jueves, 7 de marzo de 2013

¿Cómo lo hace?: La “Crítica Zen”


“Aflojá, Morelli”, me dijeron con voz torva y mirada cavernosa tres conocidos “críticos laterales” al verme en la puerta del cine. “Mirá que no nos gusta que nos hagan quedar mal”, me dijo el más amenazador, creyendo que había ido a ver la película. En vano les expliqué que a mí para obligarme a ir al cine me tienen poner una Carta Documento, un Decreto de Necesidad de Urgencia o en su defecto una Asignación Universal por Hijo, y que simplemente había entrado al baño, pero me parece que no me creyeron. En fin, para limpiar mi nombre deberé recurrir a la “Crítica Zen”.



Dice el budismo zen que el Nirvana sólo se alcanza al eliminar toda emoción, pasión y deseo; asimismo, la “Crítica Zen” intenta eliminar todo sentimiento, apasionamiento, opinión, crítica y, en lo posible, información, éste último factor muy fácil de eliminar si uno no tiene puta idea de lo que está hablando.



¿Cómo lo hace? es, entonces, una película ideal para la práctica de la crítica zen, porque si hay una fuente de sufrimiento que estaría feliz por eliminar es el rostro equino de Sarah Jessica Parker. Pero no ahondemos en esto, que lleva al sentimiento, la opinión, el apasionamiento, etc. Baste decir que ¿Cómo lo hace? Es una de esas comedias amables, livianas, pequeñas, que encantará a los fanáticos del género (la comedia amable, liviana, pequeña, etc.) y será detestada por aquellos que lo odien. Al género. Y ya jugándonos de cuerpo entero, diría que le parecerá ni fu ni fa a aquellos a quienes estas películas les parezcan ni fu ni fa. O a la gente que no vaya al cine, o que esté en coma.



La dirección es correcta, lo mismo que las actuaciones, excepto la de Pierce Brosnan, que es adecuada y la de uno de los nenes que es de lo más profesional. Los rubros técnicos, en cambio, están ejecutados competentemente, aunque en una parte se ve un micrófono; lo cual equilibra la balanza como para que no estén efectuados tan tan tan tan tan competentemente. La única crítica que podemos hacer es que las cámaras – le enfocan demasiado la cara a Sarah Jessica Parker, cosa que francamente me revuelve las tripas y me dan ganas de salir a la calle con un taladro eléctrico a practicar trepanaciones, matar, destruir, ¡KILL! ¡KILL! Pará. Respiremos y espiremos. Uno, dos, uno dos. Zen, zen.



La historia, amable, chiquita, pequeña, minúscula, microscópica, molecular, insignificante –pero no tanto, eh, no tanto- cuenta la historia del personaje de Sarah Jessica Parker y aunque esto ya pueda parecer una desgracia espantosa (respirar, espirar, uno, dos, zen, zen) está resuelta razonablemente en una serie de escenas disfrutables, aunque no pasarán a la historia del cine (excepto al capítulo dedicado a películas con actrices de voz gangosa, perdón, perdón, zen, zen). Tal vez si hay algo criticable del guión es que no ahonde demasiado en la psicología de los personajes. Pero por otra parte, tampoco se puede decir que ahonde demasiado poco. ¡Ni siquiera me atrevería a decir que esté en el justo medio exacto calculado con precisión obsesiva y enfermiza de relojero –un relojero apasionado y sanguíneo- entre ahondar poco y ahondar mucho! Está más bien entremedio de ahondar poco y no ahondar ni mucho ni poco. Como en los seis octavos, digamos. Más o menos. Pero no todo el tiempo; en algunas partes de la película está así, y en otras está al revés. Así que te lo equilibra (Ojo, tampoco es de esas películas que tiene tooooooodo equilibrado, no es que el director se re jugó por el equilibrio, como que hizo un Manifiesto Comunista a favor del equilibrio, nada que ver).



Es una película como bien, como más o menos, para ver con una sonrisa en los labios, pero no una sonrisa con las comisuras muy levantadas, una sonrisa que puede ocultar una infelicidad soportable, una angustia cotidiana del Hombre que, sus necesidades satisfechas, algunos placeres también, el fernecito, el partidito de futbolcito, el asadito quincenal, etc., rodeado de sus seres más queridos se pregunta “¿Y esto es todo?” y llora a escondidas. Pero peor es la guerra. O morirse de hambre, o estar casado con Sarah Jessica Parker, qué insufrible que sos, te juro que si no me deprimiera tanto me subiría la presión, pierdo toda la fe, la veo y siento gusto a bilis en la boca, NO TE AGUANTO MÁS, ¡KILL! ¡KILL! Perdón, zen, zen.



En resumen, una película apropiada en su conjunto, para ver si uno está en el plan de verla, por ejemplo. Y después ir a ver un partido de Independiente, escuchar un tema de George Harrison y votar a Hermes Binner.


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