jueves, 14 de marzo de 2013

¡Explican el problema, o uno de los problemas!


El problema –o uno de los problemas- no es que sea facho; nadie esperaba un papa judeo-marxista, masón y pro-aborto, adalid de la educación sexual y el matrimonio igualitario y que además es una mujer lesbiana y feminista y que tiene tres hijos fecundados in vitro que se llaman Lenin, Lihuén y Uma y que se ha unido a un grupo de apóstatas de Facebook y usa remeras del Che y escucha Heavy metal. Es el papa. Ser facho es prácticamente un requisito profesional, lo mismo que ser viejo, hablar en cocoliche y tener moditos de hembra.



No, el problema es que sea argentino: De pronto, somos célebres en el mundo pero por razones no deseadas. Es como si mañana saliera en todos los diarios que un tío tuyo fue nombrado Capo de la Mafia, y encima escucharas gente que sale a festejar a bocinazos y te llama para felicitarte.



Supongo que en una que otra situación puede ser práctico –por ejemplo, telefonazo para que liquiden a un vecino molesto-, pero en líneas generales uno se ve obligado a decir “nooo, es un tío lejano, nada que ver, no lo veo nunca, una vez cada tanto, en Navidad, ponele y ni siquiera, no, no, no, no, no, nononononunununonunununonono”.


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