada más. No tienen las gemas de la Cultura Santamariana o la Cultura de la Aguada. Como mucho tienen chocolaterías y casas tirolesas, vistes. Esas cositas nazis.”
“Sí, bah, hay mapuches. De golpe hacen artesanías. Algún tejido, qué se yo”
“Sí, bueno, no es lo mismo”
“No, no es lo mismo”
“Pero volviendo al tema, el calor es seco, no como acá, que salís a la calle y terminás hecho una sopa”
“Sí, el calor acá es húmedo, pegajoso, transpirante, mojado, una baba lúbrica y pantanosa, como la repugnante piel de un batracio o de las criaturas viscosas y ojisaltonas que habitan las profundidades de los pozos de agua abandonados, o los Insondables Abismos de la Imaginación”
“Sí, teminás hecho una sopa”
“Y en el centro es peor, eh, en el centro es más húmedo y pegajoso aún, allí el contacto casual con el prójimo rememora inconscientemente la sensación de introducir la mano en un balde lleno de sapos, almejas y miasmas que se revuelven en una orgía de Pesadilla, en un vórtice de sensaciones putrefactas grabadas enn nuestra psique profunda, desde el tiempo en que el Hombre no era Hombre, sino una primigenia criatura acuática moviéndose por instinto en un Laberinto de frío, oscuridad y miedo, escapando de predadores fluorescentes y pletóricos de dientes para revolcarse –en una brutal ceremonia donde el Asco estaba mucho más presente que el placer- con el prójimo más semejante posible y permitir la supervivencia de la especie; y luego morir dentro de las fauces de un monstruo ciego e idiota. De esos seres que fueran nuestros abuelos hemos heredado los peores demonios del alma humana: la angustia y el sinsentido de la Existencia.”
“Bueno, así y todo la sabiduría de nuestros abuelos era imbatible”
“Y mpas allá de todo, la verdad es que con este calor me dan ganas de sacarme la ropa”
“A mí también, y practicar las ciencias del amor desnfrenadamrente, incluyendo conejismo y mondongofilia. Eso sí, me pondría una franela en la barriga para evitar el ‘efecto sopapita”.
“Dale”
Cosas para decir cuando hace el calor, acerca de la inconveniencia del calor:
“¡Qué calor!”
“Sí, yo incluso diría cuánto calor”
“Yo no me banco el calor, no soy de esa spersonas que les gusta el calor y que andan deseando que haya calor todo el año”
“No, a mí tampoco me gusta el calor, no me lo banco, me re tira abajo el calor”
“A mí dame el frío, la lluvia, una taza de café humeante junto al hogar a leña envuelto en una frazada mientras miro la neblina por la ventana, yo te digo que por mí haría 5 grados todo el año”
“Claro”
“Si tuviera hogar a leña, claro”
“Claro, claro”
“Y ventana, mi depto da al ventiluz, en fin”
“Sí, ya sé”
“Y el café me viene cayendo un poco mal, en fin”
“A mí en cambio dame una temperatura de 172 grados, con los jóvenes de piel calcinada nadando en el asfalto derretido, los animalitos estallando en combustiín espontpanea y lluvias de fuego por las tardes, yo ahí soy feliz”
“Pará, pero, ¿no era que no te bancabas el calor?”
“Y no me lo banco. A mí que haya 30 grados no me gusta, me re tira abajo. Y la humedad. Pero con 172 grados humedad por ejemplo me parece que ya no hay”
“¡Pero 172 grados también es calor!”
“Bueo, para eso cinco grados también es calor. El frío no existe. Lo que existen son diferentes grados de calor (ver párrafo 1). A menos que quieras que haya cero absoluto (Ver Instructivo a)”
“No, no, cero absoluto no quiero, pero tampoco quiero que haya 172 grados, no me gusta tanto calor”
“Es que ahí aparte ya no se llama calor. Sería otra cosa.”
“¿Qué cosa? ¿Cómo se llama?”
“No sé… Supercalor”
“¡Ja, ja, ja! ¿Para eso inventaste una temperatura? ¿‘Supercalor’? ¡Qué nombre más choto!”
“Bueno, por lo menos yo tengo claro que no me gusta el calor. Me gusta el supercalor y actúo –por llamarle de alguna manera- en consecuencia. Vos en cambio decís que te gusta que haga frío y en lo único que pensás es en eliminarlo. Que el hogar a leña, que el café, que la frazada”
“Bueno, es que me gusta el frío para eso. Para abrigarme”
“O sea, te gusta el frío para no tener frío. Para eso que haga calor. Yo con el tema del Supercalor estoy re bien, con los aullidos de los leones salvajes calcinándose, con la evaporación súbita de los mares, con la melodía de las ampollas en la espalda de mis seres queridos estallando todas a la vez”
“¿Sabés que tenés razón? Al final mejor que haga calor, así me ahorro el hogar a leña, la frazada, el café.”
“Sí, y si te unpis a lod el Supercalor en lugar de la neblina por la entana podés mirar el humo de las bibliotecas acercándose a su punto de ignición. Y en vez de café humeante, un vaso de agua humeante, que es la única que va a haber”
“Y en vez de frazada, me saco toda la ropa”
“ Sí, yo también, y nos dedicamos a toda clase de degeneraciones extraídas de Libros Prohibidos e Infernales y les damos un ‘twist’ (con utensilios de cocina), y miramos porno duro en internet a través de las pantallas semi-derretidas de nuestros monitores, con el efecto óptico de que las chicas están horriblemente deformadas”
“Dale”
viernes, 1 de marzo de 2013
¡Lanzan instructivo para hablar del calor!
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