EL COLECTIVERO DE ANTAÑO era un hombre de dedos grandes y apariencia rústica, un trabajador manual que a pesar de su aparente tosquedad era capaz de realizar, en un solo golpe de codo, un volantazo arrancándole el retrovisor a algún coche confianzudo, un cortamiento de los viejos y multicolores boletos de cinco cifras, la recepción de nuestros mugrosos billetes y –con el par dedos que le sobraban al costadito de la mano-el rejuntamiento de las monedas para el vuelto, previo cálculo mental del mismo. Su contacto con el mundo, con la Tierra, su roce con materiales nobles como el papel, el estaño y el peluche ese con que cubrían el volante era cotidiano y profundo, y podemos imaginarlo practicando el froteurismo con sus cortinillas en zig-zag, sus dados afelpados y la bola de acrílico que a veces recubría la palanca de cambios. Era un Hijo de la Naturaleza en conexión con su entorno y con los seres que lo rodeaban, frente a quienes debía realizar media docena de operaciones simultáneas y al tiempo mantener una conversacion fluida, un ida y vuelta del esquema comunicacional de Jakobson en el que estuvieran incluidos cálculos aritméticos correctos, indicaciones geográficas adecuadas e información precisa que cubriera sección, calle y precio, todo sin desviarse de su recorrido preasignado o matar a alguien, cosa que –admitámoslo- ocurría de vez en cuando. El colectivero de antaño, con su impronta de kiosquero al volante, semejaba al viejo calesitero con su pera de madera y sortija de la Tentación; un artesano embroncado, viviendo los Últimos Tiempos, consciente de que su oficio está siendo absorbido por la vorágine del Progreso, mirando con desconfianza cada pequeña amenaza de amague de insinuación de asomo de sombra de sugerencia de cambio, éste ofreciendo maliciosamente el dulce de la vuelta gratis, aquel fingiendo que el servicio que prestaba era un favor y brindando de vez en cuando el néctar reparador del boleto capicúa. Era el viejo colectivero un coloso urbano, graciosa mezcla de vendedor ambulante y banquero, de repartidor de figuritas y arriero, descortés y al borde del soponcio a veces, pero terrenal y concreto, sus yemas sucias de tinta de boleto, mugre de billete y verdín de cobre.
EL COLECTIVERO DE HOY: ¡Ciencia, Tecnología y Cerebro es la Santísima Trinidad del acarreador urbano del siglo XXI! Rodeado de maquinolas relucientes, botoneras, teclados, pantallas de cristal líquido y luces que hacen “bip”, “bop” y “bubip”, nuestro robótico héroe se encuentra cada vez más arrinconado por la Furia del Progreso, su retaguardia custodiada por la soviética Caja de Pandora conocida como “La Máquina” que aún engulle medievales doblones y escupe papelitos de fax, y ahora rempujado de perfil por las Nintendescas lectoras de tarjeta Sube, sofisticadas contables de cargas virtuales y dinero abstracto. Para ambas tecnologías cuenta con teclados separados e independientes, posibilitando –y por qué no estimulando- la atención simultánea de dos pasajeros, sacudiéndolo a empellones contra las cuerdas de la escisión de la personalidad a menos que desarrolle, como un bandoneonista o una mecanógrafa profesional, una destreza dactilar automática que le permita no estrellarse contra edificios y peatones mientras realiza estas complejas operaciones financieras. Debe entonces el Moderno Motorman procurar que las molestas Unidades de Carbono que lo importunan con preguntas, reclamos, quejas y curiosidades sean lo más insignificantes y no-visibles posible, y solicitar un tercer o un cuarto o por qué no quinto aparato (¡que tal vez lea códigos de barra tatuados en el brazo como quiere la Bestia, o escanee nuestro ADN y nos descuente automáticamente centavos o genes!) que lo aísle por completo del imperfecto mundo de la Carne, la Asimetría y el Pecado, para así concentrarse en la relación íntima con sus nuevas ¿aliadas? ¿compañeras? ¿amantes? de silicón, plástico y circuitos integrados; y entonces digievolucionar en una neo-criatura de pesadilla para poder sobrevivir, en un arrogante “Mano” de Oesterheld, una criatura de mil dedos manejando el “Cronomaster” (¿acaso no es el viaje en el tiempo la próxima frontera que buscarán traspasar los paladines de la UTA?), deslizando sus superpoblados brazos por sobre teclas y botones, practicando caricias y shiatzus, movimientos casi eróticos por sobre la fría botonera, seduciéndolas, integrándose con su corazón de polipropilenatuto, adamantium y tritonio hasta perder su Alma por completo, fundir su carne y huesos con los nanotubos de carbono de los aparatiuquis esos hasta reconfigurar sobre sí mismo aquellas abominaciones biomecánicas de H.R. Giger. Bienvenidos al Futuro. Bienvenidos al Horror.
sábado, 8 de septiembre de 2012
¡Cumbre y contracumbre de colectiverismo!
jueves, 6 de septiembre de 2012
¡Escriben y luego publican bosta!
Año 2086. Fuera, el mundo acaso ha reventado o sigue su marcha, es o un Paraíso o un Infierno de mutantes y nubes tóxicas, pero él no lo sabe, ni le importa. Ya hace tiempo que su vida transcurre en su Matrix personal, hecha de Facebook, Twitter, Chopochopocho y sobre todo, Blog. No recuerda la última vez que habló con un ser humano cara a cara o aunque sea teléfono a teléfono. Su mente, su cuerpo (completamente atrofiado y conectado a cientos de cables) y su espíritu –que, ya sabemos, no existe- están entregados a la actualización cada vez más esporádica de su blog (si entendemos “esporádico” como un gentil eufemismo por “¡Jamás!”).
Hace más de medio siglo que no escribe a diario (¿tal su orgullo en los inicios de su Arte!); sus múltiples obligaciones y la natural decadencia de la raza humana lo han convertido en una máquina de tener intenciones; Intenciones de tener ideas, intenciones de plasmarlas y, por último, intenciones de publicarlas, hecho que se realiza con un botón, pero maldita sea si recuerda cuándo tuvo la oportunidad de accionarlo por última vez. ¿Cinco años? ¿Diez? ¿Veinte? En unprincipio su producción había descendido a la semanalidad; luego a la mensualidad y el trimestre. Una vorágine de espaciamiento se sucedió luego, hasta el día de hoy, en que ya ha dejado de tachar el calendario contando los días desde que empezó a pensar en el tema de su próximo “post”. ¡Y es que prácticamente no hay temática, género, estilo o actividad interactiva que no haya ya agotado! ¡Desde la novela de caballería hasta la diatriba municipal, prácticamente todos los ítems del Saber Humano han pasado por sus dedos y su teclado!
¿Ese es el problema entonces? ¿Teme “repetirse” ¡Nanay! Ya ha repetido hasta la repetición, más de una vez involuntariamente y el resto habiendo perdido todo viso o máscara de vergüenza. No renuncia a repetirse por respeto al lector, que ya ha enviado cartas personales y disclaimers afirmándole que le perdonarán que haga una vez más el chiste del poste telefónico. Lo hace porque ha agotado incluso las instancias de repetición posibles: Se ha repetido tantas veces –las más con una mezcla de desesperación y cinismo protector- que éstas ya no encuentran espacio ni físico ni virtual en el Universo.
¡Ah, pero no renuncia a la tarea! Aún se aferra a la esperanza de que sus empeladores le peguen una purificadora patada en el culo (y la sola y placentera idea lo hace llevarse los dedos al bolsillo, donde conserva el teléfono de su abogada laboral, junto a la que se regodea en la fantasía de los trillones que les tocarán por daños y perjuicios). ¡Pero renunciar, nunca! ¡Es el camino de los débiles, los fracasados y los razonables! ¡Y no ha construido un micro-imperio que se agota en sí mismo apelando a la racionalidad! No, aunque le lleve otro siglo se ha jurado que escribirá otro “post”. Entonces, una sombra, una chispa, algo vagamente parecido a una “idea” toma forma en un rincón oscuro de su encéfalo. Con esta sensación como motor, desesperado (si podemos imaginar a esta letárgica criatura en ese estado) se arrastra, amorfo y con la respiración agitada, más una oruga o una ameba que un escritor, hasta su supercomputadora de 500.000 gigavatios. Estira sus dedos (el sonido de los entumidos huesos al crujir ensordece la cuadra, mientras él se hunde en un subsuelo de dolor), y los acerca, con una lentitud rayana en la inmovilidad, al teclado. Y allí, nada. No, la idea no se le ha escapado. No, tampoco ha decidido que era desechable. Sencillamente, no era una idea. Era un fantasma. Uno de tantos ecos de glorias pasadas, que pasean por los pasillos de su mente como locos en un frenopático, confusos y convencidos de que tienen veinte años y están en otro sitio. Estos fantasmas son frecuentes en su rutina. Lo acosan dos o tres veces al día, obligándolo al triste esfuerzo de arrastramiento infructuoso. No importa, Lo ayudan, por lo menos, a agitar un poco –ya que no a accionar- su circulación sanguínea.
Pasmosamente, del otro lado, en terminales de computadora, oficinas y cybers, existen aún “lectores” y “comentaristas” siguen esperando. Están convencidos, con una fe religiosa llena de fervor e irracionalidad de que el día está por llegar; el día en que el moribundo bloguero vuelva a la carga con sus 2,7 kb de entretenimiento ligero. Preparan sus comentarios, con la benevolencia acostumbrada, arrojando piadosas mentiras sobre sublimidad, risa física y escupimiento de monitores con que en el pasado acariciaban su ego. Y los días pasan, y nada. No es un alegre montón, no. Los sobrevivientes no han de pasar la quincena en cantidad, aunque juntan varios siglos en lo etario. Su estado mental no es mucho más límpido que el de su Mesías, y el paso del tiempo ha hecho estragos en sus cuerpos y rostros, que dicho educadamente podrían ser exhibidos en el Museo de Atrocidades más sórdido y barato de la galaxia. Pero están, están. Y el blogero lo sabe, y el remedo de desesperación y culpa que a veces lo cosquillea ataca de nuevo.
¡Entonces, la medida desesperada! ¿Por qué no escribir acerca de la imposibilidad de escribir? Todos los artistas lo han hecho alguna vez. Los textos sobre bloqueos de escritor o autoconmiseración artística se agolpan en manada en las bibliotecas. En mi opinión deberían estar prohibidos, como no sea en forma de alegoría futurista y semi-poética, ya que es el recurso más al alcance de la mano de un autor. Pero se perdonan. Nadie le dirá nada. ¿Por qué no? Aunque sea para hacer tiempo y despertar simpatías. Ríe de alivio y alegría por haber encontrado esta ingeniosa solución, y su risa se escucha como la tos de un perro, y desde dentro de sus entrañas exhala un polvo maloliente.
Y entonces, recuerda que sus últimos 57 escritos tratan del mismo tema, hasta haber alcanzado la cuota máxima permitida. Y recuerda la primera vez que escribió un “artículo” de esta clase. Un día infausto, que marcó el interminable comienzo del fin, fin que –para peor- aún no se vislumbra. Y llora. Boooo hooo hooo, por baby, boo hoo hooo.
Miren, el blog de Sónoman.
martes, 4 de septiembre de 2012
¡Una buena idea puede destruir el mundo!
“No se les cae una idea”, dice el Segundo Sub-asistente del Dto. de Marketing de tu empresa y con esto el tipo se ganó el día; con esto, ganó un par de días de no hacer nada mientras le tira el fardo a los otros tipos hasta que a estos se les “caiga” una idea.
Y yo pregunto: ¿De dónde salió esta expresión tan horrenda e imbécil? Yo se los voy a revelar: de la gente que no tiene ideas nunca. La prueba está en que este tipo de subhumanos bien vestidos creen que las ideas se “caen”. Que aparecen mágicamente en raptos de inspiración bajo la forma de un Unicornio Fantasma con los cascos llenos de Florecitas Parlantes que te susurran ideas al oído. Sin embargo, los tipos que tienen ideas buenas suelen ser sujetos oscuros, de espaldas encorvadas y expresión agria, que pasan sus días y sus noches encerrados en un cuartito, consultando viejos volúmenes llenos de polvo, lanzando frases inconexas al azar y realizando bocetos en un cuadernito hasta que de todo ese garrapateo estéril surge un susurro, una punta de ovillo, el asomo de un fantasma de espectro de espíritu envuelto en una voluta de humo, que con mucho trabajo, más garrapateo, recursos nobles e impíos, leves dosis de robo y prevaricación puede convertirse en una idea entre chota y burda. Con muuuucha suerte, una menos mala.
El Sub-asistente, entre consulta de Facebook y seteo del Happy Hour de la fecha, ni siquiera llega a ese estadio, y sigue en su halitosa nube de pedos, creyendo que las ideas “se caen” como manzanas o cascaritas de sangre coagulada.
Dicho esto, pasemos a hablar mal de las ideas. Porque en primer lugar, como escuché por ahí, “con una idea no se escribe un libro”. Y en segundo lugar, pocas cosas pueden ser tan dañinas y paralizantes como las ideas. Y convengamos además que no hace falta estar especialmente dotado para tener una idea. Ideas tienen hasta los perros. Por ejemplo, yo tenía un perro que tuvo la idea de cagar en la escalera. Muchas veces la tuvo. Era una idea digamos recurrente, casi una obsesión artística, como la de Borges con los laberintos y la de los creativos de cerveza Quilmes con los lúmpenes de barba candado. Pero una idea al fin.
Pasemos a categorizar los más siniestros tipos de ideas, y cómo combatirlas:
“PIERRE NODOYUNA”: Llamamos así a la buena idea, mal ejecutada, por torpeza, escasa suerte o poca colaboración de nuestro peludo y risueño co-piloto. Es en esta categoría que vemos claramente la enorme distancia entre el universo etéreo y platónico de las ideas y el mundo tosco y mal terminado en el que vivimos, y cuyo representante más acabado somos nosotros mismos.
De un lado, la idea, prístina, pura, brillante e intocable como el legendario diamante Koh-i-noor, ganadora del Oscar, el Nobel y la Cucarda, o de algún premio que combine a estos tres, especialmente inventado para reconocer nuestra obra maestra; del otro, su ejecución torpe, desmañada, incompleta. Está realizada en cartón de caja de pizza, con marcador al agua verde y todos los personajes tienen el mismo nombre porque no se nos ocurrían otros. No está mal, pero tampoco está bien. Pasa sin pena ni gloria y nuestros familiares más queridos la leen con una sonrisa a media asta, y evalúan: “Qué bien que te estés dedicando a lo que te gusta”.
Cómo se arregla: O se pasan años tratando de acercar la ejecución a la idea, cosa que es RE DIFÍCIL, o acercamos la idea a la ejecución; se llama “bajar las pretensiones” y comprendemos que no damos un William Faulkner, pero capaz que arañamos un Sidney Sheldon, lo que no está mal (y, no, tampoco está bien).
“THE UNBORN”: Pariente cercana de Pierre Nodoyuna, “The Unborn” es sencillamente la idea no ejecutada jamás. El motivo es el mismo: la idea es tal vez demasiado buena. Probablemente sea mejor que nosotros mismos y toda nuestra familia y nuestros amigos y nuestro barrio. Y, tal comos si una Raquel Welch de dos metros se nos presentara completamente semidesnuda en nuestros aposentos y dijera “Hazme lo que quieras”, nos paraliza completamente, sin saber ni por dónde empezar; y culminamos fláccidos y en un rincón, en posición fetal, repitiendo una letanía.
Cómo se arregla: Releer “Pierre Nodoyuna”.
LA “IDEA”: Este tipo de ideas revela hasta qué punto ejecutivos, funcionarios, burócratas y contables se han apoderado del mundo. Porque lo que ocurre aquí es que en realidad la “Idea” no se trata de una idea per se, ni nada parecido. Es más bien una expresión de deseos, o la acción de poner guita, o un vapor indefinido ocupando el cráneo de alguien. Pero no es nada ni remotamente parecido a lo que los occidentales entendemos por una idea.
Este tipo de ideas suele ser expresada de este modo: “Tengo una idea: Quiero hacer un policial”. O “Quiero inventar algo que revolucione el mundo de las comunicaciones”. O “Tengo una idea, quiero ganar tres billones de dólares”. Lo que suele seguir a esta tormenta cerebral es que el tipo se pone con unos morlacos (o con un gran poder de persuasión basado en promesas e ilusiones sobre lluvias de dólares, ponele) y obliga a otras personas a tener una o más ideas y si es posible escribirlas y ejecutarlas. Por supuesto, una vez puestas en práctica, el emprendedor de turno pondrá el broche de oro: un cartel bien bien grande, en letras mayúsculas que reza “Idea de Roberto Pappalardo”.
Cómo se arregla: Ganando el Quini o recibiendo una cuantiosa herencia, que permita dejar a los Robertos Pappalardos sin su principal herramienta de confusión. Entonces, podrá ud. mismo ser el que le encarge el trabajito a los demás, mientras se va a cerrar contratos millonarios al Club Med bajo el hechizo de un masaje profesional.
EL “NIÑO PRODIGIO”: La idea es genial. En el papel, la idea es perfecta, no deja resquicios ni abujeros a duda y no entendemos cómo nadie la hizo antes. Como uno de esos niños que leen de corrido a los tres años o tocan el violín a los seis, creemos estar ante una promesa monumental. Lo alimentamos, nutrimos y mandamos a los mejores colegios.
Pero cuando el niño crece no sólo no pasa de ser un adulto que lee de corrido sino que no lo hace tan tan bien (medio que se trabuca cuando aparece un diptongo), y su concierto de violín se tolera sólo cerrando los ojos y recordando lo chuchi que este gordo de barba candado y remera de La Renga era a los tres años.
A diferencia de “Pierre Nodoyuna”, la ejecución ha sido irreprochable. Hemos seguido el esquema inicial milimétricamente, midiendo con regla, sin obviar un solo paso y respetando el Manual. Lo que entonces descubrimos es que la idea no era tan tan tan tan buena. Que la tuvimos una noche de entusiasmo alcohólico, pero evaporados los efluvios mágicos, tras un análisis superficial comprendemos que era una pavada; y por qué, además, nadie la había llevado a cabo. Entre otras cosas, porque además de ser una pavada, es una pavada irredituable, que es peor.
Cómo se arregla: Evitando el alcohol.
LA “IDEA AJENA”: No hace falta explicar demasiado. Puede ser una idea buenísima, pero tiene el defecto de ser de otro. Y ya sabemos que el otro es un estúpido. Ni siquiera hace falta voluntad de plagio para realizar una idea ajena. A veces se trata de una coincidencia fatal, con la desgracia de que el otro –maldito estúpido- coincidió antes. O un residuo que quedó enterrado en nuestro cerebro, muy al fondo y cubierto por capas y capas de sinapsis y falsos recuerdos, y que luego sale a la luz fingiendo que ha sido una idea nuestra, como en la película esa que hicieron ahora (que es una mezcla de “Pierre Nodoyuna” con “El Niño Prodigio”) y de ahí al juicio y el descrédito eterno hay medio paso. En suma, por el sólo hecho de ser ajena, la idea ya pasa a ser inservible. A menos que logremos disimular muy bien este detalle, claro.
Cómo se arregla: No haciendo nada, nunca.
THE SHADOW: Finalmente llegamos a la PEOR IDEA DE TODAS. La idea que puede llevarte al manicomio o a al infierno de la depresión y el caos. Se trata de la idea de que tuviste una idea muy buena, pero no te podés acordar cuál es. Aparentemente esta idea la tuviste el otro día, en el colectivo, o ayer antes de dormir, o tal vez en un sueño o mientras tenías una conversación muy íntima con otra persona y no podías decir “che, bancame que anoto algo que se me ocurrió mientras vos movías los labios haciendo ruidos”. Esto no sería grave si automáticamente nos olvidáramos de que la tuvimos. Pero no. Queda una especie de archivo temporal que se limita a informarnos que tuvimos una idea buenísima, pero ay, ay, ay, los detalles, digamos, el cuerpo, el meollo, el contenido de la misma, no, no, no, no te puedo decir. No está. No sé, ya va a venir.
Pero “The Shadow” no vuelve a presentarse con el rostro desembozado jamás; y enloquecemos tratando de recordar los detalles, o alguna puntita de donde desenroscarla y sentimos un cosquilleo en los dientes. Luego viene la segunda etapa de la enfermedad: la duda acerca de si “The Shadow” existió o fue sólo una ilusión o un dejá vu al revés. Pero no nos resignamos y pasamos una tarde horrible, rebotando entre los intentos de recuperarla y el esfuerzo de desecharla para siempre. Por suerte después uno se olvida hasta de que se olvidó; incluso cuando James Cameron tiene tu misma idea cinco años más tarde y se hace aún más multimillonario de lo que es. El Dr. Tiempo, ese Psiquiatra piadoso e impecable.
Cómo se arregla: Ya te dije el otro día: Hay que anotar, siempre hay que anotar. O no tener ideas, cosa que tampoco es tan difícil.
domingo, 2 de septiembre de 2012
¡Taller Literario: Los Registros del Habla!
Me reclaman que no di dos o tres clases del Taller Literario, o cuatro o cinco, el número no importa, no vamos a convertirnos en esclavos del frío número y al parecer ya me habían pagado la platita, no sé, eso dicen ellos, no me voy a poner a discutir ni pichulear -tampoco me llamo cinco luquitas per cápita- así que para compensar les tiro un regalito.
Viste que cuando escribís una novela, o una película, o un manual de instrucciones o un Twitter, tenés que ocuparte de que no todos los personajes hablen igual. Cosa que es DIFICILÍSIMA, porque después de meter un gangoso, un tartamudo y un gallego ya como que las formas de hablar se te empiezan a agotar. Y cuando ves que todos los personajes, desde el Emperador Oriental a la huerfanita que vende flores terminan el 99 % de sus frases diciendo “¿nocierto, jefe?” es como que no queda bien. No queda bien.
Por eso, el Taller Literario de Yo contra el Mundo regala en esta ocasión, para usar en tu novela, guión o manual de instrucciones, nada menos que TRES (¡3!) FORMAS DE HABLAR DIFERENTES, para que puedan caracterizar con un mínimo de gracia a tus personajes. De nada.
UN TIPO MUY AUTORREFERENCIAL QUE TODO EL TIEMPO HACE DIGRESIONES SOBRE COSAS QUE HA HECHO EN TAL O CUAL MOMENTO:
“Mirá, yo de este tema de los impuestos aduaneros algo sé –porque yo alguna vez fui a la Aduana para hacer unos trámites- y te puedo explicar un poco de qué se trata –porque yo siempre he tenido interés en explicarle las cosas a los jóvenes, no te olvides que yo alguna vez fui a dar una charla sobre mi trabajo –armo esos perritos que mueven la cabeza- al jardín de infantes de mi hija- y lo que se puede decir es que acá –porque a mí lo que más me importa es el aquí y ahora, no me parece que haya que estar mirando el futuro con la nuca, como dicen, y siempre he actuado en consecuencia- las cosas no están claras –y yo siempre en mi vida he tratado de tener las cosas claras aunque en este país parece que tener las cosas claras fuera un crimen-, para empezar no está muy claro el tema de los impuestos aduaneros –y yo a lo largo de mi vida te puedo decir que si algo hay que tener claro es el pago de los impuestos –porque yo si hay algo de lo que me enorgullezco es de nunca haber dejado de pagar los impuestos- y no es que yo sea un potentado -aunque si hubiera querido yo hoy sería multimillonario- y al no estar claro este tema –y te aclaro que de haber sido multimillonario hubiera seguido pagando los impuestos, no como más de alguno que yo conozco –entonces se hace muy difícil entenderlo –aunque yo en mi vida siempre antes de hablar de cualquier cosa he procurado enterarme y estudiar el tema –porque vivimos en un país donde cualquiera opina sobre cualquier cosa- y si no sé de un tema prefiero cerrar la boca, que no cuesta nada –y además, de ser multimillonario el único lujo que me habría dado es comprarme un flipper. ¿Entendés cómo es la cosa?”
UN TIPO QUE HABLA CON PEQUEÑAS DEFORMACIONES LUNFARDAS DE PALABRITAS HASTA QUE NO SE LE ENTIENDE UNA GOMA:
“Hola, ¿qué me contursi? ¿Qué talco? ¿Viento? Vengo de comprarme un tragedia, me aprieta un poco en las bolivianas pero me hicieron un diego de descuento. Y, sí, no tuve que poner mucha guitarra, me salió tovarich, lo que pasa es que tengo un casuario el sabatino y tengo que estar a tonelli, a ver si conozco una minaverry y después la invictus a tomate cherry un vinazzi en algún caferatta del Bajel, hace tempura que no salgán-de lío con una chicago y ya me ciento un dálmatas medio solari irigoyen, para mí con una minimercado, una boticceli de whiskas y un tango & cash soy felicioni, no precioso much music massacessis cosacos. Soya un tipografía de gustavos ceratis simple minds. Me criadillas en un barrilete de amadeo genta noblex, de almorrana purina, que te da la manu ginóbili sin pedrazzini nadia komanechi.”
UN CAMPESINO DEL SUR NORTEAMERICANO QUE HACE TODO EL TIEMPO COMPARACIONES CON COSAS DE CAMPESINO:
“Sí, señor, la vida en las montañas es dura, dura como la carne de un viejo mapache poco cocido. Pero sólo aquí se respira aire puro, puro como el orín de un cerdo alimentado a manzanas maduras, maduras como una mula a punto de jubilarse, si señor. Y sólo aquí tus hijos se quedan junto a ti hasta que estás bien muerto, muerto como un aligátor recién desollado para sumarlo a la parrillada caliente, caliente como una gata montesa viuda. Y la vida pasa lentamente, lenta como una serpiente cascabel vieja, vieja como una cabra montesa sin dientes, sin dientes como un tenedor de latón que ha atravesado demasiados filetes de aligátor demasiado cocidos, demasiado cocido como el huevo de una gallina adolescente. No, no, no, señor, no me quejo, aunque alguna vez me hubiera complacido conocer aquello que los citadinos llaman mar. Dicen que es enorme, enorme como la vejiga de un cerdo alimentado a cerveza, cerveza como una botella de sidra añejada demasiado tiempo, demasiado tiempo como el que se necesita para hervir un escabeche de nutria raquítica, raquítica como un aligátor criado a heno amarillo, amarillo como la clara del huevo de una gallina con temblores, sí señor. Y también me hubiera gustado comer una pizza, dicen que es redonda, sí, redonda como los testículos de un cerdo famélico, famélico como un sabueso abandonado por comerse a tu primogénito un día de verano. Y dicen que tiene aceitunas ovaladas, ovaladas como los ovarios de una lechuza bien alimentada, señor. Así es, señor.”
sábado, 1 de septiembre de 2012
¡Enciclopedia de la explicación marciana 1: La Ironía!
¡Salud, benévolos VISITANTES EXTRAPLANETARIOS del planeta Erks! Mi planeta me ha enviado a mí como representante de la Humanidad Toda, pues poseo una fuerte personalidad. Y soy de lo más presentable a nivel estético (debo estar entre los 150 más presentables, no muy lejos de Megan Fox).
Mi Misión será explicárosles algunas cosas raras y específicas de la idiosincrasia Terrícola, para evitar problemas de comunicación; y a cambio de esta FUENTE ENERGÉTICA DE CONOCIMIENTO, nos proporcionaréis algunos de vuestros adekantos tecnloógicos para limpiar nuestros ríos, purificar nuestro aire y la realización de la papadoplastia incruenta.
El tema de hoy es una “cosa” utilizada mucho en nuestra civilización llamada “ironía”, que sirve para salpimentar nuestra comunicación y provocar algunos malentendidos.
La “Ironía”, oh, sabihondos y todopoderosos Huéspedes de Allende las Estrellas, consiste en decir una cosa pero al revés. ¿Entendés? Como que yo, queriendo decir “blanco”,diga “negro”. Por ejemplo, veo un auto blanco y, en vez de decir “ah, un auto blanco”, digo (con una entonación especial, conocida como “tono irónico”) “Ahhhh, pero qué auto neeegro”. No sé si se entendió.
¡Ah! Percibo, Benéficos Convidados de la Extrema Galaxia, por sus miradas vacías y elocuentes silencios, que os habéis quedado como medio en ayunas. Pará. A ver si lo explico mejor. Ponele que sos medio boludo. No, vos no, es un ejemplo. Entonces, en vez de decirte “boludo”, te digo “ah, sos re inteligente”. O “Uh, pero este pibe es un bocho”. O –ponele- “Pará de pensar, cráneo”. Cosas así, Como diciendo que es inteligente, pero queriendo decir que no. ¿Cómo? No, no, no es inteligente. El pibe. Es tonto, por eso, para decir que es tonto digo que es inteligente. En eso consiste la “iron…” Pará. O sea, si fuera tonto y le dijera que es tonto, no sería “irónico”, sería normal. ¡Y no importa si es tonto o no es tonto! Es un ejemplo. No, no, no me están entendiendo. Y paren de discutir ustedes en Erkiano que no entiendo nada. ¡Préstenme atención, por favor!
Pará, a ver, al revés, por ejemplo, un tipo es re inteligente, y yo se lo quiero decir. Pero para no quedar como un meloso, como un chupamedias, agarro y le digo, “ah, siempre tan tontito”. Es como una ironía cariños… No, en este caso es inteligente el tipo. O la mina. El tipo o la mina, es indistinto. Por eso le digo que es tonto. ¿Qué? ¡Pero no, no lo estoy insultando! Es al revés. Siempre se tiene que entender al revés. Bueno, siempre no, sino cuando uno utiliza la ironía, esta colorida y pintoresca técnica de comunicación terríc… Pará.
¿Qué por qué no hablamos al derecho? Bueno, bueno. Es largo. Porque se supone que una persona con cierto nivel social, cultural, con cierto nivel de civilización tiene que utilizar el lenguaje de un modo más sofisticado. O sea, no somos cavernícolas, me parece, ¿no? No, no, no estoy diciendo que sí seamos cavernícolas. Ahora no estoy usando la ironía, estoy diciendo de verdad que no somos cavernícolas, estoy transmitiendo la información pura y dura, la data básica, bruta, incuestionable y sin doble interpretación de que definitivamente no somos cavernícolas. Ponele, un cavernícola, Beatíficos Peregrinos del Infinito, cuando se comía un mamut, decía, “mmm, qué rico está este mamut”. Y efectivamente está rico. Hoy por hoy, el hombre civilizado, el hombre de las ciudades de rascacielos de cristal y “jets” supersónicos de hoy, diría “ah, pero esto está horrible”. ¿Eh? ¡No, no, el chef no se ofende, porque está entendiendo que es una ironía positiva! Salvo que no la haya entendido, que también pasa, y entonces tiene que explicar que era “una ironía” o que era “un chiste”, y entonces el tipo se queda mirando serio y lanza a su vez él una risa medio poco covencida, como una “risa irónica” y se produce un momento incomodísimo y es como que la ironía salió mal, salió estropeada. Esta técnica puede producir un sinnúmero de deliciosos equívocos.
No se entendió. A ver. Vamos a empezar de nuevo. Ponele que yo estoy explicando algo, le estoy explicando algo a un Bondadoso Viajero de los Confines del Cosmos y el tipo no entiende, y me mira así con cara de vaca viendo pasar el tren. Entonces, medio como para suavizar, para meterle un poco de humor a esta situación tan irritante agarro y digo “ah, son una luz”. ¿Cómo? No, no lo digo porque ustedes, Omniscientes Caminantes de Más Allá de la Vía Láctea tengan cuerpos entretejidos por deslumbrantes fibras de Luz Divina. No, digo que es como que les cuesta entender las cosas así a la primera. O sea, yo creo que son inteligentes, pero les cuesta, como que hay que masticárselas bastante, como que hay que machacar un poco hasta que les entra en la cabecita. Porque yo sé que son inteligentes, en serio, no crean que…
¿Eh? Nononono, en ningún momento dije que fueran estúpidos, no, dije que eran inteligentes. Lo acabo de decir. ¡Y lo dije en serio! No, no era la “cosa de la ironía esa”, no, lo digo denserio, por favor, pará, bajá eso, plis no me apuntéis con esos pseudópodos fluorescentes que disparan aguijones de láser venenoso, ¡en serio! ¡Pará!
(Completamente transpirado) Bueno, ¿ven? Esos son los problemas con el temita ese de lo que llamamos “ironía”. Se producen estos malentendidos. ¡Por suerte, oh, Sagrados Turistas del Espacio Sideral, poseen ustedes una paciencia infinita!
¿Eh? No, no, no, no no volví a usar la ironía, en serio, creo que ustedes tienen una paciencia infinita ¡Pero no! Aparte no siempre sireve para decir que el otro “es tonto”, para nada, aparte para decir que son tontos debería decir que son inteligentes. ¡No, pero sí, son, son inteligentes, son un bocho! ¡No!!! ¡Lo digo en serio! ¡Pará, no me apuntéis! ¡Sacá! ¡Sacá! ¡No me disparéis! ¿Eh? No, no dije “no me disparéis” irónicament… ¡SHAZAM! Piuuuuuuu
miércoles, 29 de agosto de 2012
¡Turristo estränsheiro proshecta lo Murópolis!
Escribe Shörgen Dos Llobregätten
Turristo Estränsheiro
estochoripansitonotienenideadeniente@gmail.com
Ja-lowwwn, ja-lowwwn. Shastá, shá volveim. Esztive mitte desaparecíf arranjando negós nalla mio paese, parra provetchaire circunstanzys canviarys dello goberno choripansito. Maku: Agarro et con motíf de mi viagem konpro dolaritches allo prezio Central Bank. Viajjo, et ashá non tenho gasts, perche “paro” nella housen de mis parrents (espektakölaren manzion de dichisette anbyénts wis piletta climatizadd; asha Estado do Vienn-Star –todavvia hayga- regala manzions allos jubiláts comment si foram caramels). Apart, non gasto nientye de pasáj perche me conseguíf karrgo do diputás nello Kongrés de mon paese (tenho primo en la vicekámara et me correspónd un “accomodo” por anho, por lucken ashá la korrupzionen sta reglamentada y blankettada, non comments “paisitos” subdesarrollatten), assim che tenho un “plus” por “desarráigh”. Maku, els dolaritches non gasto (appart asha niente t’agarra dolaritches, se les konsiderrr una monét de kuartamm) et kuand volto vendo dolaritches at, non sei, vingte, trynta peso each one.
Et kon issa platann (dedusít gastos personalls de beouf de chóris, fellätzy, etc.) sto pensánd nunno emprendimént turristico. Et tuffe onna idée genialem: ¡Um “tour” par los grandes “mürs” dalla Buennos Ayrres et alrededórs!
Viss-te que faz ums anhos salió um mür nello San Fernando dell’orto, bon, agora salieu um novvo, en altro abuggero inmónd che se chiama “Quilmeis” (Kapitall Nazional dello Golden Venenno). Sho digo: Voy, les tiro ums dolaritchos et seggur che isses mortos de jámbre me lo tiran pur la cabés y jásta capás posso pedir algún fellätzy de “shapa”, comment dis usteides.
Par la pront fiz umma brevve lista de mürs jistórics choripansits:
-El Mür kontram la inseguritat dello San Fernando dell’orto
-El Mür kontram la inseguritat dello Quilmeis dels colhjones.
-El Mür nella “Ruta Dois” al lado do santuario dels Rodrigo, para evvitar que choripansitos “boludos” cruzeim la ruta para deishar ofrendas et sejam aniqiláts por kamionns.
-El Mür dello cementeryy della Chacarít, che non sei parra che se lo onhen, si de jái non se va scapare niente, et non credo que venhan “profanators de tombs”, si jái enerram solo choripansito povvre.
-La seguidísh de Mürs nella costa della Zona North, fur proteggerem la propietát privatta kosterr de los cluvves náuticos para “garcas” dello San Yssidr.
-El Mür de valhas protekrorrs dellant dello Casa Rosát.
-El Múr de reixas que protésh l’Ovvelisc, unnicco mótif per lo kuallo aún non jái sido dinnamitad por els poccos choripansits civilisáts che devven jáber n’alguna part.
-El Mür allambratto che roddea arbolíts en la cashe allo costado dello tren nella Agronommia (¿Che pasa, agronnomes, teim miedo che les venham a rovvare els arbolits?)
-El Mür della Carsels da Caseiros, che agora sha no funcam für che la shente salga sino für els “homelss” entreim. (Questo é veriddico, inclús jái guardias armáts wis isse objectíf!)
-Els Mürs metálics provissorys che ponhe Macrri quando se le cae um edifís et tenhe que arreglarem la “cagadda”.
-Els Mürs enrejáts che ponhe Macrri alredettore de statues. Che tá beim, sho sha seim che “pivve chorro” choripansít est capás de tutto (¡l’otro diamm me chafarem blíster de pastishits recreatifs!), pero deixame deshóder, si aunque seja huveire algumma statue dinnha de chafarsime non te digo, um Berninne, um Michelangelem, um Rodinno, mais mirá si se vaim a rovvare l’avvort esse del Quijote. In feim.
Et fur últimm, lo postre: Umma instalazione facta con 45.0000.000 bishéts representánd a unno choripansito che se queddo seim plata, así, moltcho conmmovetor, wis cara de tristten y con los bolsísh dello pantalon parra afuér, en memorian della plata que els choripansitos le regalaram a lo Rósher Waters quando veim a fáser “The Wall”. Um pocco para che lo tour non seja un “bajón” et entendams que els mürs non sólo divviden la Sochietá, sino che tambeím possen traere la riqués et lo progrés echonimic, nesto cas la riqués et lo progrés echonomic dello Roger Waters.
If someone si “coppa” asochiándose wis le proshéct, sono tutto oidos, lo único che non si negossie est la “Cláusula della Fellätzy” che prefirro esplicaro personalment.